Leonardo quiso acompañarlos, pero decidió quedarse para investigar más sobre Mauricio.
—Tengan cuidado —les dijo antes de salir.
—Lo tendremos —respondió Adrián.
Después de varias horas de viaje llegaron a una zona boscosa.
El lugar parecía exactamente como en los recuerdos de Valeria.
Árboles altos.
Un lago tranquilo.
Y al fondo...
Una vieja cabaña de madera.
Valeria se quedó inmóvil.
—Es aquí.
Adrián la observó.
—¿Lo recuerdas?
Ella asintió lentamente.
—Cada vez más.
Camila sonrió.
—Eso es bueno, ¿verdad?
Valeria no estaba tan segura.
Algunos recuerdos eran felices.
Pero otros venían acompañados de una sensación extraña.
Como si algo malo hubiera ocurrido allí.
El grupo avanzó hacia la cabaña.
La puerta estaba cerrada.
Pero sorprendentemente, la llave seguía puesta.
—Eso es inquietante —comentó Diego.
—Mucho —respondió Camila.
Adrián abrió la puerta.
La madera crujió.
El interior estaba cubierto de polvo.
Parecía abandonado desde hacía años.
Pero algunas cosas seguían en su lugar.
Un viejo sofá.
Una mesa pequeña.
Y fotografías infantiles colgadas en una pared.
Valeria se acercó lentamente.
Su respiración se detuvo.
En una de las imágenes aparecían ella y Adrián cuando eran niños.
Sonriendo frente al lago.
—No puedo creerlo...
Adrián se quedó junto a ella.
—Sí éramos muy cercanos.
Valeria sonrió sin darse cuenta.
Entonces algo llamó su atención.
En una esquina de la fotografía había una fecha.
Y debajo, una frase escrita con marcador.
"Mejores amigos para siempre."
Su corazón dio un pequeño salto.
Pero antes de que pudiera decir algo...
Escuchó un ruido.
Toc.
Toc.
Toc.
Todos giraron.
El sonido venía del piso.
—¿Escucharon eso? —preguntó Diego.
Adrián comenzó a buscar.
Después de unos minutos encontró una tabla suelta.
—Aquí.
Entre todos la levantaron.
Debajo había un pequeño compartimiento oculto.
Y dentro...
Una caja metálica.
Valeria la abrió cuidadosamente.
Había fotografías.
Cartas.
Y una grabadora antigua.
Camila tomó una de las cartas.
—¿De quién es?
Valeria observó la firma.
Y abrió los ojos.
—Es de mi padre.
El silencio llenó la habitación.
Adrián encendió la grabadora.
Al principio solo se escuchó estática.
Luego una voz masculina.
Una voz que Valeria reconoció de inmediato.
Era la voz de su padre.
—Si alguien está escuchando esto...
La joven sintió que las lágrimas amenazaban con aparecer.
—...significa que finalmente encontraron la cabaña.
Todos escuchaban en absoluto silencio.
—Hay cosas que nunca pude explicar.
—Y secretos que tuve que esconder.
La grabación continuó.
—Si Mauricio regresa, sabrán que no fue una coincidencia.
Valeria sintió un escalofrío.
—Porque él siempre estuvo interesado en algo muy específico.
La voz hizo una pausa.
Y luego dijo algo que dejó a todos sin palabras.
—No estaba buscando dinero.
—Estaba buscando a Valeria.
El silencio fue absoluto.
Nadie se movió.
Nadie habló.
Valeria sintió que el mundo entero se detenía.
Porque acababa de descubrir que ella siempre había sido el verdadero objetivo.
Y aún no sabía por qué.
Continuará...