Capitulo 2
Ya sabía lo que tenía que hacer.
Enfrentar solo a un desconocido, oculto en la oscuridad, no era una opción. La prioridad era proteger a quienes estaban dentro de la casa.
Me dirigí hasta la habitación donde dormían mis hermanos y mi primo.
No encendí la luz.
Me acerqué despacio y fui despertándolos uno por uno.
—No hagan ruido —les dije en voz baja—. Hay alguien en la terraza.
El sueño desapareció de sus rostros de inmediato.
Sin hacer preguntas, se levantaron y me siguieron.
Subimos lentamente al primer piso.
Cada escalón parecía amplificar el silencio de la casa.
Cuando llegamos frente a la puerta que daba a la terraza, respiré hondo.
Tomé el picaporte con una mano.
Con la otra hice una seña para que permanecieran atentos.
Abrí la puerta.
En el mismo instante encendimos los reflectores.
La terraza quedó completamente iluminada.
Me asomé con cautela.
No había nadie.
Avancé unos pasos sin perder de vista cada rincón.
Todo parecía estar en orden.
Sin embargo, algo no terminaba de convencerme.
Me dirigí hacia la parte trasera de la terraza.
Con un gesto les indiqué que se acercaran.
—Vengan... pero despacio.
Ellos avanzaron en silencio.
Fue entonces cuando lo vi.
Una persona estaba agazapada sobre la medianera.
Al descubrir que la habíamos visto, reaccionó de inmediato.
Con un salto ágil pasó a la terraza lindera.
No intenté seguirlo.
Di media vuelta.
—Bajemos. Llamen a la policía.
Mientras ellos descendían hacia la planta baja, recordé una escalera de mano que guardábamos junto al lavadero.
La apoyé contra la pared y subí con cuidado.
Asomé apenas la cabeza.
Desde allí alcancé a verlo nuevamente.
Era el mismo hombre que había estado en nuestra terraza.
En cuanto advirtió que lo estaba observando, se puso de pie y comenzó a escapar.
Saltó hacia la terraza de un supermercado vecino.
Después desapareció entre las sombras de los edificios.
Lo perdí de vista.
Segundos más tarde subió uno de mis hermanos.
—Ya llamamos a la policía. Están viniendo.
—¿Lo ves?
Negué con la cabeza.
—No. Se escondió entre las terrazas del supermercado.
Permanecimos en silencio.
Con la vista fija en la oscuridad.
Esperando cualquier movimiento.
Entonces sonó el timbre.
Nadie dijo una palabra.