No todo es casualidad

Capitulo 4

AMELIA

—Mamá, estoy bien.

digo preparando la mochila mientras sostengo el teléfono entre el hombro y la oreja.

—Eso lo dices muy rápido— responde ella al otro lado de la linea—.

—Porque es verdad

—Ajá. ¿Has comido?

—Sí.

—¿Comida de verdad o solo un café como siempre?

Suspiro.

—Comida de verdad.

—¿Y nadie sospechoso te ha seguido?

—Estoy en la universidad, no en una serie de crímenes.

—Los crímenes pasan en la universidad también.

No puedo evitar reírme.

—No me va a pasar nada— le aseguró—.

—Eso espero. Porque si no te juro que voy a esa ciudad y te traigo yo misma de vuelta

Sonrió

— Mama de verdad te juro que estoy bien y también estoy comiendo bien

—Esta bien si tu lo dices, pero no me quedaré tranquila hasta que no te vea

— Te llamaré cuando salga de la universidad, ahora tengo que irme llego tarde— le respondó rapidamente poniendome la chaqueta—.

—Está bien cariño, Te quiero y no te olvides de llamarme cuando regreses

—Yo más. Y no me olvidaré— digo y cuelgo la llamada—.

Terminó de ponerme la chaqueta y me cuelgo la mochila saliendo a toda prisa del piso, abro la puerta del coche y voy a la universidad.

Mi madre a veces puede ser muy sobreprotectora conmigo. Y ahora más que estoy en la otra punta del mundo para estudiar… pero la entiendo, sigue viéndome como si tuviera diez años y necesitará que me ate los cordones.

Siempre ha sido así.

Si tardo cinco minutos en contestar un mensaje, ya se imagina que me he perdido, que me he desmayado en mitad de la calle o que me han secuestrado. Y aunque a veces me agobie… En el fondo me tranquiliza saber que, pase lo que pase, hay alguien al otro lado dispuesto a cruzar medio planeta solo para asegurarse de que estoy bien.

Llegó a la universidad donde enseguida veo a miles de estudiantes corriendo hacia el campus.

Se me olvidaba que hoy era el partido

Vivian, Valeria y Liam me agarran y me empujan rápidamente junto a los demás hacia el campus

—¡Llegas tarde Amelia! casi nos perdemos el partido— dijo Vivian—.

— Me quedé dormida, y también se me olvidó que hoy era

Me siguen agarrando y corremos hasta que finalmente entre tanta gente logramos sentarnos en las gradas, donde enseguida empiezan a aparecer los dos equipos rivales.

Me doy la vuelta hacia Vivian y Valeria y frunzo el ceño al ver a Liam

—¿Y tú qué haces aquí? —le pregunto, cruzándome de brazos.

—Vivian me habló del partido. Y, obviamente, no iba a perderme ninguno —responde con calma, sin dejar de mirar hacia los equipos en el campo.

Entorno los ojos.

—¿O es que no querías que vivían estuviera rodeada de muchos chicos mirandola?

Lo observo con una sonrisa ladeada, divertida, esperando su reacción.

—Ambas —contesta sin dudar.

Sonrió un poco ante su respuesta y vuelvo mi atención hacia los equipos.

Los jugadores ya están colocándose en el campo. Entre ellos distingo a Caden, moviéndose con esa seguridad tranquila que es tan natural en él. Habla algo con uno de sus compañeros y luego se coloca en su posición, concentrado.

Me quedo mirándolo, intentando no ser demasiado evidente.

Finjo que observó al equipo completo, pero mis ojos siempre regresan a él. A la forma en que se coloca, a cómo se inclina ligeramente antes de recibir el balón, a la concentración que se le marca en el rostro.

Caden tiene el cabello castaño claro, ligeramente ondulado. Con el movimiento del partido, algunos mechones le caen sobre la frente, sus ojos permanecen fijos en el juego, atentos a cada movimiento.

La línea de su mandíbula se tensa cada vez que aprieta los dientes. El sol le marca los pómulos y el brillo del sudor le recorre el cuello, perdiéndose bajo el cuello de la camiseta.

Cuando corre hacia el centro del campo, lo sigo con la mirada sin darme cuenta. Solo reaccionó cuando alguien a mi lado grita y me obligó a apartar la mirada rápidamente de el.

Después de casi 2 horas viendo el partido finalmente el silbato suena y las gradas estallan en gritos, abrazos y risas al saber que el equipo de Caden una vez más ha ganado. Yo me quedo un momento observando, aplaudiendo con una sonrisa mientras ellos celebran, pero mi atención sigue atrapada en Caden, que se abraza con sus compañeros y ríe sin preocuparse por nada más.

— Necesito ir al baño, ahora regresó— le digo a Vivian y salgo de las gradas dirigiendome hacia los baños y al meterme en uno, enseguida me doy cuenta de que algo no está bien. El olor es distinto

Miro alrededor y mi corazón se detiene.

Estoy en el baño de hombres.

Esto no puede ser.

Salgo del baño roja como un tomate, todavía sintiendo el calor subir por mis mejillas. Empujo la puerta con más fuerza de la necesaria y Choco contra algo duro. Muy duro

Retrocedo tambaleándome, a punto de perder el equilibrio, y unas manos firmes me sujetan por la cintura antes de caer al suelo.

Levanto la mirada, preparada para disculparme con quien sea y entonces lo veo.

Caden.

Por supuesto que es Caden.

Trago saliva.

Esto no puede estar pasando.

Su pecho sigue justo frente a mi. Claro que tenía que ser él. No podía ser cualquier persona normal y corriente. No. Tenía que ser Caden.




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