Nocturnia: Cuando las pesadillas despiertan

6: Parpadeo

Ignacio mantuvo las manos sobre los hombros de Valentina.

—Mírame —insistió—. No mires hacia el pasillo.

Ella intentó obedecer, pero sus ojos regresaban una y otra vez hacia el espacio entre los gabinetes.

—No puedo...

—No hay nada ahí.

—Sí hay.

Valentina apretó con fuerza los párpados y los abrió de inmediato; un grito corto escapó de su garganta.

—Ahora está detrás tuyo.

Ignacio se giró, pero el pasillo continuaba vacío. Algunos técnicos habían comenzado a acercarse, atraídos por los gritos. Ninguno parecía comprender lo que ocurría; uno de ellos llamó al servicio médico mientras otro intentaba apartar a Ignacio para revisar a Valentina.

—No la toques —dijo Ignacio.

—Está teniendo una crisis.

—No es eso.

El técnico lo miró con desconcierto.

—¿Entonces qué es?

Ignacio no supo qué responder y Valentina volvió a parpadear; su cuerpo se estremeció.

—Ignacio...

Esta vez no miraba hacia el pasillo, miraba directamente por encima de su hombro.

—Alejate de mí.

Él permaneció inmóvil.

—¿Qué estás viendo?

Ella abrió la boca, pero no logró responder. Las luces volvieron a fallar, la sala quedó a oscuras durante dos segundos y, cuando regresaron, Ignacio vio algo; estaba al final del pasillo. Era demasiado alto para ser una persona; su cabeza quedaba inclinada hacia un lado porque casi tocaba el techo. Tenía el cuerpo delgado, cubierto por una superficie oscura y húmeda que reflejaba las luces de los servidores.

No tenía ropa, pero tampoco parecía tener piel. Sus brazos llegaban casi hasta el suelo y sus dedos eran largos, demasiado finos para sostener el peso de un cuerpo.

Ignacio solo alcanzó a verlo durante un instante porque las luces parpadearon otra vez y la figura desapareció. Retrocedió sin darse cuenta.

—¿Lo viste? —preguntó Valentina.

Él no respondió; ya no podía decirle que no había nada.

—¿Lo viste? —repitió ella, desesperada.

Ignacio asintió lentamente y los técnicos que se habían acercado observaron el pasillo.

—¿Vieron qué cosa?

—Había alguien —dijo Ignacio.

—No hay nadie.

Las luces del gabinete más cercano comenzaron a encenderse y apagarse. El fallo se extendió al siguiente y luego a toda la fila. Los ventiladores redujeron su velocidad hasta detenerse. En la pantalla principal apareció una advertencia.

ERROR DE SINCRONIZACIÓN

El mensaje desapareció, pero después apareció otro.

PÉRDIDA DE PAQUETES: NIVEL CRÍTICO

Valentina se aferró al brazo de Ignacio.

—No cerres los ojos.

—No lo voy a hacer.

—Cada vez está más cerca.

Ignacio miró el pasillo, pero no veía nada. Intentó mantener los ojos abiertos, pero el ardor se volvió insoportable. Una lágrima comenzó a formarse en el borde de uno de ellos.

—Ignacio...

—Estoy mirando.

La vista se le nubló y parpadeó. La criatura estaba ahora a pocos metros y ya no se encontraba al final del pasillo. Permanecía inclinada detrás de uno de los gabinetes, con la mitad del cuerpo a la vista. Su rostro era liso y no tenía ojos, nariz ni boca. Solo una superficie oscura atravesada por pequeñas grietas.

Nadie gritó porque, durante unos segundos, toda la sala quedó en silencio. Los demás técnicos también podían verla hasta que uno de ellos retrocedió hasta chocar contra una mesa.

—¿Qué es eso?

La criatura levantó lentamente la cabeza y el movimiento produjo un sonido húmedo, acompañado por el crujido de algo que parecía no estar preparado para doblarse de esa manera.

Uno de los técnicos corrió hacia la salida, pero la puerta automática no se abrió.

—¡Seguridad! —gritó mientras golpeaba el panel—. ¡Abran la puerta!

La figura no reaccionó al ruido, seguía orientada hacia Valentina y entonces Ignacio comprendió que nunca había estado observándolo a él, la quería a ella.

—Tenemos que movernos.

Ayudó a Valentina a ponerse de pie y las piernas apenas lograban sostenerla.

—No puedo dejar de mirarlo.

—No lo hagas.

Retrocedieron juntos, sin darle la espalda, y la criatura permaneció inmóvil. Ignacio parpadeó y estaba más cerca; apenas dos gabinetes los separaban.

Los técnicos comenzaron a entrar en pánico. Algunos golpeaban la puerta, otros se ocultaban detrás de las estaciones de trabajo. Uno arrojó una herramienta hacia la figura, la llave metálica atravesó su torso y golpeó el suelo detrás de ella; no era completamente sólida, todavía no. La criatura inclinó la cabeza hacia el técnico que había lanzado la herramienta y él dejó de moverse.

—No parpadees —susurró Valentina.

Pero el hombre lo hizo y la figura apareció delante de él. El técnico cayó al suelo al intentar retroceder pero la criatura no lo tocó; se quedó inclinada sobre su cuerpo durante un segundo, como si intentara reconocerlo; después volvió el rostro liso hacia Valentina.

—Solo viene por mí —dijo ella.

—No sabemos eso.

—Me estaba mirando desde antes de la actualización.

Ignacio giró hacia ella.

—¿Qué?

—Lo vi esta mañana en una pantalla.

Su voz temblaba.

—Creía que era un error de la publicidad.

La criatura dio un movimiento brusco y su cuerpo simplemente apareció a mitad del pasillo, como si faltaran los segundos que deberían haber existido entre una posición y la otra.

Ignacio tiró de Valentina.

—Corré.

Los dos se dirigieron hacia una puerta lateral de mantenimiento, mientras que los demás técnicos comenzaron a seguirlos. La criatura desapareció cuando Ignacio volvió a mirar.

—¿Dónde está? —preguntó alguien.

Nadie respondió; Ignacio abrió la puerta manualmente y empujó a Valentina hacia el corredor de servicio.

—Seguí.

—¿Y vos?

—Estoy atrás tuyo.

Las luces rojas de emergencia se encendieron. El corredor era estrecho y descendía hacia una zona de refrigeración; Ignacio cerró la puerta y accionó el bloqueo mecánico. Un golpe sacudió el metal y todos retrocedieron; luego se escuchó otro golpe y la puerta se hundió hacia adentro apenas unos centímetros.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.