Sobre la mesa descansaba un grueso contrato.
—Antes de firmar, deben conocer las condiciones —dijo el abogado.
Adrián cruzó los brazos.
—Termine de una vez.
Gabriel comenzó a leer.
—Primera regla: vivirán bajo el mismo techo durante un año.
Alessandra suspiró.
—Podré soportarlo.
—Segunda regla: deberán asistir juntos a todos los eventos familiares y empresariales.
Adrián rodó los ojos.
—Perfecto... más teatro.
—Tercera regla: nadie puede descubrir que este matrimonio es falso. Si alguien lo demuestra, ambos perderán todo.
Los dos intercambiaron una mirada seria.
—Cuarta regla: dormirán en la misma residencia para evitar sospechas.
—¡¿Qué?! —exclamaron al mismo tiempo.
Gabriel sonrió con tranquilidad.
—La mansión tiene muchas habitaciones. No exageren.
Después de unos minutos de silencio, ambos firmaron el contrato.
En ese instante, Gabriel sacó una pequeña caja.
Dentro había dos alianzas.
—Desde hoy, son oficialmente marido y mujer.
Adrián tomó el anillo sin emoción.
Alessandra hizo lo mismo.
Cuando sus miradas se cruzaron, ninguno sonrió.
—No te acostumbres —dijo Adrián.
—Créeme, cuento los días para divorciarme.
Horas más tarde, un automóvil negro se detuvo frente a la enorme Mansión Montenegro.
Alessandra bajó del vehículo observando el lugar.
—Así que aquí viviré un año...
La puerta principal se abrió.
Una elegante mujer los esperaba con una enorme sonrisa.
—¡Bienvenidos a casa, recién casados!
Era Sofía Montenegro, la hermana menor de Adrián.
Sin pensarlo dos veces, abrazó a Alessandra.
—¡Por fin tengo una cuñada!
Adrián y Alessandra se miraron con nerviosismo.
La primera actuación de su matrimonio falso acababa de comenzar.
Editado: 02.07.2026