—¿Qué clase de broma es esta? —preguntó el chico, todavía intentando procesar todo.
Camila y Diego se miraron entre sí.
—Ojalá fuera una broma —dijo Camila.
Diego sacó su teléfono.
—Miren esto.
Les mostró un video.
En la pantalla aparecían Valeria y el misterioso chico sentados frente a una mesa de casino.
Ambos estaban riendo sin parar.
—¡Somos invencibles! —gritaba Valeria en el video.
—¡Nadie puede derrotarnos! —respondía él.
Después apareció un hombre elegante vestido de traje.
—¿Qué tal una apuesta?
—¡Aceptamos! —respondieron ambos al mismo tiempo.
Valeria se llevó las manos a la cabeza.
—¿Por qué haría eso?
—Porque llevaban horas celebrando —explicó Diego.
El video continuó.
—Si siguen casados durante un año completo —dijo el hombre— recibirán cinco millones de dólares.
La sonrisa desapareció del rostro de Valeria.
—¿Cinco millones?
—Pero hay una condición —continuó el hombre en el video.
Todos observaron atentos.
—Si se divorcian antes del año... tendrán que pagar una penalización enorme.
El video terminó.
La habitación quedó en silencio.
—No puede ser real —susurró Valeria.
—Eso pensé yo —respondió Diego.
Camila sacó varios documentos de una carpeta.
—Pero sí lo es.
Valeria tomó uno de los papeles.
Era un contrato.
Con firmas.
Sus firmas.
—Me quiero desmayar.
—Yo también —admitió el chico.
Por primera vez ambos se observaron con calma.
—Ni siquiera sé tu nombre.
—Adrián Vega.
—Valeria Torres.
—Mucho gusto, esposa.
—No me digas esposa.
—Está bien.
—Gracias.
—Valeria.
—¿Sí?
—Seguimos casados.
—¡No me lo recuerdes!
Camila soltó una carcajada.
Valeria le lanzó una almohada.
Mientras tanto, Diego revisó algo en su celular.
Su expresión cambió inmediatamente.
—Eh... chicos.
—¿Ahora qué? —preguntó Adrián.
—Creo que tenemos otro problema.
—¿Qué tan grave?
Diego giró la pantalla.
Una noticia ocupaba toda la página principal.
"El heredero empresarial Adrián Vega aparece casado en Las Vegas con una desconocida."
—¿Desconocida? —protestó Valeria.
—Eso no es lo peor —dijo Diego.
Siguió bajando.
Había cientos de comentarios.
Miles de compartidos.
Fotografías.
Videos.
Y periodistas intentando averiguar quién era Valeria.
—Perfecto —murmuró ella.
—Mi padre va a matarme —dijo Adrián.
Como si el universo quisiera demostrarlo...
El teléfono de Adrián comenzó a sonar.
En la pantalla apareció un nombre.
Leonardo Vega
Todos palidecieron.
—¿Es tu padre? —preguntó Camila.
—Sí.
—¿Y ahora?
Adrián observó el teléfono vibrar.
Una vez.
Dos veces.
Tres veces.
Finalmente respondió.
—Hola, papá.
El rugido que salió del altavoz fue tan fuerte que todos pudieron escucharlo.
—¡REGRESA INMEDIATAMENTE A CASA Y TRAE A TU ESPOSA CONTIGO!
Adrián cerró los ojos.
Valeria sintió que el suelo desaparecía bajo sus pies.
Porque acababan de sobrevivir a una boda inesperada...
Y ahora tendrían que enfrentarse a la familia Vega.