Ainsley
Me desperté con el pecho adolorido y la sensación de que algo estaba mal. La habitación estaba demasiado silenciosa. Miré la cuna y encontré las sábanas vacías.
—¿Marlowe?
Entré al baño, revisé el vestidor y luego salí al pasillo. No tenía sentido. Mi hija no podía desaparecer caminando y, aun así, recorrí cada habitación como si pudiera encontrarla escondida detrás de una cortina. La niñera estaba en la cocina.
—¿Dónde está la bebé? La mujer palideció.
—La señorita Sloane la llevó a la consulta.
—¿Qué consulta?
—La pediátrica. Dijo que cambiaron la cita para esta mañana y que el señor Hawthorne lo autorizó. —Miré el reloj. Había dormido una hora. Una sola hora, después de pasar la noche alimentando a Marlowe cada vez que despertaba.
—¿Por qué no me avisaste?
—La señorita Sloane dijo que usted necesitaba descansar. —Sentí que el suelo se inclinaba. Tomé el teléfono y llamé a Callum mientras subía las escaleras para vestirme.
—Ainsley, estoy entrando a una reunión.
—Sloane se llevó a Marlowe. —El silencio duró apenas un segundo.
—¿Adónde?
—A la pediatra. ¿Tú lo autorizaste?
—Ella me dijo que la clínica había adelantado la consulta.
—¿Y te pareció normal que sacara a nuestra hija sin mí?
—Pensé que irías con ellas.
—Estoy en la casa. Nadie me despertó.
—Voy para allá. —Me puse el primer pantalón que encontré y salí sin peinarme. La niñera se ofreció a llevarme, pero tomé las llaves.
Durante el trayecto imaginé accidentes, medicamentos administrados sin mi conocimiento y a Sloane explicando que yo no había podido asistir porque estaba demasiado inestable.
Sabía que mi mente estaba corriendo más rápido que los hechos. También sabía que alguien había sacado a mi hija de la casa sin pedirme permiso. Llegué a la clínica con la respiración cortada. En recepción, Sloane sostenía a Marlowe y hablaba con una enfermera. Parecía una madre perfecta: tranquila, arreglada y con el bolso de la bebé sobre el hombro.
—Dámela. —Sloane se volvió.
—Ainsley, ¿qué haces aquí? Deberías estar descansando.
—Dame a mi hija. —Varias personas nos miraron. Ella bajó la voz.
—No armes una escena.
—La escena comenzó cuando te llevaste a Marlowe sin mi permiso.
—Callum lo sabía.
—Callum no es el único padre. —Extendí los brazos. Sloane tardó dos segundos en entregármela. Fueron dos segundos demasiado largos. La recepcionista se acercó con una tableta.
—Señora Hawthorne, la señorita Whitmore figura como contacto autorizado.
—Quiero que la eliminen.
—Necesitamos la aprobación del titular de la póliza.
—Soy la madre.
—Comprendo, pero el registro...
—Yo lo resolveré —dijo Callum detrás de mí. Entró a la clínica todavía con el abrigo puesto.
Se acercó a la recepción, pidió retirar a Sloane de los contactos y habló con la administradora. Lo hizo con la seguridad que conseguía abrir cualquier puerta. Yo lo observé mientras sostenía a Marlowe y trataba de controlar el temblor de mis manos. Cuando terminó, Sloane se secó una lágrima que yo no había visto caer.
—Solo quería ayudar.
—Ayudar habría sido despertarme —respondí.
—Llevas días diciendo que necesitas dormir.
—Necesito dormir sin miedo a que aproveches para llevarte a mi hija. —Callum se colocó entre las dos.
—Fue un malentendido.
—No —dije—. Un malentendido es confundir la hora. Esto fue una decisión.
—Sloane me llamó. Dijo que la clínica adelantó la cita y que tú estabas agotada. Asumí que hablaría contigo.
—¿Y por qué nunca asumes que ella debe consultarme? ¿Por qué siempre soy yo quien tiene que comprender? —Sloane cruzó los brazos.
—Porque los adultos capaces de pensar con calma no convierten una consulta pediátrica en un secuestro. —Esperé que Callum la reprendiera. Él frunció el ceño.
—Sloane, no ayudes. —Eso fue todo. No le exigió una disculpa. No le dijo que no volviera a acercarse a Marlowe. Solo le pidió que no empeorara la discusión.
La pediatra nos recibió después de unos minutos. Revisó a Marlowe y confirmó que estaba bien. Yo respondí cada pregunta. Sabía cuándo comía, cuántos pañales mojaba, cuánto dormía y qué sonido hacía antes de tener gases. Sloane intentó intervenir dos veces. La doctora terminó mirándome solo a mí. Al salir, Callum quiso cargar a la niña.
—La llevo yo.
—Ainsley...
—No. —Sloane se marchó en un taxi. Callum condujo de regreso a casa y yo viajé atrás con Marlowe. Él hablaba, pero yo apenas escuchaba.
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Editado: 19.08.2026