La oficina estaba completamente en silencio.
Victoria sostenía la copia del contrato con una sonrisa de triunfo.
—Al final, todo era una mentira...
El hombre que estaba frente a ella permaneció en las sombras.
—¿Qué piensas hacer?
Victoria guardó el sobre en su bolso.
—Todavía no. Si lo revelo ahora, será demasiado fácil. Primero quiero que ambos se enamoren... y luego destruirlos.
El hombre sonrió.
—Eres más cruel de lo que imaginaba.
—Gracias por el cumplido.
Mientras tanto, en la mansión Montenegro, Adrián recibió una llamada de Gabriel Ríos.
—Necesito verte de inmediato.
Una hora después, ambos se encontraban en el despacho del abogado.
—¿Qué ocurre?
Gabriel cerró la puerta con llave.
—Alguien entró anoche a mi oficina.
Adrián frunció el ceño.
—¿Robaron dinero?
—No.
—Entonces...
Gabriel respiró profundamente.
—Robaron una copia del contrato de matrimonio.
El rostro de Adrián perdió todo color.
—¿Estás seguro?
—Revisé todas las cámaras de seguridad, pero fueron desactivadas durante diez minutos.
—¿Quién pudo hacerlo?
—Todavía no lo sé.
Adrián comprendió que, si el contrato salía a la luz, perdería la empresa y Alessandra perdería la oportunidad de salvar la suya.
No podían permitirlo.
Esa noche, Adrián regresó más tarde de lo habitual.
Alessandra lo esperaba en la sala.
—¿Dónde estabas?
—Trabajando.
Ella notó que algo no estaba bien.
—¿Ocurrió algo?
Adrián dudó unos segundos.
Quería contarle la verdad.
Pero si lo hacía, solo conseguiría preocuparla.
—No... solo fue un día pesado.
Alessandra lo observó en silencio.
Sabía que estaba ocultando algo.
Al día siguiente, la familia Montenegro organizó un brunch en la mansión.
Todos conversaban alegremente cuando Esteban Montenegro tomó la palabra.
—Tengo una noticia importante.
El salón quedó en silencio.
—Dentro de dos semanas celebraremos el aniversario de la empresa Montenegro.
Todos aplaudieron.
Pero el abuelo continuó.
—Y como tradición, la pareja principal deberá renovar sus votos frente a toda la familia y la prensa.
Adrián y Alessandra se quedaron inmóviles.
—¿Renovar... votos? —preguntó Alessandra.
—Así es. Será una ceremonia pública.
Sofía sonrió emocionada.
—¡Qué romántico!
Pero Adrián y Alessandra sabían que aquella ceremonia sería una prueba mucho más difícil que cualquier otra.
Mientras todos celebraban, Victoria observaba la escena desde la distancia.
Sacó el sobre con la copia del contrato y susurró con una sonrisa:
—Disfruten estos días... porque esa renovación de votos será el escenario perfecto para revelar toda la verdad.
Continuará...
Editado: 08.07.2026