Noctyrae

CAPÍTULO 3

Lo que duerme bajo Draekorys

El suelo volvió a temblar.

Myravaen no se movió.

Durante un segundo, no pudo hacerlo.

Las palabras de Lord Maelor permanecieron suspendidas entre ambos.

Ya despertó.

—¿Qué despertó?

Su voz salió apenas como un susurro.

Lord Maelor no respondió.

Otro estruendo atravesó la fortaleza.

Esta vez fue más fuerte.

Las paredes del corredor vibraron violentamente y una lluvia de polvo cayó desde el techo de piedra.

Myravaen retrocedió.

—Lord Maelor.

—Debemos irnos.

—¿Qué despertó?

El anciano levantó la mirada hacia ella.

Y por primera vez…

Myravaen vio miedo en sus ojos.

Miedo de verdad.

—Algo que tu padre intentó mantener dormido.

El corazón de Myravaen se detuvo.

—Mi padre está muerto.

—Lo sé.

—Entonces, ¿cómo…?

Otro rugido.

Myravaen se llevó ambas manos a los oídos.

No.

Eso no era posible.

El sonido no venía del exterior.

Lo sentía bajo sus pies.

Debajo de la fortaleza.

Debajo de Draekorys.

Como si algo gigantesco estuviera moviéndose en las profundidades.

La marca bajo su clavícula ardió.

Myravaen soltó un jadeo.

El dolor la obligó a inclinarse hacia adelante.

—¿Qué te ocurre?

Lord Maelor dio un paso hacia ella.

Myravaen levantó inmediatamente una mano.

—No.

Pero ya era demasiado tarde.

La manga de su vestido había descendido ligeramente.

Lord Maelor vio la marca.

El silencio que siguió fue peor que cualquier rugido.

El anciano se quedó completamente inmóvil.

Sus ojos se abrieron.

—No…

Myravaen sintió un escalofrío.

—¿Qué?

Lord Maelor retrocedió.

—No puede ser.

—¡¿Qué es esto?!

La desesperación hizo que su voz se elevara.

Desde el gran salón llegaron gritos.

Personas corriendo.

El sonido de cristales rompiéndose.

Pero Myravaen no apartó los ojos de Lord Maelor.

—Dígame qué es.

El anciano continuó observando la marca.

—La marca de Noctyrae.

El mundo pareció detenerse.

Myravaen dejó de respirar.

—¿Qué?

Lord Maelor levantó lentamente la mirada.

—¿Qué soñaste?

La pregunta la golpeó.

Las llamas.

La reina.

Los ancestros.

El cielo.

Las alas.

El rugido.

Ya es hora de que vuelvas.

Myravaen retrocedió.

—No sé de qué está hablando.

—¿Qué soñaste?

—No.

—Myravaen.

—¡No sé qué está pasando!

La marca ardió.

Más fuerte.

Las líneas negras comenzaron a extenderse bajo su piel.

Lord Maelor palideció.

—Tenemos que encontrar a Seravelle.

—¿Por qué?

—Porque ella sabía.

Myravaen se quedó inmóvil.

—¿Qué?

Lord Maelor no respondió.

Se giró rápidamente hacia el corredor.

—Muévete.

—¡Lord Maelor!

—¡Ahora!

El suelo volvió a temblar.

Esta vez, algo cayó en algún lugar del castillo.

El sonido fue seguido por un grito.

Después otro.

Y otro.

Myravaen levantó la mirada.

Las antorchas del corredor se apagaron.

Una.

Tras otra.

Oscuridad.

La última llama desapareció.

Myravaen dejó de respirar.

Durante unos segundos, ninguno de los dos se movió.

Solo podían escuchar la tormenta.

La respiración acelerada de Myravaen.

Y algo más.

Un sonido.

Lento.

Profundo.

Como si alguien estuviera respirando.

Debajo de ellos.

Lord Maelor sacó una pequeña daga de su cinturón.

Myravaen lo miró.

—¿Qué está haciendo?

—No estamos solos.

El rugido atravesó la fortaleza.

Las luces regresaron.

Y algo apareció al final del corredor.

Myravaen se quedó helada.

Una sombra.

Alta.

Demasiado alta.

Permanecía inmóvil junto a las enormes ventanas.

No parecía un guardia.

No parecía humana.

Pero antes de que Myravaen pudiera distinguirla mejor…

La sombra desapareció.

Lord Maelor soltó una maldición.

—Corre.

Myravaen no preguntó nada más.

Comenzaron a correr.

Los corredores de Draekorys se habían convertido en un caos.

Sirvientes.

Guardias.

Nobles.

Todos se movían desesperadamente en diferentes direcciones.

—¡Las puertas!

—¡Ciérrenlas!

—¿Qué está pasando?

—¡Nadie sabe nada!

Myravaen avanzó entre la multitud intentando seguir a Lord Maelor.

—¡Lady Myravaen!

Una mano atrapó su brazo.

Ella se giró.

Un guardia.

—Su madre la está buscando.

—¿Dónde está?

El hombre abrió la boca.

Pero no respondió.

Su expresión cambió.

Myravaen siguió lentamente su mirada.

Hacia el otro extremo del corredor.

Zeryth Ardevane estaba allí.

Completamente inmóvil.

Observándola.

La multitud parecía moverse a su alrededor sin tocarlo.

Como si incluso en medio del caos…

nadie quisiera acercarse demasiado.

Myravaen sintió el ardor.

La marca reaccionó inmediatamente.

Zeryth dio un paso hacia ella.

Lord Maelor apareció delante de Myravaen.

—No.

Zeryth se detuvo.

Sus ojos se dirigieron hacia el anciano.

—Apártese.

La voz era tranquila.

Demasiado tranquila.

—No sabes lo que estás haciendo.

Zeryth inclinó apenas la cabeza.

—Créame.

Su mirada volvió hacia Myravaen.

—Sí lo sé.

Myravaen sintió un escalofrío.

—¿Quién es usted?

Zeryth permaneció en silencio.

Entonces el suelo volvió a temblar.

Más violentamente.

Un enorme sonido atravesó las paredes.

Algo se rompió.

Myravaen perdió el equilibrio.

Zeryth fue el primero en moverse.

La sostuvo antes de que cayera.



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Editado: 03.09.2026

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