Te aferras al amor de tu vida por ese sentimiento tan intenso que invade el cerebro como una droga y treinta años después te das cuenta que te has casado por amor y quedado por costumbre.
Aquello que era "el amor de su vida" se convirtió en más un amigo cercano que una pareja real a pesar de estar vinculados ante la ley como un matrimonio.
¿Vale la pena desperdiciar la juventud y la vida por un "amor de mi vida"?
No. Quien amas perdió el lugar y ahora es con quien hablas sin llegar a tener la magia que alguna vez existió. Como si el océano se hubiera vuelto arena sin agua.
Hoy las conversaciones son rutinas: no alimentan el vinculo; lo mantienen estable como un paciente de hospital.
Hoy no hay celos; solo tranqulidad amistosa y todo...porque aquella idea de amor se derritió con el pasar del tiempo.
El tiempo no perdona: avanza sin piedad. Y con ello...se lleva todo en el camino.