El aire en la propiedad se volvió pesado.
Valeria apenas había terminado de ver la fotografía cuando un sonido metálico resonó afuera.
Craaack.
El portón oxidado se movió.
Lentamente.
Como si alguien lo estuviera abriendo desde el exterior.
—No… —susurró Camila.
Diego se colocó frente a ella instintivamente.
Adrián tomó a Valeria del brazo.
—Quédate detrás de mí.
Valeria no discutió.
El portón terminó de abrirse.
Y una figura apareció entre la luz del atardecer.
Traje oscuro.
Paso tranquilo.
Mirada fija.
No parecía apresurado.
No parecía nervioso.
Parecía alguien que había esperado ese momento durante años.
Mauricio Serrano.
El silencio fue inmediato.
Incluso el viento pareció detenerse.
—Vaya… —dijo él finalmente—. Así que llegaron hasta aquí.
Su voz era calmada.
Demasiado calmada.
Valeria sintió un escalofrío recorrerle el cuerpo.
Adrián dio un paso al frente.
—¿Qué quieres?
Mauricio sonrió levemente.
—Siempre tan directo, Adrián.
Diego apretó los puños.
—No te acerques.
Mauricio lo ignoró.
Sus ojos estaban puestos en Valeria.
—Has crecido… mucho.
Valeria sintió incomodidad inmediata.
—¿Quién eres realmente?
Mauricio ladeó la cabeza.
—Alguien que ha estado presente en tu vida más de lo que imaginas.
Valeria negó.
—Eso no es posible.
Mauricio sacó lentamente un teléfono.
Lo desbloqueó.
Y lo giró hacia ellos.
En la pantalla había imágenes.
Fotos antiguas.
Más recientes.
Valeria en la escuela.
En la universidad.
En la cafetería.
Incluso en la estación ferroviaria.
Camila abrió los ojos.
—Esto es acoso…
—Es observación —corrigió Mauricio—. Necesaria.
Adrián dio un paso más.
—¿Desde cuándo?
Mauricio lo miró por primera vez directamente.
—Desde siempre.
El silencio se volvió aún más tenso.
Valeria sintió que el mundo se inclinaba.
—¿Qué quieres de mí?
Mauricio suspiró suavemente.
—La llave.
Valeria instintivamente tocó su bolso.
—¿Qué llave?
Mauricio sonrió.
—No hagas como si no supieras.
Adrián apretó la mandíbula.
—No vas a tocarla.
Mauricio lo miró con calma.
—No estoy aquí para pelear contigo, Adrián.
Luego volvió a mirar a Valeria.
—Estoy aquí porque esa llave abre algo que pertenece a tu familia.
Valeria sintió un vacío en el estómago.
—Ya vimos los documentos…
—Eso no es todo —interrumpió Mauricio.
Se hizo un silencio breve.
Luego añadió:
—Lo que tu abuelo escondió no era solo evidencia.
Valeria frunció el ceño.
—Entonces, ¿qué es?
Mauricio dio un paso hacia adelante.
Adrián se colocó inmediatamente entre ambos.
—No te acerques.
Mauricio lo miró con una calma inquietante.
—No vas a poder protegerla de esto.
El viento sopló con fuerza.
Y por un segundo, todo pareció detenerse.
Mauricio habló finalmente.
—Lo que está escondido… es un registro completo de todas las personas involucradas.
Valeria sintió un escalofrío.
—¿Y eso qué significa?
Mauricio sonrió ligeramente.
—Que tu abuelo no solo guardó pruebas.
Guardó nombres.
Nombres de personas poderosas.
Y uno de esos nombres…
Mauricio lo miró directamente.
—Es el de alguien que todavía está muy cerca de ustedes.
El silencio fue absoluto.
Camila tragó saliva.
Diego miró alrededor con nerviosismo.
Adrián apretó los puños.
—¿Quién?
Mauricio no respondió de inmediato.
Solo señaló la casa detrás de ellos.
—Alguien que ya sabe que estoy aquí.
De pronto, dentro de la casa, una luz se encendió sola.
Luego otra.
Y otra más.
Valeria se giró lentamente.
—No… —susurró.
Mauricio dio un paso atrás por primera vez.
—Parece que no llegué solo.
El juego había cambiado otra vez.
Y esta vez, nadie sabía quién estaba cazando a quién.
Continuará...