Con los años comprendí que no todas las historias terminan cuando ocurren los hechos.
Algunas permanecen abiertas porque les falta una respuesta.
Nunca pude afirmar con certeza quién estuvo aquella noche en mi terraza. Mucho menos entender qué buscaba o cuál era su verdadera intención.
Sin embargo, aquella experiencia me dejó una enseñanza que nunca olvidé.
La valentía no siempre consiste en enfrentar el peligro. Muchas veces consiste en detenerse, observar, pensar y tomar la mejor decisión posible aun cuando las consecuencias sean inciertas.
Porque el tiempo puede apagar el miedo.
Pero hay dudas que aún perduran.