Valeria sintió que cada paso hacia la mansión era como atravesar un campo de batalla invisible.
Adrián caminaba a su lado, manteniendo una expresión tranquila, aunque sus manos delataban tensión.
—No sueltes mi brazo —susurró él.
—Ni loca —respondió ella sin mirarlo.
Al cruzar la puerta principal, el ruido de afuera quedó atrás, pero el silencio dentro de la mansión era aún más pesado.
Leonardo Vega los esperaba en el gran salón.
—A partir de hoy —dijo con voz firme— esta es la versión que el mundo verá.
Un asistente encendió una pantalla enorme.
Apareció una transmisión en vivo de noticias.
“¡La esposa de Adrián Vega ya está en la residencia familiar!”
Valeria abrió los ojos.
—¿Ya estamos en vivo?
—Todo se mueve rápido en este mundo —respondió Leonardo.
Adrián apretó la mandíbula.
—No me gusta esto.
—No tienes opción —cortó su padre.
Leonardo señaló a Valeria.
—Desde este momento, eres la señora Vega ante los medios.
Valeria sintió un nudo en el estómago.
—Yo no pedí esto.
—Nadie lo hace —respondió Leonardo, sin suavizar su tono— pero ahora eres parte de esto.
Adrián dio un paso al frente.
—No la hables así.
El salón quedó en silencio.
Incluso los empleados se detuvieron.
Leonardo lo observó con frialdad.
—Interesante.
Valeria miró a Adrián sorprendida.
Él no había levantado la voz antes por ella.
Leonardo caminó lentamente alrededor de ambos otra vez.
—La narrativa será simple: matrimonio inesperado, pero sólido.
—¿Sólido? —repitió Valeria.
—Sonríe cuando debas, camina junto a él, y no contradigas nada en público.
—¿Y si no quiero?
Leonardo la miró directamente.
—Entonces el contrato que firmaste en Las Vegas se vuelve un problema legal muy caro.
Silencio.
Valeria apretó los puños.
Adrián la miró de reojo.
—No te preocupes —murmuró él— no dejaré que te hundas sola en esto.
Valeria no respondió, pero algo en su expresión cambió apenas un poco.
En ese momento, la puerta principal se abrió sin aviso.
Un asistente entró casi corriendo.
—Señor Vega… hay una conferencia improvisada afuera. Los medios están exigiendo verla a ella.
Leonardo suspiró.
—Demasiado pronto.
Adrián miró a Valeria.
—¿Lista para esto?
—No.
—Yo tampoco.
Pero no había más opciones.
Minutos después, Valeria salió por la puerta principal.
El ruido de los flashes fue ensordecedor.
Preguntas gritando desde todos lados.
“¡¿Es cierto que se casaron por una apuesta?!”
“¡¿Cuánto dinero hay involucrado?!”
“¡¿Quién es usted realmente?!”
Valeria se quedó congelada un segundo.
Adrián dio un paso adelante, colocándose a su lado.
Sin pensarlo, tomó su mano.
El contacto fue inesperado.
Valeria lo miró.
—Respira —susurró él.
Y entonces ocurrió algo extraño.
El caos afuera no desapareció…
Pero por un instante, Valeria dejó de sentirlo tan pesado.
Adrián habló frente a las cámaras.
—Sí, estamos casados.
El murmullo explotó.
—Pero eso es todo lo que necesitan saber por ahora.
Valeria lo miró de reojo, sorprendida por su firmeza.
Una periodista gritó:
—¿Es un matrimonio real o solo una estrategia?
Adrián apretó suavemente la mano de Valeria antes de responder.
—Eso lo decidirá el tiempo.
Dentro del automóvil negro estacionado frente a la mansión, Renata Beltrán observaba todo en silencio.
Su sonrisa era fría.
—Perfecto… —susurró.
—Ahora sí empezamos.
El auto arrancó lentamente.
Y mientras se alejaba, Valeria sin saberlo acababa de entrar en un juego mucho más peligroso de lo que imaginaba.