Todos se reunieron en el despacho de Leonardo.
El viejo diario descansaba sobre la mesa.
Valeria no podía apartar la vista de él.
Era como si una parte de su pasado estuviera encerrada entre aquellas páginas.
Leonardo lo abrió con cuidado.
Las hojas estaban desgastadas por el tiempo.
En la primera página había una fotografía.
Valeria la reconoció inmediatamente.
Era su padre.
Mucho más joven.
Sonriendo.
Por un instante sintió un nudo en la garganta.
—Hace años —comenzó Leonardo— tu padre escribió todo lo que estaba ocurriendo.
Valeria pasó la página.
Había notas, reuniones y proyectos compartidos entre las familias Torres y Vega.
Todo parecía normal.
Hasta que encontró una entrada diferente.
La letra era apresurada.
Como si hubiera sido escrita con urgencia.
"Mauricio está cambiando."
La habitación quedó en silencio.
Valeria siguió leyendo.
"Cada día parece más obsesionado con obtener el control de todo."
"Empiezo a preocuparme por lo que podría hacer."
Adrián frunció el ceño.
—Mi padre nunca me habló de esto.
—Porque esperábamos que jamás fuera necesario —respondió Leonardo.
Valeria continuó leyendo.
Otra página.
Otra fecha.
Otra anotación.
"Si algo me sucede, quiero que Valeria esté protegida."
Las manos de Valeria comenzaron a temblar.
—¿Protegerme?
Leonardo bajó la mirada.
—Tu padre siempre pensó en ti primero.
Valeria sonrió con tristeza.
Aunque apenas recordaba algunas cosas de él, aquellas palabras la hicieron sentir cerca de él nuevamente.
Entonces llegó a una de las últimas páginas.
Y todo cambió.
La tinta estaba corrida.
Como si hubiera sido escrita bajo mucha presión.
"Descubrí lo que Mauricio está planeando."
"Si tiene éxito, nuestras familias perderán todo."
"Debo detenerlo."
El silencio era absoluto.
Valeria tragó saliva.
—¿Eso fue antes del accidente?
—Sí —respondió Leonardo.
—Entonces sabía algo.
—Exactamente.
Diego se inclinó hacia adelante.
—¿Y qué descubrió?
Leonardo negó lentamente.
—Las siguientes páginas fueron arrancadas.
Todos quedaron congelados.
—¿Arrancadas? —preguntó Camila.
—Hace muchos años.
Valeria revisó el diario.
Era cierto.
Varias hojas faltaban.
Justo las que parecían contener las respuestas.
—No puede ser...
Entonces algo cayó del interior del cuaderno.
Un pequeño papel doblado.
Nadie lo había visto antes.
Valeria lo recogió.
Al abrirlo encontró una dirección escrita a mano.
Y una frase.
"Si alguna vez necesitan la verdad, búsquenla aquí."
Todos observaron la dirección.
Adrián fue el primero en reconocerla.
—No puede ser.
—¿Qué sucede? —preguntó Valeria.
—Es una cabaña.
—¿Una cabaña?
—Sí.
Leonardo abrió los ojos.
—Pensé que ya no existía.
—¿Qué lugar es ese?
Adrián miró a Valeria.
—Es donde jugábamos cuando éramos niños.
El corazón de Valeria dio un vuelco.
Más recuerdos comenzaron a aparecer.
Un lago.
Un columpio.
Risas.
Y la voz de un niño.
"Siempre te encontraré, Valeria."
Ella se llevó una mano a la cabeza.
—Lo recuerdo...
—¿Qué recuerdas? —preguntó Adrián.
—La cabaña.
Todos se quedaron inmóviles.
Porque era la primera vez que Valeria recordaba algo tan claramente.
Y si los recuerdos seguían regresando...
Tal vez la verdad también estaba a punto de hacerlo.
Mientras tanto, en otro lugar de la ciudad, Mauricio Serrano observaba una fotografía de aquella misma cabaña.
Sonrió lentamente.
—Así que encontraron la pista.
Tomó su abrigo.
Y salió de la habitación.
Porque sabía exactamente adónde irían después.
Y planeaba llegar antes que ellos.
Continuará...