Nos casamos en la Vegas y no me acuerdo

Capítulo 20: La propiedad abandonada

Esa misma tarde, el grupo abandonó la cabaña.

Valeria no dejó de mirar el collar ni un solo segundo durante el viaje.

Sentía que aquella pequeña pieza guardaba respuestas que habían permanecido ocultas durante años.

—¿Estás bien? —preguntó Adrián.

—No lo sé.

—Es mucho para procesar.

—Sí.

Adrián le sonrió con suavidad.

—No estás sola.

Valeria sintió algo cálido en el pecho.

Últimamente, cada vez que estaba nerviosa, Adrián parecía encontrar la forma de tranquilizarla.

Y eso empezaba a asustarla un poco.

Porque ya no lo veía solo como su esposo accidental.

Cuando llegaron a la propiedad señalada por las coordenadas, el sol comenzaba a ocultarse.

Un viejo portón oxidado bloqueaba la entrada.

Detrás se extendía un terreno enorme cubierto por árboles.

Y en el centro...

Una casa antigua.

Abandonada.

—Este lugar parece sacado de una película de misterio —dijo Diego.

—No digas eso —respondió Camila—, ya estoy nerviosa.

Valeria observó la casa.

Y de repente un recuerdo cruzó su mente.

—Yo estuve aquí.

Todos la miraron.

—¿Lo recuerdas? —preguntó Adrián.

—Sí... creo que sí.

La sensación era cada vez más fuerte.

Entraron con cuidado.

La puerta principal estaba abierta.

El interior estaba cubierto de polvo.

Parecía que nadie había vivido allí durante años.

Pero algo llamó la atención de Valeria.

Una pintura colgada sobre la chimenea.

La reconoció inmediatamente.

—Mi abuelo la pintó.

Adrián se acercó.

—¿Estás segura?

—Sí.

Valeria observó la pintura durante varios segundos.

Entonces notó algo extraño.

En una esquina había una pequeña marca grabada.

La misma que aparecía en el collar.

—Adrián.

—¿Qué sucede?

—Mira esto.

Adrián observó la marca.

Luego el collar.

Y después la pintura.

—No puede ser.

Con cuidado movió el cuadro.

Detrás había una pequeña caja fuerte empotrada en la pared.

Todos quedaron sorprendidos.

—¡La encontraron! —gritó Diego.

Valeria respiró profundamente.

Tomó el collar.

Y encajó la pieza central en una ranura de la caja.

Clic.

La cerradura se abrió.

Lentamente.

Muy lentamente.

Valeria abrió la puerta metálica.

Dentro había una carpeta gruesa.

Varios documentos.

Y una memoria USB.

—¿Eso es todo? —preguntó Camila.

—Parece que sí.

Valeria tomó la carpeta.

En la portada había una sola frase.

"Si estás leyendo esto, significa que Mauricio llegó demasiado lejos."

El corazón de todos se aceleró.

Adrián abrió la carpeta.

Las primeras páginas contenían contratos.

Registros financieros.

Y fotografías.

Muchas fotografías.

Todas relacionadas con actividades ilegales realizadas años atrás.

—Mi abuelo reunió pruebas —susurró Valeria.

—Y muchas —añadió Diego.

Pero entonces Adrián encontró la última página.

Y su expresión cambió completamente.

—No...

—¿Qué pasa? —preguntó Valeria.

Adrián levantó la hoja.

Todos la observaron.

Y quedaron paralizados.

Porque allí aparecía una fotografía reciente.

Tomada apenas unas semanas antes.

Una fotografía de Valeria.

Entrando a la universidad.

—¿Qué...? —susurró ella.

Debajo de la imagen había una nota escrita a mano.

"La vigilancia continúa."

El silencio fue aterrador.

Porque significaba una sola cosa.

Alguien había seguido observándola incluso después de todos esos años.

Y ese alguien estaba mucho más cerca de lo que imaginaban.

Afuera de la casa, un automóvil negro se detuvo lentamente frente al portón.

La puerta se abrió.

Y una figura descendió del vehículo.

Por primera vez.

Mauricio Serrano había decidido aparecer.

Continuará...




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.