No todo es casualidad

Capitulo 5

AMELIA

Me alejo rápidamente de él avergonzada y trato de irme pero él me impide el paso.

—¿Qué haces aquí? —pregunta con el ceño fruncido.
—Nada que te importe —respondo, tratando de irme, pero se interpone de nuevo.
—¿Desde cuándo te metes en los baños de hombres?

Lo miro, sorprendida, y siento cómo la rabia se acumula dentro de mí.
—¿Qué estás insinuando? —digo, dando un paso hacia él, enfadada—.

Caden no se mueve; al contrario, se inclina un poco hacia mí.

—Te gusta invadir el espacio de los hombres, o solo quieres atencion?

Siento cómo la sangre me hierve.
—Eres un idiota —respondo, apretando los dientes.

—Respóndeme.

—No es nada de eso.—digo, clavándole el dedo en el pecho—. Y si me metí en el baño fue porque me equivoque, no porque sea una pervertida

Caden ladea la cabeza, con una sonrisa burlona

—¿Te equivocaste? —dice, soltando una risa baja—. ¿También te confundes cuando cruzas la calle o solo con los baños de hombres?

Siento como me pongo aun mas roja de la vergüenza y abro la boca para decir algo pero no logro soltar nada y eso hace que Caden sonría más

—Idiota — logro decir finalmente y le doy un codazo con fuerza saliendo del baño—.

Al salir lo escucho reír y eso hace que sienta más vergüenza y rabia

Caminó rápidamente hacia el campus tomando mi mochila y al no ver a mis amigas me dirijo hacia la puerta

Ya hablaré con ellas después pienso mientras salgo de la universidad

Después de llamar a mi madre y responder a todas sus preguntas —unas interminables sobre si había comido, si estaba durmiendo bien y si me había abrigado— finalmente pude sentarme a estudiar. Abrí el libro, prendí la lámpara y traté de concentrarme, pero el silencio no duró ni cinco minutos.

Un golpe, luego un chirrido metálico, seguido de camiones y voces… demasiado ruido para concentrarme.

Fruncí el ceño y me levanté.

Camino hacia la puerta, abriendola y veo dos enormes camiones en frente de mi casa

— ¿Qué diablos?— murmuró con el ceño fruncido—.

Camino hacia los camiones y de repente veo salir a Caden de uno de ellos con cajas en sus brazos, me quedo atónita mirándolo

El también me mira con el ceño fruncido

— Tu otra vez? —decimos los dos al mismo tiempo—.

— En serio, ¿me estás siguiendo?

—¡Eres tú quien me está siguiendo! —replico, señalando mi casa y luego a él con incredulidad—. ¿Qué haces aquí, en frente de mi casa?

Caden deja caer las cajas que llevaba y se encoge de hombros

— No te estoy siguiendo, me acabo de mudar aquí.

Lo miro sorprendida

—¿Aquí? ¿En mi barrio? ¿En frente de mi casa?

—pregunto, incrédula, sin poder creerlo.

Caden deja caer otra caja en el suelo con un golpe seco

— Si, aquí desgraciadamente en frente de tu casa, algún problema?—dijo cruzándose de brazos—.

—Sí, claro que es un problema. ¿No podías mudarte a otra parte? ¿Tenía que ser aquí? —digo, cruzándome de brazos también.

Caden suelta una risa, sin parecer lo más mínimo afectado.
—Vaya, ¿tan molesta estás? No te preocupes, a mí tampoco me entusiasma estar justo enfrente de ti.

—Bien —respondo con frialdad—. En algo estamos de acuerdo.

—Perfecto —dice, encogiéndose de hombros—. Entonces tú por tu lado y yo por el mío.

—Exacto.

Caden asiente como si el asunto estuviera resuelto, recoge otra caja del suelo y pasa a mi lado sin decir nada más.

giró sobre mis talones y caminó de vuelta hacia mi casa

Pero justo antes de entrar, escucho su voz a mi espalda.

—Ah, por cierto… —dice con ese tono burlón—. Intenta no meterte en mi baño ahora que somos vecinos. Sería incómodo.

Aprieto los dientes y me giro bruscamente para fulminarlo con la mirada. Sin decir una palabra, levanto la mano y le saco el dedo corazón antes de dar media vuelta y entrar en mi casa, cerrando la puerta con más fuerza de la necesaria.

El solo sonríe.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.