Sentados en la habitación, comenzaron a hablar de cosas simples.
Sus comidas favoritas.
Las películas que les gustaban.
Las cosas que odiaban.
Y poco a poco, el ambiente se volvió más relajado.
—No puedo creer que te guste la pizza con piña —dijo Valeria.
—No puedo creer que me estés juzgando por eso.
—Porque es un crimen.
—Entonces soy culpable.
Ambos soltaron una carcajada.
Por un momento olvidaron los contratos, la prensa y el extraño matrimonio.
Hasta que un sonido interrumpió la tranquilidad.
¡Bip!
El teléfono de Adrián vibró.
Él revisó la pantalla.
Su expresión cambió.
—¿Qué pasa? —preguntó Valeria.
—Nada importante.
—Esa cara dice lo contrario.
Adrián dudó unos segundos.
Finalmente mostró el mensaje.
Era de Renata.
"Necesitamos hablar. Esto no ha terminado."
Valeria sintió una punzada extraña en el pecho.
—¿Tu ex?
—Sí.
—Parece insistente.
—Mucho.
Valeria intentó sonar indiferente.
—Bueno, es asunto tuyo.
Pero Adrián notó algo raro en su voz.
Y una pequeña sonrisa apareció en su rostro.
—¿Estás celosa?
—¿Qué?
—Estás celosa.
—¡Claro que no!
—Ajá.
—¡No estoy celosa!
—Lo que tú digas.
Valeria le lanzó una almohada.
Adrián la atrapó entre risas.
Justo entonces alguien llamó a la puerta.
Toc. Toc.
Ambos se quedaron quietos.
—¿Quién será ahora? —preguntó Valeria.
Al abrir, encontraron a Leonardo.
—¿Interrumpo algo?
Los dos se pusieron de pie de inmediato.
—No.
—Para nada.
Leonardo los observó con atención.
—Mañana asistirán conmigo a una gala benéfica.
—¿Mañana? —preguntó Valeria.
—Sí.
—¿Como pareja?
—Son una pareja.
—Técnicamente...
—Son una pareja.
Valeria decidió no discutir.
—Entendido.
Leonardo asintió.
Antes de irse, miró a Adrián.
—Y procura no causar otro escándalo.
—Haré mi mejor esfuerzo.
Cuando la puerta se cerró, Valeria dejó caer la cabeza hacia atrás.
—Una gala. Perfecto.
—¿Nunca has ido a una?
—No a una llena de millonarios.
—Yo tampoco las disfruto.
—¿Entonces por qué vas?
—Porque mi padre me obliga.
Valeria sonrió.
—Al menos sufriremos juntos.
—Eso es lo más romántico que me has dicho.
—Vuelve a decir algo así y te saco de mi habitación.
Ambos volvieron a reír.
Sin embargo, lejos de la mansión, Renata observaba varias fotografías sobre una mesa.
Fotos de Valeria.
Su universidad.
Sus amigos.
Su familia.
Toda la información que había pedido.
Renata sonrió lentamente.
—Veamos cuánto tiempo puedes seguir jugando a ser la señora Vega.
Tomó una de las fotografías.
Y comenzó a preparar su siguiente movimiento.
Mientras tanto, en la mansión, Valeria y Adrián no tenían idea de que alguien estaba investigando cada detalle de sus vidas. Y muy pronto, esos secretos comenzarían a salir a la luz.