Dos días después de la entrevista, Adrián recibió una elegante invitación con el sello del Grupo Montenegro.
—¿Qué sucede? —preguntó Alessandra al verlo tan serio.
—La gala anual de empresarios es este fin de semana.
Ella sonrió.
—¿Y?
—Todos esperan que aparezcamos juntos.
Alessandra dejó escapar un suspiro.
—Otra actuación...
—Y esta será la más importante.
La tarde de la gala, una reconocida diseñadora llegó a la mansión con varios vestidos.
—La señora Montenegro debe verse espectacular.
Después de probar varios modelos, Alessandra eligió un elegante vestido color azul oscuro con pequeños detalles plateados.
Cuando bajó las escaleras, Adrián se quedó inmóvil.
Por un instante olvidó respirar.
—¿Qué pasa? —preguntó ella, incómoda.
Él desvió la mirada.
—Nada... solo... ese vestido te queda bien.
Sofía sonrió al notar la escena.
—Creo que mi hermano se quedó sin palabras.
—¡Sofía! —protestó Adrián.
Al llegar a la gala, decenas de cámaras comenzaron a fotografiarlos.
—¡Señor Montenegro! ¡Por aquí!
—¡Una foto con su esposa!
Adrián tomó la mano de Alessandra con naturalidad.
Ella se sorprendió, pero no la soltó.
Mientras caminaban por el salón, muchos invitados los felicitaban.
—Hacen una pareja hermosa.
—Se nota que están muy enamorados.
Alessandra sonreía por compromiso, aunque cada vez le resultaba más difícil distinguir la actuación de la realidad.
De repente, una mujer de vestido rojo apareció frente a ellos.
Era Victoria Salazar.
Su elegante sonrisa ocultaba una evidente molestia.
—Así que era verdad... te casaste.
Adrián mantuvo la calma.
—Victoria.
Ella ignoró el saludo y observó a Alessandra de arriba abajo.
—Esperaba... alguien diferente.
Alessandra respondió con una sonrisa educada.
—Mucho gusto.
Victoria no estrechó su mano.
—Espero que cuides bien de Adrián.
El ambiente se volvió tenso.
Antes de marcharse, Victoria se acercó al oído de Alessandra y susurró:
—No te encariñes demasiado. Adrián nunca ha amado a nadie... y tú no serás la primera.
Alessandra sintió un extraño vacío en el pecho.
Más tarde, comenzó el tradicional baile de apertura.
El presentador anunció:
—¡Invitamos al señor y la señora Montenegro a inaugurar la pista!
Alessandra abrió los ojos con sorpresa.
—No sé bailar...
Adrián le sonrió por primera vez en toda la noche.
—Entonces confía en mí.
La tomó de la cintura con suavidad mientras ella apoyaba una mano en su hombro.
Al ritmo de la música, comenzaron a bailar.
Por unos minutos, olvidaron el contrato, las mentiras y las obligaciones.
Solo existían ellos dos.
Desde el otro lado del salón, Victoria los observaba con los puños cerrados.
—No pienso perder, Alessandra Ferrer... Haré todo lo posible para separarlos.
La verdadera batalla por el corazón de Adrián acababa de comenzar.
Editado: 08.07.2026