La mañana siguiente, Adrián no pudo dejar de pensar en el misterioso mensaje.
"Si quieres salvar tu matrimonio, investiga quién está ayudando a Victoria."
Guardó el teléfono antes de que Alessandra entrara al comedor.
—Buenos días.
—Buenos días.
Por primera vez desde que comenzaron su matrimonio por contrato, ninguno sabía cómo iniciar una conversación.
El ambiente era incómodo.
Horas más tarde, Alessandra llegó a la empresa Ferrer.
Mientras revisaba unos documentos, la recepcionista anunció:
—Señorita Ferrer, hay un caballero que insiste en verla.
Alessandra levantó la vista.
—¿Quién es?
La puerta se abrió lentamente.
—Hola, Alessandra.
Era Diego.
Traía un enorme ramo de flores blancas.
—Solo quería felicitarte por tu matrimonio... aunque sigo pensando que alguien como tú merece ser verdaderamente feliz.
Ella sonrió con amabilidad.
—Gracias, Diego.
Sin embargo, en ese mismo instante, Adrián entró al edificio para sorprenderla con una invitación a comer.
Lo primero que vio fue a Diego entregándole las flores.
Su expresión cambió de inmediato.
—Interrumpo algo... —preguntó Adrián con voz seria.
Alessandra sonrió.
—No, solo estábamos hablando.
Diego extendió la mano.
—Qué gusto volver a verlo.
Adrián la estrechó apenas unos segundos.
—Igualmente.
El silencio era evidente.
Diego se despidió y salió del edificio.
Antes de irse, volvió a mirar a Alessandra.
—Llámame cuando quieras.
Aquellas palabras hicieron que Adrián apretara la mandíbula.
De regreso a la mansión, el viaje fue completamente silencioso.
Finalmente, Alessandra habló.
—¿Qué te pasa?
—Nada.
—No es cierto.
Adrián respiró hondo.
—Ese Diego parece demasiado interesado en ti.
Ella lo miró con incredulidad.
—¿Otra vez con eso?
—Solo digo que...
—¿Qué?
—No me gusta cómo te mira.
Alessandra soltó una pequeña risa.
—Sigues diciendo que no estás celoso.
—Porque no lo estoy.
—Entonces deja de comportarte como un esposo de verdad.
Las palabras quedaron suspendidas en el aire.
Adrián no supo qué responder.
Desde el balcón del segundo piso, Sofía había escuchado toda la discusión.
Sonrió para sí misma.
—Mi hermano está completamente enamorado... solo que todavía no quiere aceptarlo.
Mientras tanto, en otro lugar de la ciudad, Victoria se reunía con un hombre cuyo rostro permanecía oculto.
—¿Todo está listo? —preguntó ella.
El desconocido dejó un sobre sobre la mesa.
—Aquí están las pruebas.
Victoria sonrió con satisfacción.
—Perfecto.
Abrió el sobre lentamente.
En su interior había una copia del contrato de matrimonio firmado por Adrián y Alessandra.
—Ahora sí... su mentira está a punto de terminar.
Continuará...
Editado: 08.07.2026