Nos casamos en la Vegas y no me acuerdo

Capítulo 14: El nombre prohibido

La tensión en la antigua estación era insoportable.

Valeria sostenía la fotografía con las manos temblorosas.

—¿Quién es ese hombre? —preguntó nuevamente.

Ernesto permaneció en silencio unos segundos.

Como si incluso pronunciar aquel nombre fuera peligroso.

Finalmente habló.

—Se llama Mauricio Serrano.

Adrián frunció el ceño.

—Nunca había escuchado ese nombre.

—Porque quienes lo conocían prefirieron olvidarlo.

—¿Por qué?

Ernesto observó la vieja fotografía.

—Porque fue como un miembro de la familia.

Todos quedaron sorprendidos.

—¿Era amigo de nuestros padres? —preguntó Valeria.

—Sí.

—Entonces, ¿qué pasó?

La expresión de Ernesto se oscureció.

—La ambición.

El silencio volvió a llenar la sala.

—Mauricio quería algo que no podía obtener.

—¿Qué cosa? —preguntó Camila.

—Poder.

Diego cruzó los brazos.

—Eso suena a película.

—Ojalá lo fuera.

Ernesto suspiró.

—Cuando las familias Vega y Torres comenzaron varios proyectos juntos, Mauricio intentó quedarse con todo.

—¿Y no lo logró? —preguntó Adrián.

—No.

—Entonces...

—Entonces decidió destruir lo que no podía controlar.

Valeria sintió un escalofrío.

—¿El accidente tuvo que ver con él?

Ernesto no respondió de inmediato.

Pero el silencio fue suficiente.

Todos entendieron.

—No puede ser... —susurró Valeria.

—Nunca pudieron probarlo —explicó Ernesto—, pero muchas personas sospecharon de él.

Adrián apretó los puños.

—¿Y desapareció?

—Sí.

—¿Durante todos estos años?

—Hasta ahora.

Valeria levantó la mirada.

—¿Hasta ahora?

Ernesto asintió.

—Hace unos meses alguien afirmó haberlo visto nuevamente.

La habitación quedó en silencio.

Era imposible ignorar la coincidencia.

Primero la boda.

Luego los archivos robados.

Las fotografías filtradas.

Y ahora esto.

Todo parecía conectado.

De repente, el teléfono de Adrián comenzó a sonar.

Era Leonardo.

—Papá.

La voz al otro lado sonaba alarmada.

—¿Dónde están exactamente?

—En la estación.

—Regresen inmediatamente.

—¿Por qué?

Hubo una pausa.

—Porque alguien entró a la mansión.

Todos se quedaron inmóviles.

—¿Qué?

—Y preguntó por Valeria.

El corazón de Valeria se aceleró.

—¿Quién era?

—No lo sabemos.

—¿Qué quería?

—Solo dejó un mensaje.

Adrián tragó saliva.

—¿Cuál?

La voz de Leonardo se volvió seria.

—Dijo que el juego ya había comenzado.

La llamada terminó.

Un silencio aterrador llenó la habitación.

Nadie dijo una palabra.

Ni siquiera Diego.

Ni Camila.

Ernesto fue el primero en reaccionar.

—Deben irse.

—¿Qué?

—Ahora mismo.

—¿Por qué?

El anciano observó la puerta de la estación.

—Porque si Mauricio realmente regresó...

Ya sabe dónde encontrarlos.

Afuera, el viento comenzó a soplar con fuerza.

Valeria guardó la fotografía en su bolso.

Sin saber que, en ese mismo momento, un automóvil negro estaba estacionado a pocos metros de la estación.

Y desde el interior, un hombre observaba la entrada.

Oculto tras unos lentes oscuros.

Esperando.

Sonrió lentamente.

Y murmuró:

—Después de tantos años... por fin volvemos a encontrarnos.

La verdadera amenaza acababa de aparecer.

Continuará...




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.