Nos casamos en la Vegas y no me acuerdo

Capítulo 10: Recuerdos que regresan

Valeria permaneció en silencio.

La imagen seguía en su mente.

Un jardín enorme.

Un árbol lleno de flores.

Dos niños riendo.

Y aquella promesa.

"Cuando crezcamos, siempre seremos amigos."

—Valeria —llamó Adrián— ¿estás bien?

Ella volvió a la realidad.

—Creo... creo que recordé algo.

Leonardo y Adrián la miraron inmediatamente.

—¿Qué recordaste? —preguntó Leonardo.

Valeria observó la fotografía que sostenía.

—Un árbol.

—¿Un árbol? —repitió Adrián.

—Y a nosotros jugando juntos.

El silencio llenó la habitación.

Leonardo parecía sorprendido.

—Entonces los recuerdos están regresando.

—¿Qué significa eso?

—Que tal vez recuerdes lo que ocurrió antes del accidente.

Valeria bajó la vista.

Cada vez había más preguntas.

Y cada respuesta parecía traer nuevos misterios.

En ese momento, el teléfono de Adrián comenzó a sonar.

Era Diego.

—¿Qué pasa?

La voz de Diego sonó nerviosa.

—Necesitan regresar a la mansión ahora mismo.

—¿Por qué?

—Porque alguien entró a tu oficina.

La expresión de Adrián cambió.

—¿Qué?

—Y revisó varios archivos antiguos.

Leonardo se puso de pie de inmediato.

—¿Robaron algo?

—No estamos seguros.

—Voy para allá.

La llamada terminó.

Durante el trayecto de regreso, nadie habló demasiado.

La tensión era evidente.

Cuando finalmente llegaron a la mansión, encontraron a Diego y Camila esperándolos.

—¿Qué ocurrió? —preguntó Adrián.

Diego señaló la oficina.

—Entraron hace menos de una hora.

Todos entraron rápidamente.

A simple vista todo parecía normal.

Pero varios cajones estaban abiertos.

Y algunos documentos habían desaparecido.

Leonardo revisó el escritorio.

Su rostro perdió el color.

—No...

—¿Qué falta? —preguntó Adrián.

Leonardo cerró los ojos.

—Los archivos del accidente.

La habitación quedó completamente en silencio.

—¿Alguien los robó? —preguntó Valeria.

—Sí.

—¿Por qué?

Leonardo tardó varios segundos en responder.

—Porque alguien no quiere que descubran la verdad.

Valeria sintió un escalofrío.

Todo aquello estaba dejando de parecer un simple escándalo.

Alguien estaba buscando información.

Alguien estaba moviendo piezas.

Y esa persona parecía ir siempre un paso adelante.

Esa misma noche, mientras todos intentaban descubrir quién había entrado en la oficina, una figura encapuchada caminó por un estacionamiento subterráneo.

Llevaba una carpeta negra bajo el brazo.

Dentro estaban los documentos robados.

La persona abrió uno de los archivos.

Y sonrió.

—Así que este era el secreto.

Sacó su teléfono.

—Señorita Beltrán...

Al otro lado de la línea, Renata respondió.

—¿Lo encontraste?

—Sí.

—¿Y?

La sonrisa del desconocido se hizo más grande.

—Valeria y Adrián no solo se conocían cuando eran niños.

Hubo un largo silencio.

—Continúa.

—Sus familias ocultaron algo mucho más importante.

Renata apretó el teléfono.

—Perfecto.

—¿Qué hacemos ahora?

Renata miró una fotografía de Adrián sobre su escritorio.

Y respondió con calma:

—Vamos a destruirlos antes de que descubran la verdad.

Muy lejos de allí, en la mansión Vega, Valeria observaba por la ventana sin saber que el peligro se acercaba cada vez más.

Y que el secreto del accidente estaba a punto de cambiar sus vidas para siempre.

Continuará...




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