Nos casamos en la Vegas y no me acuerdo

Capítulo 22: La casa que despertó

Las luces dentro de la casa siguieron encendiéndose una por una.

Como si alguien caminara en silencio por los pasillos.

Valeria sintió un frío intenso recorrerle el cuerpo.

—No hay nadie ahí dentro… —susurró Camila.

—Eso es lo que debería ser —respondió Diego.

Adrián no apartaba la vista de la entrada.

Mauricio, en cambio, parecía sorprendido… pero no asustado.

—Interesante… —murmuró él.

Valeria lo miró.

—¿Qué está pasando?

Mauricio no respondió.

Solo retrocedió un paso más.

—Esto no es mío.

Adrián frunció el ceño.

—¿De qué hablas?

Mauricio señaló la casa.

—Esa propiedad ya no debería tener energía.

El silencio se volvió más pesado.

Dentro de la casa, un ruido metálico resonó.

Clic… clac…

Como si algo se estuviera desbloqueando.

Valeria sintió que el collar en su bolso se calentaba ligeramente.

—Adrián… —dijo ella.

—Lo siento —respondió él sin dejar de mirar la casa—. No vamos a entrar.

Pero antes de que pudiera moverse…

La puerta principal de la casa se abrió sola.

Un golpe de viento salió del interior.

Y una voz desconocida resonó desde adentro.

—Por fin llegaron.

Todos se congelaron.

Camila dio un paso atrás.

—Yo no firmé para esto…

Diego la tomó del brazo.

—Nadie firmó para esto.

Mauricio entrecerró los ojos.

—No puede ser…

Adrián lo miró.

—¿Qué es ahora?

Mauricio bajó la voz.

—Esto no es parte del plan.

Valeria sintió un escalofrío más fuerte.

—¿Qué plan?

Mauricio no respondió.

La voz desde la casa volvió a hablar.

—Valeria Torres… entra.

El corazón de Valeria se detuvo por un segundo.

Adrián la sujetó del brazo.

—No.

Pero Valeria no se movió.

Porque esa voz…

No era desconocida.

Era imposible.

Era la misma voz que había escuchado en su recuerdo del árbol.

Camila abrió los ojos.

—Eso… eso no puede ser…

Diego tragó saliva.

—Dime que escuché mal.

Valeria dio un paso adelante sin querer.

—Esa voz…

Mauricio reaccionó rápido.

—¡No entres!

Pero ya era tarde.

La puerta de la casa se cerró de golpe.

Craaash.

El sonido retumbó por todo el terreno.

Adrián intentó correr hacia Valeria, pero una barrera metálica cayó automáticamente desde el techo del pórtico.

¡CLANG!

Los separó.

—¡VALERIA! —gritó Adrián.

Dentro de la casa, todo quedó en silencio otra vez.

Valeria estaba sola.

O eso parecía.

La voz volvió a hablar, ahora más cerca.

—Te tardaste.

Valeria respiró hondo.

—¿Quién eres?

Pasos.

Lentos.

Desde el pasillo oscuro.

Y entonces…

Una figura apareció bajo la luz.

Valeria abrió los ojos con horror.

—No… eso es imposible…

La figura dio un paso más.

Y el rostro comenzó a definirse.

Alguien que debería estar muerto.

O alguien que nunca había sido lo que parecía.

Y en el exterior, Mauricio apretó los dientes.

—Ahora sí… todo se salió de control.

Continuará…




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