AMELIA
Entró por las enormes puertas de la universidad agarrando mi mochila con fuerza junto a mis dos mejores amigas.
— no me creo que ya estemos en la universidad— murmura vivían mirando a todos lados—.
—esto es como un sueño…— dijo Valeria—.
Avanzamos unos pasos más, mirando a todos lados y nos detenemos junto a un panel enorme lleno de horarios y flechas que se cruzaban entre sí.
—Vale… —dijo Vivían, señalando un lugar en el panel—. Derecho es en el edificio C. Tengo que irme por allí.
—Y yo en el A —añadió Valeria—. Criminología, claro, lo más lejos posible —dijo con sarcasmo—.
—Pues la mía está en el B. Perfecto, nos repartiremos por toda la universidad el primer día —respondí, suspirando.
Vivian se acercó y nos dio un abrazo rápido, riendo suavemente
—Luego nos vemos y me contáis qué tal, ¿vale?
—Sí, luego os escribo para encontrarnos en la cafetería —dijo Valeria—.
Me despido de ellas y me quedé sola en mitad del pasillo mirándolas irse, suspiro y subo las escaleras. Al llegar al segundo piso, busco el número del aula hasta que por fin encuentro la B-43.
Entro al aula donde veo que está casi llena, camino buscando un sitio libre, hasta que veo dos sitios vacíos
Me siento en uno de los sitios y entra el profesor donde enseguida todos nos presentamos y él nos explica cómo serán las clases, los horarios y la forma de evaluar.
—También algunos de vosotros en optativas —dice, repasándonos con la mirada— compartireis clases con tercero
Algunos intercambian miradas rapidamente sorprendidos.
El profesor continúa hablando unos minutos más, resolviendo dudas rápidas y marcando los horarios, hasta que finalmente cierra la carpeta.
—Bien, eso es todo por hoy. Cada uno tiene su optativa, así que ya podéis ir a las aulas que os correspondan.
Salgo del salón junto a los demás que van a las mismas optativas que yo y entramos al aula B-34. Es un poco más pequeña que la anterior, pero igual de luminosa. Camino entre las filas y me siento en uno de los asientos del centro, lo suficientemente lejos de la puerta como para no llamar la atención. Dejo la mochila en el suelo y sacó el cuaderno.
Poco a poco el aula se va llenando de alumnos que supongo que serán los de tercero y, justo cuando empiezo a repasar el horario en el móvil, la puerta se abre de nuevo. Entran varios estudiantes más, hablando entre ellos y entonces lo veo.
Caden cruza el umbral sin prisa. Lleva la mochila colgada de un hombro y una expresión tranquila, casi distraída. No mira alrededor; simplemente avanza y se sienta unas filas más adelante
Aprieto el bolígrafo entre los dedos y bajó la mirada al cuaderno fingiendo concentración en una hoja en blanco.
¿En serio? ¿Justo me toca compartir clase con él? Dos años sin verlo y ahora resulta que el universo decide que me lo ponga frente a mí, en la misma aula. Y claro, él tenía que estar en tercero de Economía. Genial, la vida me sonríe… o se está riendo directamente en mi cara.
Respiro hondo y trato de concentrarme en el cuaderno mientras el profesor empieza a hablar sobre los objetivos de la asignatura. Intento mirar hacia el profesor pero no puedo evitar mirar de vez en cuando hacia Caden. Él está sentado un par de filas más adelante, cruzado de brazos, con la mirada fija en la pizarra.
—Bien, ¿alguien puede dar un ejemplo de cómo la motivación influye en la toma de decisiones?—pregunta el profesor—.
Se hace un silencio y antes de que yo tenga tiempo de pensar, Caden responde:
—Por ejemplo, si alguien recibe una recompensa por hacer algo, es más probable que lo haga; y si hay un castigo, probablemente lo evite.
Asiento mentalmente pero no puedo evitar fruncir el ceño
—No es del todo asi.— suelto yo, mirándolo, pero él ni me mira—. A veces la gente hace cosas solo porque quiere, no siempre por lo que recibe o pierde.
Caden gira un poco la cabeza hacia mí, frunce levemente el ceño y dice con calma:
—depende de cómo definas “querer”
Antes de que pueda replicarle, el profesor interviene:
—Correcto, ambos enfoques son válidos —dice, señalando la pizarra—. Tanto la motivación intrínseca, la que viene de los deseos personales, como la extrínseca, ligada a recompensas o castigos, influyen en las decisiones. Es importante tener en cuenta los dos puntos de vista
Suelto un suspiro de satisfacción mientras asiento con la cabeza, convencida de haber dejado claro mi punto. Entonces veo como Caden gira apenas la cabeza y me mirada con ¿Desafío? ¿Irritación? No estoy segura, pero hay algo en su mirada que me eriza la piel y me acelera un poco el pulso. Lo observo durante unos minutos más, sintiendo esa mezcla de tensión, hasta que finalmente ambos dejamos de mirarnos y nos concentramos en la clase.