No todo es casualidad

Capitulo 2

AMELIA

Salgo de clases y mandó un mensaje por el grupo que tengo con Vivian y Valeria

Amelia: —Chicas, ¿dónde están?

Valeria: —Yo estoy ya aquí

Vivian: —Yo estoy perdida… otra vez. Creo que giré en el pasillo equivocado

Valeria:— Como no, tu siempre estas perdida, tranquila solo gira hacia unas escaleras y bajalas hasta que llegues al final, luego ve por la derecha y hay esta la cafeteria

Amelia: — Bien entonces nos vemos yo ya estoy en la puerta

Valeria:— Vale pues ahora nos vemos

Pasa unos minutos y por fin Vivian entra a la cafeteria sentándose junto a nosotras

—Por fin las encuentro —dijo, dejando caer su mochila con un suspiro de alivio

— Menos mal que llegas, pensaba que te habías perdido otra vez— digo bebiendo un sorbo de mi café—.

— Aquí hay muchos pasillos parece un laberinto sin salida— añade Vivian quejándose—.

Valeria y yo nos reimos mientras le damos su café a Vivian

—y bien cómo os fue? —pregunta Vivian—.

— Bien, el profesor no está tan mal como me lo esperaba y también ya conocí a una chica—dijo Valeria con tranquilidad—.

— Pues yo tuve optativas y adivinad con quién estoy…— digo soltando un suspiro—.

— ¿Con quien?— pregunta Vivian con curiosidad dejando de beber su café—.

— Con Caden

Al decir eso, Valeria se ahoga con el café y tose agitando las manos mientras trata de recuperar el aliento.

—¿Cómo… cómo es posible que tú… con él?— dijo ella sorprendida—.

— Yo tampoco sé cómo es posible. Mi profesor dijo que compartiamos clase con algunos de tercero en las optativas y por lo visto Caden está en tercero

Ambas se miran entre sí con la boca abierta y entonces empiezan a lanzarme un sin fin de preguntas a las cuales me veo obligada a responder una a una.

—¿Y entonces… cómo pasó? —pregunta Valeria, apoyándose en la mesa con los codos.

—¿Te sentaste a su lado? —agrega Vivian, inclinándose hacia mí con los ojos muy abiertos.

—y qué hiciste cuando te miro? —interrumpe Valeria, emocionada

Sus preguntas se amontonan, y yo solo puedo asentir o responder con un “sí” o un “no”, intentando mantener el ritmo mientras ellas se emocionan cada vez más. Me siento como si estuviera siendo interrogada por un jurado improvisado, y mientras contesto, noto que la cafetería comienza a llenarse de más estudiantes.

—¡Oigan! —gritó alguien desde una mesa cercana, levantando la voz por encima del bullicio—. ¡Mañana es el primer partido del campus! ¡No se les olvide!

Un murmullo de emoción recorre la cafetería; algunos empiezan a mirar los horarios en el teléfono, otros comentan animadamente sobre los equipos y apuestas amistosas. Mis amigas gritan entre risas y emoción:

—¡Tenemos que ir!— dijo Vivian—.
—¡Sí, yo quiero ver quién juega!—añade Valeria rapidamente—.

— chicas sabeis que no me da mucha gracia los partidos, seguro que todas las gradas se llenaran y me agobia tanta gente.

Vivian rueda los ojos y se acerca un poco, con esa sonrisa persuasiva que ya conozco.
—Vamos, Amelia, no pasará nada. Solo vamos a mirar, reírnos un rato y… —me da un codazo leve— a pasárnoslo bien

Valeria se une, poniendo cara de “no hay discusión posible”.
—Además, si no vamos, nos perderemos todo el drama. ¡Y tambien es nuestro primer año! no aceptaré un no por respuesta, iremos.

—Está bien, está bien —digo finalmente, suspirando—. Pero no me quedaré por mucho rato.

Ellas sonríen triunfantes, chocando las manos, y yo no puedo evitar sonreír también.




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