Norah

Prólogo

Marzo del 2008 - Rusia - Moscú

Lo primero que recuerdo es despertar en aquella habitación, no había mucha iluminación, los grilletes en mis manos parecían más duros y resistentes que antes.

Recuerdo perfectamente que mi hermana estaba a unos metros de mí, acostada en una cama de hospital mugrosa, sus manos también sujetadas por los mismos grilletes que las mías. Su pequeño cuerpo estaba mucho más delgado que los días anteriores, se encontraba mucho más débil que yo, y eso solo hacía que me sintiera mucho más culpable, quería estar en su lugar, pero ella era la más pequeña, había nacido dos horas después que yo; por lo tanto la más frágil, pero no la culpaba por eso, nunca. Simplemente éramos niños, no merecíamos esto de todas maneras.

Recuerdo perfectamente esa tarde del miércoles, sabía bien que era de tarde por la oscuridad total que había en el lugar, mi hermana seguía inconsciente, ya hacían dos días así, y me asustaba la sola idea de pensar de que en realidad no estaba respirando.

Llego aquella niña, parecía más mayor que yo y mi hermana, su cabello de un negro azabache como la oscuridad misma, sus ojos azules profundos como el mar un poco vacíos, un poco cristalizados. Su rostro estaba neutro, lo cubría con sus manos, que a diferencia de mí y de mi hermana, ella no tenía grilletes puestos en sus manos, pero si en sus dos pies. Aquel hombre me miró con desprecio después de dejarla en la cama que quedaba al lado de la mía.

Creo que me había enamorado completamente de ella al instante, era preciosa, lo recuerdo todo de ella.

Recuerdo perfectamente la primera conversación y mis nervios al hablarle.

—¿Cómo te llamas?. — le pregunté y ella me observó con timidez.

—Caroline

Caroline; pero que precioso nombre.

— Es bonito. — le dije con una sonrisa para que no tuviera miedo de mí.

Ella me miró aún con esa timidez en sus ojos, pero también había algo en el interior de aquellas pupilas, curiosidad.

—¿Y el tuyo?. — me preguntó.

Me quedé sorprendido con su voz, era suave y un poco fina, música para mis oídos, pensé.

—Nathan, mi nombre es Nathan. — exclamé con una emoción creciendo en mi interior.

Pero recuerdo perfectamente como todo se volvió una pesadilla, no comprendía lo que estaba sucediendo, pero ella me observó con los ojos vacíos, los había transformado por completo, comenzó con una sonrisa torcida y terminó con una carcajada fuerte. No lo entendía; aquella chica asustada había cambiado completamente en segundos, y no lo comprendía.

La mire decepcionado, sus ojos estaban tan fríos que sentía como me congelaban.

Mi hermana se despertó por la carcajada de la chica, miró todo a su alrededor con debilidad.

—Hermano. — exclamó con dificultad pero completamente emocionada al verme.

Ella dirigió su mirada a la chica nueva que se encontraba con nosotros, la chica nos miraba a cada uno como si nos estuviera evaluando detenidamente.

—¿Quién eres tú? — preguntó mi hermana confundida.

Aquella chica de ojos fríos, completamente vacíos nos observó sin ninguna emoción en su rostro, miro sus grilletes en los pies, y después alzo la mirada hacia nosotros nuevamente, empezó a dibujar una sonrisa completamente siniestra en su rostro, que me hizo tenerle miedo al instante pero también curiosidad.

Me sorprendí cuando saco un cuchillo de los pantalones que traía puestos, y como si fuera una tarea completamente sencilla se quito los grilletes, nos observó con una enorme sonrisa, entonces dijo aquellas palabras que cambiarían completamente nuestras vidas.

Vengo a por ustedes.

Pero detrás de esas palabras había un precio que pagar, pues después de todo en nuestro mundo se pagaba favor con favor y sangre con sangre.

Recuerdo perfectamente como asesino a todos en aquel lugar, sin ningún ápice de remordimientos, en mi mente aparecía la idea de que quizás ella era uno de los experimentos de mi padre, pero eso seria imposible, porque mi familia sólo experimentaba con la familia, simplemente para convertirlos en únicos.

Aquella chica tenía su toque personal, se le notaba, sus sonrisas eran completamente siniestras, llevándome a pensar de que quizás había nacido con aquello en sus venas.

Cuando nos marchabamos de aquel lugar, caminando por aquellos pasillos oscuros, no puede contenerme en preguntarle aquello que me rondaba en la cabeza; ella traía a mi hermana en brazos, tanta amabilidad en ella me parecía extraña al presenciar todo lo que había visto.

—¿Quién eres? — exclamé desesperado y asustado a la vez.

No te preocupes. — exclamó deteniéndose para observarme nuevamente con aquellos ojos que había puesto en el principio. — No tengas miedo; ella no volverá, pero lo hará cuando estén en peligro.

Nunca imaginé que aquellas palabras habían sido tan profundas, tampoco que hubiera una promesa escondida en ellas, ni que aquella chica de cabellos azabache se convertiría como en una hermana mayor para mí.

Fue el principio de todo; pero no nos dimos cuenta que también fue el final.

Sí, él principio del fin.



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En el texto hay: capitulos cortos

Editado: 14.01.2026

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