Nolan & Melody

C I N C O

N O L A N 

El momento de la ejecución se acercaba. El reloj que estaba arriba de la pizarra marcaba que faltaban cinco minutos para la hora la salida e ir con aquella chica por un helado. Durante toda la clase estuve preguntándome que demonios cruzaba por mi mente en aquel momento como para aceptar aquella invitación. No dejaba de repetirme la frase: «Si tanto odias a la chica, ¿para qué sales con ella?», aunque esto no era una cita del todo, ¿o sí? Una vez más, los nervios hicieron su aparición, como era costumbre en mí, y empezaron a ser sus terribles jugarretas, llenándome de más pensamientos, que no hacían más que abrumarme.

«Maldito seas Nolan, tú y tu poca esperanza en ti mismo». Me maldije mentalmente mientras comenzaba a guardar mis cosas al igual que el resto de los chicos de la clase. Estaba por salir del aula, pero antes de hacerlo, un torbellino amarillo me retuvo.

–¡Hey!, ¿a dónde vas compañero? –preguntó Lyssander, mientras perezosamente se ajustaba una de las correas de su mochila que habían quedado mal–, el día de hoy tenemos una agenda muy ocupada…

–No puedo–lo interrumpí antes de que el chico comenzara a enlistar las cosas estúpidas que había planeado.

–¿Cómo que no puedes? –preguntó, un poco incrédulo al escucharme–. Por favor, Nolan, hoy es el día–hizo mayor énfasis en la palabra «día».

Una expresión de extrañeza cruzó mi semblante, dándole a entender al chico que no sabía de que demonios estaba hablando, pero la quité rápido porque tampoco me importaba averiguarlo. Intenté quitarle importancia a todo e intenté irme, pero antes de que pudiera moverme Lyssander volvió a hablar.

–Es una chica–dijo como si comprendiera todo. Lo miré, por dentro de estaba asustado y espero que eso no se refleje en si semblante–. Por dios, hermano, hasta que te dignaste de invitar a una chica a salir–me palmeó la espalda, felicitándome por mi gran mérito.

Lyssander, ¿cómo te explico? No es precisamente una cita, ella no es la chica, y yo no la invité a salir. Para mi amigo no era un secreto que yo era un asco con las chicas y todo lo que estuviera relacionado con el tema de las citas. Obviamente el chico no sabía lo que en realidad había pasado en aquel vestidor, y jamás se lo contaré, no si quiero evitarme las burlas y recordatorios molestos que podrá hacerme por el resto de mi vida. Así que, aprovechando que él no sabía nada, intenté sonreír un poco, e intentar por primera vez en la vida de ambos, el héroe que ambos necesitábamos para salir a la sociedad y ser notables. Asentí con la cabeza.

–¡Eres mi héroe!, ¿quién es? –preguntó, aquella pregunta me tomó por sorpresa–, ¿acaso es…? Oh no–sonaba cada vez más asombrado–, ¡no me digas que te animaste a invitar a salir a Camille Le Brun, y sabes que es lo mejor de todo, ¡que no te rechazó esta vez!

Lyssander seguía hablando maravillas de aquella chica y es que no era mentira. Era todo lo positivo que podía haber en esta vida; su risa era como la brisa del mar, su piel parecía una perla blanca, y como se curveaba su boca levemente hacia arriba cada vez que me veía, sí, me había rechazado hace unos meses, pero solo porque estaba saliendo con Nick Davis, pero una parte de mí sabía que, si no hubiera sido por aquel atleta que me superaba en todo, hubiera tenido una oportunidad con Camille.

La sonrisa se hizo un poco más pequeña y, con cierta tristeza, negué con la cabeza. El chico dejó de enumerar los atributos de la capitana del club de debate y ladeó la cabeza hacia un lado, extrañado. Había muchísimas más chicas hermosas dentro de la escuela, pero ambos sabíamos que ninguna nos haría caso, porque ninguna era como ella. Sin poder evitarlo, solté un suspiro de chico enamorado.

–Si no es ella, ¿con quién saldrás? –soltó una pequeña risa burlona–. No me digas que una chica hizo caridad o perdió una apuesta y ahora tendrá que pasar un rato contigo–aquello lo mencionó como si yo fuera el premio de consolación que nadie quiere, pero aun así aceptas para no quedarte con nada.

Internamente me sentí ofendido. Primero, estaba felicitándome por haber logrado una gran hazaña (entre mentiras) para los dos, y ahora no hace más que burlarse de mí poque no me capaz de salir con las otras chicas, las cuales son las del equipo de porristas o de las de club de danza.  

–No la conoces–miré mi reloj, debía irme rápido–. Tengo que irme…

–Dime, por favor, que no es alguna de esas chicas del periódico escolar–suplicó mi amigo–. Nolan si tu ya estás por los suelos, salir con una de ellas hará que pisarte sea más fácil…

Aquello me molestó. Había veces que las estupideces que salían de su boca no hacían más que molestarme, ¿qué demonios tenía en contra de las pobres chicas? Quizás Michel no sea una de las mejores candidatas a Reina del baile, porque seamos honestos, las chicas que han ganado ahí solo han sido por dos razones: su belleza y popularidad. Pero no todas son así… bueno, en realidad hasta el momento solo conozco a Michel y Melody.

–Por favor, Lyssander, no importa con quien salgamos o dejemos de salir seguiremos siendo unos perdedores.

El chico hizo un gesto de «tienes razón» y antes de que pudiera decir algo más palmeé un poco su hombro en forma de despedida y salí del aula. En los pasillos el bullicio de chicos que comenzaron a aglomerarse en los pasillos algunos esperaban que sus asesorías empezaran y otros se dirigían a la puerta principal. Me quedé por unos segundos congelado, estorbando el paso a los demás, unos me dirigían miradas curiosas, y otros murmuraban molestos. De lo pensar que es lo que pasaría después de que cruzara aquella puerta hacia que el corazón se me encogiera dentro del pecho.




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