El anuncio de la renovación de votos dejó a Adrián y Alessandra completamente sorprendidos.
En cuanto terminó el brunch, ambos subieron al despacho de Adrián.
—Esto se está saliendo de control —dijo Alessandra, caminando de un lado a otro.
—Lo sé.
—Si alguien descubre el contrato durante la ceremonia, lo perderemos todo.
Adrián permanecía en silencio.
Por primera vez, el miedo no era perder la herencia.
Era perder a Alessandra.
Esa misma tarde, Sofía irrumpió en la habitación con varias bolsas de compras.
—¡Es hora de elegir sus atuendos para la renovación de votos!
Alessandra sonrió con nerviosismo.
—Todavía falta tiempo.
—¡Dos semanas pasan volando!
Sofía comenzó a mostrar vestidos y trajes con entusiasmo.
Mientras Alessandra observaba los vestidos, Adrián no podía apartar la vista de ella.
—¿Qué opinas de este? —preguntó Alessandra, sosteniendo un elegante vestido color marfil.
Adrián tardó unos segundos en responder.
—Creo que... te verías hermosa.
Ella sonrió con timidez.
—Gracias.
Sofía los miró en silencio y sonrió para sí.
Cada día actuaban menos.
Al caer la noche, Adrián salió al jardín para despejar su mente.
Encontró a Esteban Montenegro contemplando las rosas.
—Abuelo.
—¿Estás feliz, Adrián?
Él dudó.
—No lo sé.
—Cuando eras niño jurabas que jamás te casarías.
Adrián soltó una pequeña risa.
—Las personas cambian.
Esteban le dio una palmada en el hombro.
—Solo recuerda una cosa: el dinero nunca vale más que la persona que amas.
Aquellas palabras quedaron grabadas en su mente.
Mientras tanto, Victoria esperaba dentro de un elegante restaurante.
Frente a ella apareció el hombre misterioso.
—¿Ya tienes el contrato?
Victoria dejó el sobre sobre la mesa.
—Aquí está.
El hombre lo abrió y sonrió.
—Con esto podremos destruir a los Montenegro.
—No todavía.
—¿Qué esperas?
Victoria observó una fotografía de Adrián y Alessandra publicada en una revista.
—Quiero que Adrián sufra.
Quiero que, justo cuando sea feliz...
...descubra que todo se derrumba.
Esa noche, Alessandra no podía dormir.
Bajó a la cocina por un vaso de agua.
Al entrar, encontró a Adrián preparando café.
Los dos sonrieron con cierta incomodidad.
—¿Tampoco puedes dormir? —preguntó ella.
—Demasiadas cosas en la cabeza.
Se hizo un breve silencio.
Entonces Adrián habló con sinceridad.
—Pase lo que pase en las próximas semanas...
No voy a dejar que nadie te haga daño.
Alessandra levantó la mirada, sorprendida.
Aquellas palabras sonaban demasiado reales para formar parte de un contrato.
Sin darse cuenta, ambos estaban cruzando una línea de la que sería muy difícil regresar.
Continuará...
Editado: 08.07.2026