No Vuelvas por Nosotras

05.

Ainsley

Mis padres llegaron esa misma tarde sin avisar. Beatrice entró primero, seguida de Malcolm y de Sloane. Mi hermana había cambiado de ropa y llevaba gafas oscuras, aunque el cielo estaba cubierto. Se quitó el abrigo como si todavía viviera allí y se sentó junto a mi madre.

Yo permanecí de pie con Marlowe en brazos.

—¿Qué hacen aquí?

—Venimos a hablar como una familia —respondió Malcolm. Callum apareció desde el despacho. No parecía sorprendido.

—¿Tú los llamaste?

—Llamé a tu padre porque pensé que podía ayudarnos a bajar la tensión.

—¿Invitaste a tres personas que siempre están de acuerdo con Sloane para mediar entre Sloane y yo? —Beatrice suspiró.

—Ese tono no ayuda, cariño. —Fallon habría lanzado un cojín. Yo me limité a sentarme en el sillón frente a ellos.

—Tienen diez minutos. —Sloane se quitó las gafas. Tenía los ojos rojos.

—Ainsley me acusó de secuestrar a Marlowe.

—Te llevaste a mi hija sin avisarme.

—Callum sabía dónde estaba.

—Yo no. —Mi madre juntó las manos.

—Sloane intentó darte unas horas de descanso. No entiendo por qué insistes en interpretar cada gesto como un ataque.

—Porque también grabó conversaciones privadas, entregó un informe sobre mi salud mental y consiguió que Callum la autorizara para tomar decisiones sobre Marlowe.

—Después de lo que vivió, cuidar a la bebé podría hacerle bien —dijo Malcolm. No comprendí de inmediato.

—¿Disculpa?

—Tu hermana perdió un embarazo. Sabes cuánto deseaba ser madre.

—Marlowe no es una terapia.

—Nadie ha dicho eso.

—Acabas de decirlo. —Beatrice miró a la bebé.

—Compartir el amor no te quita nada. —Abracé a Marlowe con más fuerza.

—No estoy celosa de que su tía la quiera. Estoy furiosa porque todos creen que quererla les da derecho a decidir sobre ella. —Sloane comenzó a llorar.

—Nunca quise reemplazarte.

—Entonces deja de actuar como si mi lugar estuviera disponible. —Mi madre se levantó.

—Eso fue cruel.

—Cruel fue despertarme y descubrir que mi hija no estaba.

—Siempre has sido la fuerte —dijo Malcolm—. Sloane es más sensible. No necesitas atacarla para demostrar que eres una buena madre.

La hija fuerte. Así me llamaban cuando Sloane arruinaba una celebración y yo tenía que sonreír. Cuando nuestros padres gastaban los ahorros de la universidad en una de sus crisis y me pedían esperar. Cuando perdí un concurso porque tuve que acompañarla durante una ruptura. Nunca significó que me admiraran. Significaba que podían dejarme sola porque yo encontraría la forma de sobrevivir.

—¿Alguna vez se preguntaron quién cuidaba de mí mientras yo era la fuerte? —Beatrice frunció el ceño.

—No conviertas esto en un reproche por tu infancia.

—Mi infancia está sentada en ese sofá diciéndome que debo compartir a mi hija para que Sloane sane. —Callum se acercó.

—Ainsley, estás muy alterada. —Volví la cabeza hacia él.

—Dime que confías en mí.

—No estamos hablando de eso.

—Sí. Todo esto se trata de eso. Dime que confías en mi capacidad para cuidar a Marlowe.

—Sé que amas a nuestra hija.

—No fue lo que pregunté. —Callum miró a mis padres, a Sloane y por último a mí. El silencio se extendió. Tal vez solo buscaba las palabras correctas. Tal vez temía darme una respuesta absoluta. No importó. Yo necesitaba que mi esposo dijera sí y él tardó demasiado. Me levanté.

—Se acabaron los diez minutos.

—Ainsley —dijo mi madre.

—Váyanse.

—No puedes echarnos cada vez que escuchas algo que no te gusta.

—Es mi casa. —Sloane se puso de pie.

—También es la casa de Callum. —Nos miramos. Fue una frase pequeña, pero dijo todo lo que llevaba meses intentando ocultar. Ella confiaba en que Callum la protegería incluso de mí.

—Tienes razón —respondí—. Por eso quizá la persona que tenga que irse sea yo. —Callum palideció.

—No digas eso.

—¿Por qué? ¿Porque estoy cansada? —Subí con Marlowe antes de que intentaran detenerme. Cerré la puerta y llamé a Fallon.

—Necesito el número de la abogada.

—¿La de familia?

—Sí.

—Te lo envío ahora.

—Y mañana necesito que vengas por algunas cajas. —Hubo un silencio breve.

—¿Vas a irte? —Miré la cuna, la mecedora y el mural de pequeñas flores que pinté durante el embarazo.




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