AMELIA
Deslizo la mochila por mi hombro al entrar al aula, dejando que mi mirada recorra cada rincón. Aún no termino de acostumbrarme a este cambio.
El murmullo de los alumnos llena el aula mientras busco un sitio libre. Justo cuando estoy a punto de sentarme sola, una chica de cabello oscuro me hace un gesto desde la fila de al lado.
—Eh, aquí hay sitio —dice con una sonrisa.
Dudo apenas un segundo antes de acercarme.
—Gracias…
—Livia —se presenta rápidamente—. ¿Tú eres nueva, verdad?
Asiento, dejando mi mochila en el suelo.
— Amelia— me presento—. se nota mucho, ¿no? —respondo, dejando la mochila en el suelo.
—Un poco —dice entre risas— pero no te preocupes, dentro de una semana ya te acostumbraras
— Eso espero…
Sonrío ligeramente, más por educación que por otra cosa. Estoy a punto de decir algo cuando noto que su atención se desvía hacia la puerta
Sigo su mirada.
Caden entra por la puerta junto a su equipo.
Se dirigen al fondo del aula, moviendo sillas y dejándose caer en sus sitios.
—Oye… —dice Livia de repente.
La miro.
—¿Sí?
Ella vuelve a mirar hacia el fondo y luego a mí, con una sonrisa que ya dice más de lo que parece.
—¿Ves al del centro?
Sigo su mirada.
—Caden.
—Me gusta… —añade, casi en un susurro, pero con total seguridad.
La miro, sintiendo como un nudo se forma en mi garganta.
— Ah, si?
—Sí —responde encogiéndose de hombros, sin apartar la vista de él—. No sé… es de esos que no van detrás de nadie… y también es guapísimo — dijo sonriendo un poco más.
No puedo evitar volver a mirarlo.
Está hablando con los demás, apoyado ligeramente hacia atrás en la silla, escuchando más que hablando.
Aparto la vista, intentando centrarme en otra cosa.
—Pues buena suerte —murmuró.
Livia suelta una pequeña risa.
— La necesitare
No digo nada más. Me limito a asentir levemente mientras vuelvo a mirar al frente, aunque mi mente ya no está en la conversación… ni en la clase.
El resto de la hora pasa lento, pesado. El profesor habla, escribe en la pizarra, hace preguntas… pero todo suena lejano, como si estuviera bajo el agua. Intento concentrarme, copiar algo, cualquier cosa, pero mis ojos se desvían una y otra vez.
Hacia él.
Cuando por fin suena el timbre, recojo mis cosas más rápido de lo normal. Necesito aire. Salir de ahí.
Salgo al pasillo, dejándome arrastrar por el ruido y el movimiento hasta que finalmente llego a la cafetería.
Ahí están.
Me dirijo hacia la mesa donde estan Valeria y Vivian y me siento junto a ellas
Me dejo caer en la silla junto a ellas, soltando el bolso a un lado con un suspiro.
—No puedo más con hoy —murmuró—. Esa clase es un infierno.
Valeria se ríe por lo bajo.
—Exagerada.
—Un poco —añade Vivian, sonriendo.
Apoyo el codo en la mesa y las miro a las dos.
—No es exagerar. El problema es que explica como si ya supiéramos la mitad del tema.
—Pues espérate a cuando hagais el examen —dice Valeria—.
—Paso —respondo—. Me voy a hacer la enferma ese día.
Vivian suelta una risa suave.
Valeria deja el móvil sobre la mesa y me mira.
—Cambiando de tema… ¿qué hacéis este finde?
—Nada especial —dice Vivian—.
—Yo tampoco —añado—. Necesito descansar un poco.
Valeria sonríe lentamente, como si estuviera esperando ese momento.
—Perfecto entonces.
Frunzo el ceño
— ¿Por qué? — le preguntó inclinándome hacia ellas—.
— Esta noche va haber una fiesta, esta toda la universidad invitada
— ¿Toda? — Vivian la mira con asombro—.
— Si, es un chico del equipo de fútbol de Caden— continua Valeria— Es en su casa y va haber piscina—.
—Genial… justo lo que necesitaba.
—No pongas esa cara —dice Vivian—. Va a ser divertido.
Las observo en silencio un momento, y luego niego suavemente con la cabeza.
—No… no sé nadar, y la fiesta es en la piscina —murmuro, más para mí que para ellas.
Valeria sonríe de lado, como si ya esperara mi reacción.
—Por eso vamos a quedarnos contigo todo el tiempo. Nadie te va a dejar sola.
—Tranquila —dice Vivian, inclinándose hacia mí—. Nadie te va a empujar, lo prometo.
—Estáis seguras? —pregunto, cruzando los brazos.
Vivian se ríe suavemente.
—Bueno, si alguien intenta empujarte, nos encargaremos de que se arrepienta.
Suspiro
Valeria se recuesta en la silla, satisfecha.
—Entonces, ¿vas a venir o no?
Me quedo un momento en silencio, jugando con los dedos sobre la mesa, pensando en la piscina, la música, la gente… y en cómo voy a sobrevivir si alguien me mete al agua.
—Lo pensaré —digo al final, aunque sé que ellas ya saben la respuesta.
Vivian sonríe.
—Eso ya es un sí en proceso.
Valeria asiente.
—Perfecto. Entonces vamos a prepararnos, la fiesta es en unas horas
—Bueno, entonces nos vemos después —dice Vivian, levantándose—. Tengo que organizar un par de cosas en casa antes.
—Yo también —añade Valeria, recogiendo su bolso—. Nos vemos más tarde, entonces.
Me quedo sola un segundo, observando cómo salen, y luego me levanto también.
Camino hacia mi casa con paso ligero
Al llegar, dejo el bolso en mi habitación y me acerco al armario. Me detengo un instante, pensando en lo que quiero ponerme. La fiesta será en la piscina, así que necesito algo cómodo, fresco, pero que también me haga sentir bien conmigo misma.
Tras unos segundos dudando, saco un vestido sencillo y bonito que me había comprado hace unas semanas. Es de un tono azul claro, con un corte que llega justo por encima de las rodillas. No tiene adornos exagerados, pero me gusta cómo cae.
Me lo pongo frente al espejo, ajustando los tirantes y alisando la tela sobre mis caderas.
Suspirando, tomo mi bolso y me observo una última vez en el espejo. Nerviosa, porque se que Caden estará ahí.