El looter. Las montañas malditas. El castillo y sus ruinas.
La magia es tan necesaria como la tecnología, sobre todo para luchar contra las tempestades. -
Un hombre sabe que en algún momento descubrían la verdad sobre él, puede ser satisfactorio y la mayor frustración. -
- ¡Bueno aquí estamos de nuevo! – Me dije ambos en la misma cama por segunda vez – Solo que esta vez las dos duermen como hurones – Caciope comenzó a emitir sonidos de sueño profundo. – Debe descansar – Ha pasado por muchas situaciones y sorpresas – al final tomé la determinación de contarles a todos sobre el libro – Es mejor que lo sepan – Esconder un secreto los puede complicar. Sé que podrían existir conspiraciones entre ellos para poder lograr obtener por sus medios el reloj. Sin embargo, sin mí, o Danna, no pueden leer tal escritura, ni tampoco entender los diagramas. Tampoco la bruja y el alquimista. Cuando aprendí de mi maestro el oficio de saqueador también, tuve que esmerarme en ser un soporte. Mi maestro no tenía gremio. Fue arqueólogo, historiador, letrado, matemático, nigromante. Practicante de artes marciales prohibidas. Todo parte de lo que las antiguas leyendas llaman saqueador oscuro. Me pidió que nunca revelara determinados secretos. Y luego en solitario, recorrí por mi cuenta el universo haciéndome de un nombre. Un saqueador clandestino. Ya me dio un poco de sueño de solo hablar de mí. De mi tiempo como saqueador.
AL cerrar mis ojos produje un soplido. Unos ojos se abrieron y me miraron suavemente.
- Intuyo que ya debe haberse dormido – Qué diferente que és, cuando descansa – Sonrió Caciope – Es como si plantase una bandera de paz alrededor – No tiene molestia alguna. ¿Me pregunto cómo hubiera sido todo, si te hubiere conocido mucho antes? ¿En algún tiempo atrás? Algo que pudiéramos compartir los dos. ¿Cómo sería? Caciope imaginó luego de observarlo detenidamente al techo, tratando de dibujar mágicamente un mundo distante, pero suyo. Solamente suyo con ese ser con el cual sus latidos no cesan. No dan tregua a un ritmo acelerado. No se podía dormir, pero se dedicó a meditar en ello. En cuanto por la ventana infinidad de estrellas se presentaban e iluminaban el cielo con el humo de un fuego apagado de chimenea que viajaba por ahí a la nada misma.
Y al otro día partimos.
Hicimos un largo tramo. Los nobles, todos, dentro de la carroza. Atrás los cybors y delante nosotros. Danna y yo con la bruja y el alquimista. Un ser demasiado reservado en todos los aspectos. Distinto de Stefy que ya se había hecho amiga de Danna con facilidad. Filomena manipulaba la carroza, junto Kevin. Y Hill y Hank estaban detrás. Ambos se distraían demasiado.
El oasis de Byrn. Así se llamaba al desierto en el cual los Kobo y Monts estaban varados. Salieron de allí de inmediato, luego de varios días de recuperación.
La comandante Vanish por parte de Monts y el brujo Eraclito de Kobo, lideraban cada facción.
- Si salimos pronto, llegaremos a las montañas de inmediato – Explicó el brujo – no podemos permanecer tanto tiempo aquí. La familia Santos ya debe haber tomado ventaja
- No deberíamos preocuparnos– Pero también es importante verificar que nuestro grupo se encuentre bien – Hemos perdido bastantes militares
- Eso no es prioridad.
- Oiga..¡No Voy arriesgar a la duquesa! ¡Ni tampoco a mi personal! -
- No es mi problema. Nuestro líder, nos pidió llegar, el acuerdo es para ello y nada más.
- ¡¡Quedamos en tomar decisiones en conjunto!!
- Siempre y cuando, nos den soluciones rápidas y expeditas.
- ¡¡Maldición!! – ¡¡Este hechicero no entiende!! Podría ser todo un desastre.
- Tranquila – Se dijo – No es más que un viaje traicionero – Comandante – Con los guías que hemos contratado, será simple – Si me disculpa, me retiro.
Eraclito, sale de la carpa armada provisoriamente. Dando la vuelta chasquea los dedos para preparar todo para la salida del desierto. Un polvo de viento consume y genera olas de arena.
- Vanish. Tal vez tenga razón. - Duquesa ¡Debe descansar!
- ¡Cof! ¡Cof! – No te preocupes. Pero mientras más rápido encontremos la tierra perdida de MU y su ciudad, mejor.
- ¿No si sea prudente que debamos estar aliados a ellos?
- Mi padre no ha tenido opciones. Y todo es por mi culpa. No tenemos poderío militar como los Kobo, ni económico como los Santos. Esta maldita enfermedad.
- Duquesa, si encontramos la ciudad podremos curarla con la terapia de los MU.
- Es solo ello por lo que mi padre trata con todo su empeño actuar, ni siquiera por ese reloj. Pero tampoco sabemos a ciencia cierta si existe.
- Hay una carrera por quien llega primero. Esa es toda la veracidad de la que podemos contar. Pero debemos estar alerta, ¿No sabemos cómo, y cuándo nos puede engañar el el sabio Eraclito.
- Debemos partir, con el mayor de los cuidados. - ¿Pero su salud?
- No hay nada que perder. – Si algo sucede, les pido se retiren de inmediato con los sistemas de propulsión. –
- Entendido Duquesa Alexandra. ¡Solo no se esfuerce!
La duquesa sonríe.
- No te preocupes. Soy más fuerte de lo que parece. – Pongámonos en marcha. -
Los Monts, prepararon todo el equipaje para salir junto con el grupo de los Kobo cruzando solo un tramo restante del desierto. Sus hombres lidiaron con criaturas de gran porte como los gusanos gigantes y otras especies. Vanish, una joven guerrera se encargaba de todo. Mientras el brujo guardaba la retaguardia de la defensa. Ante ellos estaban las grandes montañas con sus picos nevados.
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Editado: 18.01.2026