Nocturnia: Cuando las pesadillas despiertan

24: Registro

Ignacio volvió a leer la información por tercera vez, aunque ya no necesitaba hacerlo. Las palabras permanecían inmóviles en la pantalla y no habían cambiado desde que Salvatierra había abierto el registro, pero aun así sus ojos regresaban una y otra vez a la misma línea, como si insistir pudiera obligar al sistema a ofrecer algo más claro.

PATRÓN SIN CLASIFICAR

ORIGEN: DESCONOCIDO

REGISTRO: 00:43:17

Debajo aparecía una gráfica mínima, apenas cuatro segundos de actividad neuronal antes de que la señal desapareciera por completo. Era tan poca información que resultaba absurdo que hubiera conseguido devolverlos a Somnia, y sin embargo ninguno de los presentes parecía capaz de apartarse de ella. Sofía se encontraba junto a Ignacio, inclinada hacia la terminal con los brazos cruzados sobre el pecho, observando el final de la gráfica como si esperara que en cualquier momento apareciera una quinta línea.

—¿Puede estar viva? —preguntó finalmente.

Salvatierra no respondió de inmediato y aquel silencio fue suficiente para irritarla.

—Elena —insistió Ignacio.

—No lo sé.

Sofía soltó el aire y se apartó apenas de la pantalla.

—Estoy empezando a odiar esa respuesta.

—Yo también —admitió Salvatierra—, pero sigue siendo la única que puedo darte sin mentirte.

Amplió el registro y comenzó a revisar los parámetros que acompañaban la señal. La matriz había sido diseñada para reconocer actividad neuronal asociada a los usuarios de Nocturnia y, cada vez que alguien utilizaba uno de los dispositivos, identificaba las estructuras relacionadas con sus pesadillas antes de enviarlas al sistema. Aquella señal, sin embargo, no coincidía con ninguna extracción normal.

—Esto se parece al inicio de una captura —explicó.

Ignacio frunció el ceño.

—¿Captura de qué?

Salvatierra lo miró antes de responder.

—De actividad mental completa.

Sofía dio un paso hacia la terminal.

—¿De Valentina?

—Es probable.

—Entonces está ahí.

—No necesariamente.

La respuesta fue más rápida de lo que Sofía esperaba y su expresión cambió de inmediato.

—Acabás de decir que la matriz capturó su mente.

—Dije que empezó a procesarla —aclaró Salvatierra—. No sabemos cuánto llegó a copiar ni qué parte de esa información pudo conservar. Cuatro segundos de señal no significan que exista una versión completa de Valentina dentro del sistema.

Ignacio observó nuevamente la gráfica. Después de todo lo que habían visto durante aquella noche, la idea habría parecido imposible unas horas antes, pero ahora le costaba descartar cualquier cosa.

—¿Puede ser una pesadilla?

Salvatierra negó.

—No tiene estructura onírica.

—¿Un recuerdo?

—Tampoco coincide con una memoria aislada.

Antes de que pudiera continuar, Quiroga apareció desde uno de los corredores con una tableta entre las manos. Llevaba casi una hora revisando los registros inferiores y no necesitó decir demasiado para llamar la atención de todos.

—Encontré qué generó la señal.

Colocó la tableta junto a la terminal y abrió una secuencia del sistema. La matriz había activado automáticamente un protocolo de extracción cuarenta y tres segundos después de la caída de Valentina, exactamente cuando su cuerpo atravesó uno de los campos de lectura ubicados dentro del pozo.

—¿Por qué se activó? —preguntó Ignacio.

—Porque detectó actividad neuronal dentro de una zona que originalmente se utilizaba para procesar usuarios conectados. El sistema no distinguió qué estaba ocurriendo, solo detectó una mente humana dentro del campo y reaccionó como había sido diseñado para hacerlo.

Salvatierra comprendió antes de que Quiroga terminara de explicarlo.

—Intentó procesarla como si estuviera usando Nocturnia.

Sofía miró a ambos con evidente frustración.

—Hablen normal.

Ignacio apartó la vista de la pantalla.

—Cuando Valen cayó, la matriz intentó extraer algo de ella.

Sofía palideció.

—¿Qué cosa?

Ignacio miró a Salvatierra y después a Quiroga, pero ninguno tenía una respuesta. Acceder a aquellos cuatro segundos requería volver al núcleo porque gran parte de los sistemas inferiores se encontraba en proceso de apagado. La reintegración había vaciado prácticamente toda la matriz y, cada pocos minutos, otro sector dejaba de responder. Si querían recuperar el registro antes de que desapareciera con el resto de la información residual, tenían que hacerlo en ese momento.

Ignacio miró hacia los ascensores.

—Voy a bajar.

—Voy con vos —respondió Sofía de inmediato.

—No.

Ella giró hacia él.

—No era una pregunta.

—Sofi, no sabemos en qué estado están los niveles inferiores.

—Mi hermana cayó ahí abajo.

—Precisamente por eso.

—Precisamente por eso voy.

Ignacio estuvo a punto de discutir, pero se detuvo antes de hacerlo. La última vez que había dejado a Sofía esperando en la clínica, Valentina había prometido volver a buscarla. Horas después, él había regresado solo; no podía pedirle nuevamente que permaneciera detrás mientras otros investigaban qué había ocurrido con su hermana.

Salvatierra tomó su credencial.

—Voy con ustedes. Quiroga, mantené la matriz activa desde acá.

Él asintió y regresó a la terminal principal mientras los otros tres entraban al ascensor. El descenso se sintió completamente distinto al anterior. Las cámaras permanecían abiertas y detrás de las ventanas ya no existían bosques, habitaciones, océanos ni corredores interminables. Las pesadillas habían desaparecido junto con sus ambientes y ahora solo quedaban enormes espacios metálicos, demasiado vacíos para la cantidad de años que habían permanecido en funcionamiento.

Sofía observaba cada nivel que atravesaban.

—¿Todo esto estaba debajo de la ciudad?

—Sí —respondió Ignacio.




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