Nos casamos en la Vegas y no me acuerdo

Capítulo 12: La estación olvidada

A la mañana siguiente, Adrián y Valeria partieron hacia San Miguel acompañados por Diego y Camila.

Leonardo insistió en que fueran con cuidado.

—Si algo parece sospechoso, regresen inmediatamente.

—Lo entendemos —respondió Adrián.

Después de varias horas de viaje, llegaron a la antigua estación ferroviaria.

El lugar parecía detenido en el tiempo.

Las paredes estaban desgastadas.

Las ventanas cubiertas de polvo.

Y las viejas vías se extendían hacia el horizonte.

—Da un poco de miedo —admitió Camila.

—Mucho miedo —corrigió Diego.

Valeria sacó la llave dorada.

Su corazón latía con fuerza.

—Bueno... llegamos hasta aquí.

Entraron al edificio.

Tras recorrer varios pasillos encontraron una pequeña sala de seguridad.

En una pared había decenas de cajas metálicas numeradas.

La llave tenía grabado el número 27.

—Esa debe ser —dijo Adrián.

Valeria respiró hondo.

Introdujo la llave.

Giró lentamente.

Clic.

La puerta se abrió.

Dentro había una carpeta gruesa.

Un álbum de fotografías.

Y una pequeña caja de terciopelo azul.

—¿Eso es todo? —preguntó Diego.

Valeria tomó el álbum.

Las primeras fotografías mostraban a ambas familias juntas.

Fiestas.

Cumpleaños.

Viajes.

Momentos felices.

Pero al avanzar varias páginas encontraron algo inesperado.

Una fotografía de dos niños.

Adrián y Valeria.

Sosteniendo unos anillos de juguete.

Debajo había una nota escrita a mano.

"Promesa de matrimonio. Verano de 2015."

Todos se quedaron congelados.

—¿Qué? —susurró Camila.

—¿Promesa de matrimonio? —repitió Diego.

Adrián observó la imagen sin poder creerlo.

Valeria sintió que el mundo daba vueltas.

—¿Nosotros hicimos eso?

—Parece que sí.

Con manos temblorosas abrió la pequeña caja azul.

Dentro había dos pulseras infantiles.

Y una carta.

Adrián la leyó en voz alta.

"Si algún día olvidan quiénes son el uno para el otro, recuerden este momento."

"Las promesas hechas con el corazón siempre encuentran el camino de regreso."

Valeria sintió una extraña emoción.

Como si una parte de ella reconociera aquellas palabras.

Pero antes de que pudiera decir algo...

Escucharon un ruido.

¡Golpe!

Todos giraron rápidamente.

La puerta de la sala acababa de cerrarse sola.

—¿Escucharon eso? —preguntó Diego.

Entonces otro sonido resonó.

Pasos.

Alguien estaba afuera.

Y no parecían estar solos.

Adrián se colocó delante de Valeria instintivamente.

Los pasos se acercaban cada vez más.

Lentos.

Constantes.

Amenazantes.

La manija comenzó a girar.

Y todos contuvieron la respiración.

Continuará...




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