Nocturnia: Cuando las pesadillas despiertan

8: La puerta

Ignacio permaneció frente a la pantalla mientras las advertencias continuaban apareciendo.

**CONTENCIÓN SECTOR 47: INESTABLE**

**CONTENCIÓN SECTOR 52: FALLA**

**CONTENCIÓN SECTOR 68: INESTABLE**

Cada pocos segundos se sumaba una nueva.

—¿Cuántos sectores hay? —preguntó Valentina.

Ignacio negó con la cabeza.

—No sé.

—Trabajamos acá hace cinco años y nunca vi ninguno de estos.

Eso era lo que más le preocupaba; conocía los planos del complejo. Había trabajado en casi todos sus niveles, desde los sistemas eléctricos cercanos a la superficie hasta las enormes salas de refrigeración situadas bajo los servidores, pero aquellos sectores no figuraban en ningún plano.

Sector 68, 71 y 83 no deberían existir.

—Tenemos que encontrar a alguien que sepa qué significa esto —dijo.

Valentina miró su muñeca; las marcas continuaban allí.

—¿Y dónde?

Ignacio observó el mapa de emergencia; una parte del complejo estaba marcada en rojo. Las escaleras principales habían sido bloqueadas y los ascensores no funcionaban; solo quedaba una ruta hacia los niveles superiores.

—Sector norte.

Valentina siguió con la mirada la línea que señalaba.

—Tenemos que cruzar el nivel nueve.

—Sí, perfecto.

Ignacio la miró.

—¿Qué?

—Nada, después de una criatura sin cara y una muñeca que se mueve sola, bajar tres niveles me parece un plan fantástico.

Ignacio casi sonrió, casi.

---

El acceso al nivel nueve estaba prácticamente vacío; las luces de emergencia teñían los pasillos de rojo y las puertas automáticas permanecían abiertas debido al fallo general. A lo lejos se escuchaban alarmas, también gritos, pero Ignacio intentaba no pensar en ellos. Caminaron rápidamente hasta llegar al corredor principal y entonces se detuvieron.

Había varias personas frente a ellos, unas quince, y ninguna avanzaba.

—¿Qué pasa? —preguntó Ignacio.

Un guardia de seguridad señaló hacia adelante.

—El pasillo cambió.

Ignacio frunció el ceño.

—¿Cómo que cambió?

—Mirá.

Ignacio se abrió paso entre los empleados; conocía aquel corredor, lo había recorrido cientos de veces. Debía tener unos cuarenta metros y terminar frente a dos ascensores, pero ya no era así. El corredor se extendía mucho más allá, cien metros, quizás doscientos. Era imposible calcularlo, las mismas luces blancas se repetían una detrás de otra hasta perderse en la distancia.

Ignacio miró hacia atrás.

—¿Hay otra salida?

—No —respondió el guardia.

—¿Revisaron los planos?

—Según los planos, los ascensores están a treinta y ocho metros.

Ignacio volvió a mirar; no había ningún ascensor, solo aquel corredor interminable.

Valentina se acercó.

—Esto tampoco es un fallo técnico, ¿no?

Ignacio no respondió y uno de los empleados levantó su teléfono.

—Voy a probar algo.

Activó la cámara y apuntó hacia el corredor. En la pantalla... los ascensores estaban allí a treinta y ocho metros. El hombre bajó el teléfono y el pasillo volvía a extenderse hasta desaparecer; lo levantó y los ascensores se veían justo frente a ellos, pero en cuanto volvió a bajarlo, el corredor infinito volvió a aparecer.

—No me gusta esto —murmuró Valentina.

Una mujer comenzó a llorar detrás de ellos.

—Yo conozco este lugar.

Ignacio se giró, era una empleada mayor.

—¿Qué dijiste?

Ella miraba el corredor con terror.

—Soñaba con esto.

Valentina cerró los ojos durante un segundo.

—Otra vez...

La mujer señaló hacia adelante.

—Siempre intentaba llegar al final.

—¿Y qué pasaba? —preguntó Ignacio.

Ella tardó en responder.

—Nunca podía.

Un sonido llegó desde el fondo.

**Ding.**

El sonido de un ascensor; todos quedaron inmóviles. Muy lejos, donde el corredor desaparecía en la oscuridad, algo cambió: una puerta apareció, pero no era uno de los ascensores. Era una puerta común de madera completamente fuera de lugar entre las paredes metálicas de Somnia.

—Eso no estaba antes —dijo el guardia.

La puerta se abrió y detrás solo había oscuridad; nada salió desde ahí. Durante varios segundos nadie se movió, pero después apareció otra puerta, esta vez en la pared derecha, luego una tercera, una cuarta, una quinta. Puertas diferentes comenzaron a surgir a lo largo del corredor, de madera y de metal: una puerta infantil cubierta de dibujos, una puerta oxidada y otra completamente blanca.

—No las abran —dijo la mujer.

Ignacio la miró.

—¿Qué hay atrás?

—No sé.

—Pero dijiste que soñabas con esto.

—Nunca llegaba tan lejos.

Un golpe sonó detrás de una de las puertas, después otro. Desde otra llegó el llanto de un bebé y desde una tercera, alguien comenzó a golpear desesperadamente.

—¡Ayuda!

Uno de los empleados reaccionó.

—Hay alguien ahí.

El guardia lo sujetó.

—No.

—¡Está pidiendo ayuda!

—No sabemos qué es.

La voz volvió a escucharse.

—¡Por favor!

El empleado se soltó y corrió hacia la puerta.

—¡Esperá! —gritó Ignacio.

Pero ya era demasiado tarde; el hombre tomó el picaporte y abrió la puerta. Del otro lado no había una habitación, había agua; una pared completa de agua oscura permanecía suspendida detrás del marco. Durante un instante pareció imposible y entonces el agua atravesó la puerta, el empleado cayó hacia atrás mientras una corriente inundaba el corredor y todos comenzaron a correr.

—¡Atrás! —gritó Ignacio.

El agua les llegó rápidamente a los tobillos; estaba helada y, mientras la puerta continuaba abierta, algo se movió al otro lado; una silueta enorme pasó lentamente por detrás del marco.

Valentina la vio.

—Ignacio...

Él también la vio, una aleta demasiado grande. La puerta se cerró de golpe y el agua dejó de salir, mientras que el corredor quedó inundado hasta las rodillas.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.