Nos casamos en la Vegas y no me acuerdo

Capítulo 13: El visitante inesperado

La manija siguió girando.

Una vez.

Dos veces.

Tres veces.

Valeria sintió que el corazón le latía tan fuerte que podía escucharlo.

Adrián se colocó frente a ella.

Diego tomó una vieja barra metálica que encontró cerca.

Camila se escondió detrás de una estantería.

La puerta se abrió lentamente.

Todos contuvieron la respiración.

Y entonces...

—¿Por qué me están mirando así?

Todos parpadearon.

Frente a ellos estaba un anciano de cabello blanco sosteniendo un manojo de llaves.

—¿Qué?

—¿Quién es usted? —preguntó Adrián.

—Podría preguntar lo mismo.

El hombre los observó durante unos segundos.

Luego miró la caja de seguridad abierta.

Su expresión cambió.

—Así que finalmente vinieron.

El grupo quedó inmóvil.

—¿Nos conoce? —preguntó Valeria.

El anciano sonrió.

—Los estaba esperando.

—¿Esperándonos?

—Durante muchos años.

Nadie entendía nada.

El hombre caminó lentamente hasta ellos.

—Mi nombre es Ernesto.

—¿Quién es usted exactamente? —preguntó Diego.

—Fui el encargado de esta estación.

Entonces observó a Valeria y Adrián.

—Y también fui amigo de sus padres.

El silencio volvió a llenar la habitación.

—¿Conocía a nuestras familias? —preguntó Adrián.

—Muy bien.

Ernesto señaló la carpeta.

—¿Encontraron las fotografías?

—Sí.

—Entonces ya saben que eran inseparables cuando eran niños.

Valeria bajó la vista hacia la foto de la promesa.

Todavía le parecía imposible.

—Hay algo más —dijo Ernesto.

Todos levantaron la mirada.

—Mucho más.

El anciano tomó asiento.

Parecía cansado.

Como si hubiera esperado años para contar aquella historia.

—El accidente que separó a sus familias no fue un accidente común.

Adrián frunció el ceño.

—¿Qué significa eso?

—Significa que hubo personas responsables.

La habitación quedó completamente en silencio.

—¿Responsables? —repitió Valeria.

Ernesto asintió lentamente.

—Y esas personas hicieron todo lo posible para que la verdad desapareciera.

Camila abrió los ojos.

—¿Estás diciendo que alguien ocultó lo ocurrido?

—Exactamente.

Diego intercambió una mirada con Adrián.

Todo comenzaba a volverse más serio.

Mucho más serio.

Entonces Ernesto sacó una fotografía de su bolsillo.

La colocó sobre la mesa.

Valeria la tomó.

Su respiración se detuvo.

En la imagen aparecían sus padres.

Los padres de Adrián.

Y una quinta persona.

Un hombre desconocido.

—¿Quién es él? —preguntó.

La expresión de Ernesto se volvió grave.

—La persona que destruyó todo.

El silencio fue absoluto.

—¿Dónde está ahora? —preguntó Adrián.

—No lo sé.

—¿Está vivo?

—Sí.

Valeria sintió un escalofrío.

Ernesto observó la fotografía unos segundos.

Luego dijo algo que dejó a todos sin palabras.

—Y es muy probable que siga vigilándolos incluso ahora.

Todos se quedaron inmóviles.

Porque por primera vez comprendieron que alguien había estado moviendo los hilos durante años.

Y que tal vez su inesperada boda en Las Vegas no había sido tan accidental como parecía.

Mientras tanto, a varios kilómetros de distancia, Renata observaba una fotografía reciente de Adrián y Valeria.

Su teléfono sonó.

—¿Sí?

La voz del otro lado habló durante unos segundos.

Y la sonrisa de Renata desapareció.

—¿Qué dijiste?

Escuchó atentamente.

Luego se puso de pie.

—No puede ser...

Por primera vez desde que comenzó todo, Renata parecía realmente asustada.

Porque acababa de descubrir el nombre del hombre de la fotografía.

Y sabía exactamente de lo que era capaz.

Continuará...




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