Nos casamos en la Vegas y no me acuerdo

Capítulo 1: ¿Qué hicimos anoche?

El sonido insistente de un teléfono despertó a Valeria Torres.

—Ugh... —se quejó mientras intentaba cubrirse los oídos con una almohada.

Pero la almohada no estaba donde debía.

Confundida, abrió los ojos lentamente. El techo era blanco, elegante y completamente desconocido.

—¿Qué...?

Valeria se incorporó de golpe. La habitación parecía una suite de hotel de lujo. Había ropa tirada por todas partes, vasos vacíos sobre una mesa y una enorme ventana que mostraba la ciudad iluminada.

Entonces sintió un peso extraño en su mano izquierda.

Bajó la mirada.

Un anillo.

Un anillo de matrimonio.

—¿¡QUÉ!?

Su grito resonó por toda la habitación.

En ese momento escuchó una voz somnolienta detrás de ella.

—Cinco minutos más...

Valeria se congeló.

Muy despacio giró la cabeza.

Y allí estaba.

Un chico de cabello oscuro dormía en la otra mitad de la cama.

Valeria soltó otro grito.

—¡¡AAAAAHHHH!!

El chico abrió los ojos sobresaltado.

—¿Qué pasa? ¿Hay fuego?

—¡¿QUIÉN ERES TÚ?!

—¿Quién soy yo? ¡¿Quién eres tú?!

Ambos se señalaron al mismo tiempo.

—¡Esta es mi habitación!

—¡No, es la mía!

—¡¿Por qué estás en mi cama?!

—¡¿Por qué estás en la mía?!

Se quedaron en silencio unos segundos.

Luego ambos miraron sus manos.

Los dos tenían anillos.

El silencio fue aún peor.

—No... —murmuró Valeria.

—No puede ser... —susurró el chico.

Valeria comenzó a hiperventilar.

—Dime que esto es una broma.

—Ojalá pudiera.

Ella tomó su teléfono de la mesa.

Había decenas de mensajes.

El más reciente era de Camila.

Camila: "Cuando despiertes no te asustes."

Camila: "Bueno... sí, asústate."

Camila: "MUCHO."

Valeria sintió un escalofrío.

Abrió la galería.

Lo primero que apareció fue una selfie.

Ella.

El chico.

Y un cartel enorme detrás de ellos que decía:

"Just Married"

—¡¡NOOOOOOOO!!

—¿Qué pasó? —preguntó él.

Valeria le mostró la foto.

El rostro del chico perdió todo el color.

—Estamos muertos.

—¡¿Qué hicimos?!

—No lo sé.

Comenzaron a revisar más fotografías.

En una estaban bailando.

En otra comiendo pastel.

En otra besándose frente a una capilla.

Y en una más aparecía un hombre disfrazado de Elvis Presley levantando los pulgares.

—No recuerdo nada de esto —dijo Valeria.

—Yo tampoco.

Entonces alguien llamó a la puerta.

Toc.

Toc.

Toc.

Antes de que pudieran reaccionar, la puerta se abrió.

Camila y Diego entraron corriendo.

—¡DESPERTARON! —gritó Camila.

—¡Milagro! —añadió Diego.

Valeria los señaló acusadoramente.

—¡EXPLÍQUENME TODO!

Camila y Diego intercambiaron una mirada nerviosa.

—Bueno...

—Verán...

—¿Qué?

—La verdad es que...

—Anoche ustedes dos no solo se casaron.

Valeria y el chico tragaron saliva.

—¿Entonces?

Diego sonrió nerviosamente.

—También hicieron una apuesta que podría costar millones de dólares.

—¿¡QUÉ!?

Si estuvieras en el lugar de Valeria, ¿intentarías anular el matrimonio inmediatamente o primero descubrirías qué pasó realmente esa noche?




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