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Capítulo 15: Atrapados

El estruendo retumbó por todo el almacén.

El polvo llenó el aire y una enorme viga bloqueó la única salida.

Alessandra dio un paso hacia atrás.

—N-no puede ser...

Adrián tomó su mano con firmeza.

—Tranquila. Encontraremos otra salida.

Ella asintió, aunque el miedo era evidente en su rostro.

Mientras avanzaban entre los pasillos oscuros, el techo seguía desprendiéndose poco a poco.

Cada minuto era más peligroso.

En la mansión Montenegro, Sofía caminaba de un lado a otro con el teléfono en la mano.

—No contestan...

Gabriel Ríos llegó apresuradamente.

—¿Qué sucede?

—Adrián desapareció... y Alessandra fue a buscarlo. Ninguno responde.

Gabriel palideció.

—Llama a la policía. Ahora mismo.

Dentro del almacén, Adrián y Alessandra llegaron a una antigua oficina.

La puerta estaba entreabierta.

Al entrar, encontraron una escalera de emergencia.

—¡Por aquí! —dijo Adrián.

Subieron rápidamente.

Pero cuando estaban a punto de llegar al segundo piso...

¡CRACK!

Uno de los escalones cedió.

Alessandra perdió el equilibrio.

—¡Adrián!

Él logró sujetarla de la muñeca justo antes de que cayera al vacío.

—¡No te sueltes!

Ella, colgando sobre varios metros de altura, apenas podía contener las lágrimas.

—No puedo...

—¡Sí puedes!

Con un último esfuerzo, Adrián tiró de ella hasta ponerla nuevamente a salvo.

En cuanto recuperó el equilibrio, Alessandra lo abrazó con todas sus fuerzas.

—Pensé que iba a morir...

Adrián acarició suavemente su cabello.

—Mientras yo esté contigo, no dejaré que te pase nada.

El silencio los envolvió.

Alessandra levantó lentamente la mirada.

—Adrián...

—¿Sí?

—La fotografía...

Él comprendió de inmediato.

—Ya no amo a Victoria.

Ella guardó silencio.

—Terminamos hace años. Lo nuestro acabó mucho antes de conocerte.

Alessandra sintió cómo el peso sobre su pecho desaparecía poco a poco.

—Entonces... ¿por qué sigue haciéndonos esto?

—Porque no acepta que todo terminó.

En ese momento, un fuerte ruido volvió a sacudir el edificio.

Una pared comenzó a derrumbarse.

Entre el polvo apareció una pequeña puerta metálica que había permanecido oculta durante años.

Adrián la abrió.

Del otro lado había un antiguo túnel de mantenimiento.

—Esta puede ser nuestra salida.

Tomados de la mano, comenzaron a recorrer el estrecho pasillo.

Después de varios minutos, una luz apareció al final del túnel.

Cuando salieron al exterior, varias patrullas y ambulancias ya rodeaban el lugar.

—¡Están vivos! —gritó Sofía mientras corría hacia ellos.

Los abrazó entre lágrimas.

Gabriel respiró aliviado.

Pero la tranquilidad duró apenas unos segundos.

Un policía se acercó con expresión seria.

—Señor Montenegro...

—¿Qué ocurre?

—Encontramos esto entre los escombros.

Le entregó un teléfono móvil completamente dañado.

El aparato pertenecía al hombre misterioso que había escapado.

Aunque la pantalla estaba rota, aún podía verse la última llamada realizada.

Todos quedaron inmóviles al leer el nombre del contacto.

"Esteban Montenegro".

El abuelo de Adrián.

El hombre que había exigido aquel matrimonio por contrato.

Continuará...




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