Enero del 2013 - Viernes 3
Rusia - Samara - Lugar serca del río Volga
"La única salida de la locura; es aceptarla. "
Norah Adams:
Despertar en este lugar hubiera sido normal si realmente pudiera recordar el día anterior, y el anterior a este, y los demás.
Me levando de golpe, en una habitación que parece ser de tres, pero no había nadie más que yo en ella, inspeccionó con la mirada todo a mi alrededor, y puedo observar tres mesitas de noche que acompañan cada cama; en la mia se encontraba un pequeño papel doblado de mala manera, como si hubiera sido arrugado con ira. Lo tomo con cuidado y lo abro lentamente, como si estuviera en cámara lenta, me quedo paralizada en mi lugar, al ver las palabras escritas con delicadeza en el papel.
" Comienza el juego pequeña Norah Adams, la cacería comienza en una semana"
Con tinta roja, aquellas palabras habían sido escritas con tinta rojo sangre.
Salgo de la habitación y me encuentro con un pasillo vacío completamente de blanco, mis pies se comienzan a mover involuntariamente, como si conocieran el lugar. Llego a una sala llena de personas, todos con el mismo uniforme que llevo puesto de color verde claro, todos de edad joven, algunos caminando de un lado a otro sin control, otros con sus ojos desmesuradamente desorientados.
Siento que en mi interior comienza a quemar, miro a mi alrededor asustada; ¿Dónde estoy?. Salgo corriendo hacia la salida, la luz y el aire exterior me golpean el rostro de golpe.
—¿Norah?. — me volteo hacia aquella voz dulce y calmada.
Una hermosa mujer se alza delante de mi, sus cabellos rubios y sus ojos azules; una bata blanca cubre su cuerpo dándole un aura angélical lleno de calma.
— ¿Dónde estoy?. — pregunto desconcertada.
Ella me mira con tristeza y procede a hablar.
— Es normal que no recuerdes, sufriste un pequeño accidente en las escaleras; te golpeaste la cabeza. ¿ Recuerdas algo de eso?.
Dirigo mi mano hacia mi cabeza y siento un vendaje de gruesas gasas en la frente y parte del sentido.
—No.
Ella se acerca cautelosamente, como si estuviera esperando una reacción agresiva de mi parte, logra colocar sus manos en mis hombros y dejar un beso en mi frente. Todo eso con un leve temblor en sus manos.
—Todo estará bien; toma un poco el aire.
Entonces por primera vez escucho esa voz que me hace voltear rápidamente a las escaleras que no había visto que daban hacia otro piso.
" Pequeña cuervo; todo estará bien".
Ahí está ... un chico me mira con resentimiento desde las alturas; su cabello es tan dorado como el oro, y desde aquí puedo ver como en sus ojos una tormenta comienza. Ojos verdes por cierto, ojos que no dejo de mirar; hasta que me percato de algo curioso, su uniforme no es color verde claro como el mio.
Su uniforme es de color rojo vino; sangre.
Sábado 4 de enero 2013
♧♧♧
" ... corro tan rápido como mis piernas me lo permiten; las ramas rasgan mi uniforme llegando hasta mi piel; me detengo abruptamente y una risa desconocida sale de mis labios.
— Viniste. — exclama una voz gruesa entre la espesura del bosque.
Entonces como si otra persona estuviera hablando por mi, aquella voz sale de mis labios, fría y ronca.
— El cuervo siempre observa antes de atacar. ... "
Despierto de golpe, bañada en sudor. Llevo mis manos hacia mi corazón acelerado, y en mi mente se repite lo último que escuché de los labios del chico.
" .... y siempre; va por el corazón ... " .
Desde ayer, mi mente y mis sentidos están confundidos. Desperté en un lugar donde no tengo ni idea de cómo terminé aquí; ni siquiera recuerdo mi nombre. Pero aquella mujer dijo que solo necesitaba descansar, que sufrí una caída demasiado alta.
Pero las escaleras no son tan altas; ¿de dónde caí entonces?
Tengo demasiadas preguntas sin respuesta.
Desperté nuevamente con un sueño demasiado real; aquella voz gruesa y varonil no salía de mi mente. Fue demasiado real su tacto, fue demasiado real esa risa que salió de mis labios.
Caminé por los pasillos de la mano de la doctora que había visto ayer, hasta llegar a una habitación diferente; era su oficina. Ella se sentó en su puesto, empezando a rebuscar papeles y documentos, mientras yo me senté en el sofá frente a ella.
—Eres diferente a lo que eras antes —dijo inconscientemente mientras se ponía unas gafas enormes.
—¿Qué quiere decir?
No contestó al instante, dejó lo que estaba haciendo y me miró con ternura y esperanza, como si el simple hecho de no recordar nada la hiciera muy feliz. Pero... ¿por qué?
—Te explicaré por encima; no tienes de qué preocuparte. Estás en el Hospital Psiquiátrico Fishkin, en la ciudad de Samara, Rusia. Tienes Estrés Postraumático, nada grave; por eso estás en la zona verde.
Me quedé mirándola desconcertada; no entendía bien lo que me estaba contando.
—¿Zona verde? —pregunté sin entender.
—Sí, cariño; en el psiquiátrico hay tres zonas, son solo tres pisos. El primero es la zona verde, donde se encuentran nuestros pacientes más tranquilos y débiles a la vez —suspiró con tristeza—. Pero muchos de ellos son dados de alta; son los que menos problemas tienen, como tú. Pronto te irás de aquí si seguimos con el buen tratamiento de antes.
Sus últimas palabras fueron delicadas, como si estuviera midiendo bien las palabras que diría. Me oculta algo, lo sé. Pero no sé por qué lo sé. No sé por qué siento en mi interior eso que quiere saltar hacia ella y reírse a carcajadas, como si supiera exactamente lo que oculta.
Intento disimular mi inquietud por mis pensamientos intrusivos.