Kael
A llegado el día que más odio, no es solo que tengo que estar pendiente de unos críos que tienen miedo y que no saben bien ni que es lo que hacen, sino que tengo que estar pendiente de que explicarles bien que es lo que tienen que hacer.
El día de las pruebas que se repite infinitamente todos los años, es algo que odié desde que me tocó hacerlo, no solo porque son estúpidas sino porque después de hacer la primera, mi sentencia de muerte fue dictada.
Pienso en el día en el que hice mi primera prueba y me doy cuenta de que la directora me salvó, pero el precio de esa salvación teniendo en cuenta quien es mi familia fue quedar a su merced.
Digamos que mi piedra se quedó… negra, como el vacío, a día de hoy tres años después sigo sin saber qué es lo que pasó, ya que desde ese día no han vuelto a pasar cosas raras como aquella.
Cojo mis cosas y me voy ya que si no salgo a tiempo no solo Cassian me arrastrará con él, además me meteré en un lío por no controlar que todos los aspirantes convocados lleguen.
Mientras estoy controlando los accesos me doy cuenta de que una energía en concreto me llama, no sé muy bien de donde procede, pero me nubla la mente durante un rato y puede que me vaya a negar en caso de que me pregunte alguien.
Mientras sigo mirando identidades y tachando nombres, noto otra vez esa energía que me nubla la mente y cuando me doy cuenta acabo de encontrar la fuente. Se trata de una chica que según su identidad se llama Lyanna Arunde, es una chica de pelo negro con mechones blancos, ojos azules violeta, no muy alta, me fijo que en su mano derecha tiene una marca, casi imperceptible por lo que no descifro de que se trata, pero eso me hace tener más curiosidad por ella.
Llego a la habitación que da a las escaleras que se convirtieron en una pesadilla y me obligo a recitar lo mismo que todos los años.
Cuando acabo, me doy cuenta de las caras de muchos de ellos y es cuando sin que me importe demasiado, me pongo a llamar a cada uno de los aspirantes, por orden y ates de llamar al siguiente, me espero hasta recibir la orden.
Realmente se me hace terno, no entiendo cómo es que poner la mano en una piedra puede llevar tanto tiempo, me paso cerca de siete horas nombrando a gente para que entre en la dichosa sala y cuando por fin acaba esta tortura, me voy de la sala antes de que se le ocurra algo a la directora.
Camino por los pasillos y me doy cuenta de que estoy yendo al mismo sitio al que siempre voy cuando se me llena la cabeza de pensamientos que son inútiles, al campo de vuelo.
Una de las cosas que me encantan de que la escuela me haya asignado este campo de estudio es que puedo volar en dragón, cosa que solo podemos hacer los que estudiamos magia arcana y que es un privilegio, no solo por el vínculo, que es lo mejor que tengo sino por la libertad que da estar sobre el lomo del dragón sobrevolando el cielo.
Llego al campo de vuelo y para no variar, Olympus, mi dragón de color negro y dorado, con ojos plateado y con un carácter que deja mucho que desear, ya me está esperando con la silla de monta puesta sobre su lomo.
“El día que tardes poco, creo que de la impresión me dará un infarto”
-Yo también me alegro de verte.
No pienso en decir nada más y me subo a su lomo ya que esta conversación no puede acabar bien.
“Has tenido un mal día otra vez y es todo porque no sabes decirle que no a la vieja de la directora”
“Perdona, te recuerdo que, sin esa vieja, yo estaría muerto y t estarías sin jinete, así que haz memoria”
“Bueno, dudo que hubiera podido pasar eso, pero no quiero discutir, tus dolores de cabeza se convierten en los míos, así que contra más despejada tengas la cabeza mejor”
No hablamos más y me doy cuenta de que cierra el vínculo para que pueda pensar en mis cosas y librarme de cada una de ellas en el vuelo nocturno que hacemos.
De normal hay turnos para sobrevolar la frontera de la academia, pero todos los del pelotón de guardia, que se suele hacer cada mes, saben que este día en concreto, yo hago un paseo nocturno que se alarga hasta el amanecer por lo que siendo uno de los más poderoso, la gente se suele quedar tranquila en caso de que de ocurra algo.
Olympus y yo sobrevolamos el muro de piedra que en algunas ocasiones funciona de barrera, a parte de la mágica, y cuando no hay ninguna amenaza, nos vamos al bosque junto a la academia.
Me bajo del lomo de mi dragón, que resopla como si fuera un agravio haberlo hecho bajar y me doy cuenta de que he acabado en el mismo lago en el que la quietud y la energía que desprende consigue las veces que estoy muy mal darme la calma que me solía dar mi madre.
No pasa mucho tiempo hasta que vislumbro a lo lejos en la otra parte del lago una silueta. No quiero que la gente se de cuenta de que visito este lugar, por lo que me voy sin mirar atrás y en los lomos de Olympus volvemos al campo de vuelo para que él se vaya a descansar y yo a intentarlo por lo menos.
Lyanna
Me cuesta mucho levantarme, no tengo energía suficiente por no haber dormido lo que se supone que debería haber hecho y además me duele el cuerpo de lo poco que hice ayer.