La compuerta terminó de cerrarse con un golpe metálico que dejó las alarmas y el caos del corredor al otro lado. El silencio que ocupó el núcleo fue tan repentino que Ignacio tardó unos segundos en acostumbrarse. Después de tantas horas escuchando sirenas, golpes y cosas moviéndose donde no deberían existir, aquella calma resultaba incluso más incómoda.
Valentina permanecía frente a la puerta e Ignacio supo enseguida que seguía pensando en la criatura que habían dejado afuera. Desde que la había encontrado por primera vez en el nivel doce, aquella figura había aparecido siempre ligada al miedo, a los recuerdos de su infancia y a las marcas de su muñeca. Sin embargo, esta vez no había intentado acercarse ni hacerle daño. Había señalado hacia arriba apenas unos segundos antes de que el segundo anillo fallara, casi como si hubiera querido advertirles.
—¿Estás bien?
Valentina tardó en mirarlo.
—Sí.
Ignacio levantó ligeramente las cejas y ella terminó suspirando.
—No, pero podemos hablar de mis traumas infantiles cuando no tengamos un porcentaje indicándonos cuánto falta para que se termine el mundo.
Él sonrió apenas.
—Me parece razonable.
Aquella pequeña complicidad duró poco. Salvatierra ya trabajaba frente a la consola principal mientras Quiroga comprobaba el estado de los anillos desde otro sector. El núcleo era mucho más grande de lo que Ignacio había imaginado al estudiar los planos. Una pasarela circular rodeaba un enorme pozo central y varias plataformas se extendían sobre él hasta alcanzar una estructura suspendida en mitad del vacío. Miles de cables descendían desde el techo, se agrupaban alrededor de aquella estructura y continuaban hacia una oscuridad cuyo fondo no podía verse.
Ignacio se acercó al borde.
—¿Qué hay ahí abajo?
—La matriz —respondió Salvatierra sin dejar de trabajar.
—Eso no me dice demasiado.
—Porque no tenemos tiempo para una clase.
Valentina se colocó junto a él y observó el pozo.
—A mí también me gustaría saber sobre qué estamos parados antes de intentar arreglarlo.
Elena suspiró y se apartó unos segundos de la consola.
—La matriz contiene la estructura base de todos los patrones extraídos. Las cámaras que vieron en los niveles superiores no son depósitos físicos. Son espacios de proyección creados y estabilizados desde acá.
Ignacio comprendió lentamente.
—Entonces las pesadillas nunca estuvieron realmente encerradas en esas habitaciones.
—No, están almacenadas en la matriz. Las cámaras simplemente les proporcionan un entorno estable donde pueden manifestarse sin interactuar con el exterior.
Valentina volvió la vista hacia el pozo.
—Una jaula.
Salvatierra pareció dispuesta a corregirla, pero finalmente no lo hizo. Quiroga regresó desde las pantallas secundarias con malas noticias.
—Perdimos el segundo anillo.
En la consola aparecía claramente el estado de la red.
ANILLO 1: OPERATIVO
ANILLO 2: DESCONECTADO
ANILLO 3: OPERATIVO
Debajo, la contención había descendido al 5,72 %.
—¿Podemos recuperarlo desde acá? —preguntó Ignacio.
—No —respondió Elena—. Los nodos controlan los anillos; el núcleo solamente recibe y distribuye la estabilización.
Ignacio sintió una mezcla de rabia y agotamiento.
—Entonces todo lo que hicimos para activarlos no sirvió de nada.
—Sirvió para llegar hasta acá.
Salvatierra abrió los protocolos de emergencia y varias opciones aparecieron en pantalla. Una de ellas estaba resaltada en rojo.
PURGA DE MATRIZ
Quiroga reaccionó apenas la vio.
—No.
—¿Qué hace? —preguntó Valentina.
Salvatierra no intentó suavizarlo.
—Destruye todos los patrones almacenados.
Ignacio recordó inmediatamente la conversación que habían tenido en el Nodo 2.
—Nos dijiste que destruir una pesadilla podía afectar también otros recuerdos.
—Puede ocurrir.
—¿A cuánta gente?
Elena guardó silencio y Quiroga respondió por ella.
—Nocturnia fue utilizado por miles de millones de personas alrededor del mundo.
La magnitud de la respuesta hizo que nadie hablara durante unos segundos. Valentina miró la palabra PURGA en la pantalla.
—¿Qué les pasaría?
—No lo sabemos —admitió Quiroga—. Algunos podrían perder recuerdos vinculados al origen de sus pesadillas, otros podrían sufrir alteraciones emocionales y quizá muchos no experimenten ningún cambio. Nunca se destruyeron tantos patrones al mismo tiempo.
Ignacio se negó a aceptar que aquella fuera su única alternativa.
—Tiene que haber otra opción.
Salvatierra abrió un segundo protocolo.
REINTEGRACIÓN GLOBAL
Esta vez fue Quiroga quien pareció incómodo.
—Eso tampoco es una solución.
—¿Qué hace? —preguntó Ignacio.
—Devuelve cada patrón a la firma neuronal de la que fue extraído —explicó Elena—. Las pesadillas regresarían a sus propietarios a través de los dispositivos conectados a la red.
Valentina comprendió la consecuencia.
—Todo el mundo volvería a tenerlas.
—No necesariamente todas las noches, pero sí, volverían a formar parte de ellos.
—¿Y las personas que ya no utilizan Nocturnia?
—No recibirían nada.
—¿Y las que murieron?
Elena miró hacia el pozo.
—Esos patrones no tendrían un destino y la matriz tendría que eliminarlos.
Ignacio pensó en todas las manifestaciones que habían encontrado desde que escaparon de Somnia. Lucía buscando a alguien que probablemente ya no existía, Roberto bailando con su esposa, el hombre que esperaba bajo la nieve y los pacientes de la clínica atrapados en recuerdos que pertenecían a otras personas. Algunos de aquellos sueños llevaban años esperando regresar a alguien que quizá ya no estaba vivo.