Nos casamos en la Vegas y no me acuerdo

Capítulo 11: La carta escondida

La mañana siguiente en la mansión Vega comenzó de forma extraña.

Nadie había dormido bien.

Ni Adrián.

Ni Valeria.

Ni siquiera Leonardo.

El robo de los archivos seguía ocupando los pensamientos de todos.

Durante el desayuno, el silencio reinaba en la mesa.

Hasta que una empleada apareció apresuradamente.

—Señor Vega.

—¿Sí?

—Encontramos esto en la oficina.

Le entregó una pequeña caja de madera.

Leonardo frunció el ceño.

—Nunca había visto esta caja.

Valeria observó el objeto con curiosidad.

Parecía antigua.

Como si hubiera permanecido escondida durante años.

Leonardo la abrió lentamente.

Dentro solo había una llave dorada y una carta.

El hombre tomó el sobre.

Su expresión cambió al leer el nombre escrito en él.

—No puede ser...

—¿Qué ocurre? —preguntó Adrián.

Leonardo levantó la carta.

—Está dirigida a ustedes dos.

—¿A nosotros? —preguntó Valeria.

Leonardo entregó el sobre.

Con manos temblorosas, Adrián lo abrió.

La carta era vieja.

Muy vieja.

El papel estaba amarillento por el paso del tiempo.

Valeria comenzó a leer en voz alta.

"Si están leyendo esto, significa que el pasado finalmente los alcanzó."

Todos guardaron silencio.

"Hay cosas que nunca pudieron explicarse cuando eran niños."

"La verdad fue escondida para protegerlos."

"Pero llegará el día en que deberán conocerla."

Valeria tragó saliva.

"La llave que acompaña esta carta abre una caja de seguridad en la antigua estación ferroviaria de San Miguel."

"Allí encontrarán todo lo que necesitan saber."

"Confíen el uno en el otro."

"Y recuerden que algunas promesas jamás desaparecen."

La carta terminaba sin firma.

—¿Quién la escribió? —preguntó Camila.

—No lo sé —respondió Leonardo.

Pero su expresión indicaba que sospechaba algo.

Diego tomó la llave.

—Entonces tenemos una misión.

—No es tan simple —dijo Leonardo.

—¿Por qué?

—Porque si alguien robó los archivos, también buscará lo que haya en esa caja.

Valeria observó la llave.

Sentía que aquel pequeño objeto pesaba toneladas.

Como si guardara respuestas importantes.

Adrián la miró.

—¿Qué piensas?

Valeria respiró profundamente.

—Que necesitamos ir.

—Yo también.

—Entonces iremos.

Leonardo abrió la boca para protestar.

Pero se detuvo.

Finalmente asintió.

—De acuerdo.

—¿En serio? —preguntó Adrián sorprendido.

—Pero no irán solos.

Horas más tarde, mientras preparaban el viaje a San Miguel, Renata recibió una llamada.

—¿Qué sucede?

La voz del otro lado respondió:

—Encontraron la llave.

La sonrisa de Renata desapareció.

—¿Ya saben sobre la estación?

—Sí.

Renata se levantó de golpe.

—Entonces debemos llegar antes que ellos.

Colgó inmediatamente.

Por primera vez parecía preocupada.

Porque si Adrián y Valeria descubrían lo que estaba escondido...

Todo su plan podría derrumbarse.

Mientras tanto, en la mansión Vega, Valeria guardó la llave en su bolso.

Sin saber que aquel viaje cambiaría para siempre todo lo que creía saber sobre su pasado.

Y sobre la verdadera razón por la que terminó casada con Adrián en Las Vegas.

Continuará...




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