La voz de Ernesto fue tan firme que nadie discutió.
Adrián tomó la carpeta, las fotografías y la caja azul.
Valeria guardó todo cuidadosamente en su bolso.
Camila y Diego caminaron detrás de ellos mientras abandonaban la estación.
El viento soplaba con fuerza.
Las nubes oscuras cubrían el cielo.
Y el ambiente se sentía extraño.
Como si algo estuviera a punto de ocurrir.
Cuando salieron al estacionamiento, Adrián se detuvo.
—¿Ese auto estaba aquí cuando llegamos?
Todos miraron hacia un automóvil negro estacionado cerca de las vías.
—No lo recuerdo —dijo Diego.
Valeria sintió un escalofrío.
En ese instante, el motor del vehículo se encendió.
—Adrián...
—Lo veo.
El automóvil arrancó lentamente.
Luego comenzó a avanzar hacia ellos.
—Suban al coche —ordenó Adrián.
Nadie perdió tiempo.
Corrieron hacia su vehículo.
Camila fue la primera en entrar.
Diego cerró la puerta rápidamente.
Valeria estaba a punto de subir cuando escuchó una voz.
—Valeria Torres.
Su cuerpo se congeló.
La voz provenía del automóvil negro.
Pero no podía ver al conductor.
—Valeria, entra al coche —dijo Adrián.
Ella reaccionó inmediatamente.
Subió y cerró la puerta.
Adrián arrancó.
El vehículo salió del estacionamiento.
Pero el automóvil negro comenzó a seguirlos.
—Nos están persiguiendo —dijo Diego.
—Ya me di cuenta.
Valeria miró por la ventana.
El coche seguía detrás de ellos.
Sin acercarse demasiado.
Sin alejarse.
Solo observando.
—¿Qué hacemos? —preguntó Camila.
—Llegar a la ciudad.
—¿Y después?
—Improvisar.
—Eso no me tranquiliza.
Adrián aceleró.
El automóvil negro hizo lo mismo.
Durante varios kilómetros continuaron así.
Una persecución silenciosa.
Tensa.
Inquietante.
Hasta que finalmente entraron a una zona con más tráfico.
El vehículo negro quedó atrapado detrás de varios camiones.
—Lo perdimos —dijo Diego.
Adrián no respondió.
Seguía observando por el espejo.
Por si acaso.
Minutos después llegaron a una cafetería para descansar.
Todos estaban nerviosos.
—Esto ya no es normal —dijo Camila.
—Hace tiempo que dejó de ser normal —respondió Valeria.
Entonces algo llamó su atención.
Había un sobre blanco sobre la mesa.
Nadie lo había visto antes.
—¿Eso estaba ahí? —preguntó.
Todos negaron con la cabeza.
Valeria tomó el sobre.
Su nombre estaba escrito en la parte frontal.
Con letra elegante.
Lo abrió lentamente.
Dentro había una sola hoja.
La leyó en silencio.
Y su rostro perdió el color.
—¿Qué dice? —preguntó Adrián.
Valeria levantó la vista.
—Dice...
Su voz tembló.
—"Recuerdo la promesa bajo el árbol."
El silencio fue absoluto.
Porque esa era exactamente la frase que había recordado días atrás.
Una frase que nadie más debería conocer.
Nadie.
Adrián tomó la carta.
Al final había una firma.
Una sola letra.
M.
Y por primera vez, Valeria tuvo la certeza de que Mauricio Serrano no solo había regresado.
También estaba observándolos muy de cerca.
Y sabía cosas que jamás debería saber.
Continuará...