Tres semanas después...
La tranquilidad había regresado a la mansión Montenegro.
Por primera vez en mucho tiempo, no había periodistas en la entrada ni llamadas constantes de los medios.
El caso contra Mauricio seguía su curso y Victoria había aceptado colaborar con las autoridades.
Alessandra caminaba por el jardín cuando Adrián se acercó con dos tazas de café.
—Pensé que te gustaría un descanso.
Ella sonrió.
—Gracias.
Se sentaron en una banca bajo un viejo árbol.
Durante unos minutos, disfrutaron del silencio.
—¿En qué piensas? —preguntó Adrián.
—En todo lo que hemos vivido.
Él soltó una pequeña risa.
—Quién diría que un contrato terminaría cambiando nuestras vidas.
Alessandra lo miró con ternura.
—Lo que más miedo me da es que todo esto termine.
Adrián tomó su mano.
—No va a terminar.
Ella levantó la vista.
—¿Por qué estás tan seguro?
Él sonrió.
—Porque ya no quiero un matrimonio por contrato... Quiero un matrimonio de verdad.
Los ojos de Alessandra se llenaron de lágrimas.
—¿Hablas en serio?
—Más en serio que nunca.
Esa noche, toda la familia cenó reunida.
Esteban levantó su copa.
—Hace unos meses pensé que este matrimonio era solo una obligación.
Miró a Adrián y Alessandra con una sonrisa.
—Hoy sé que fue el mejor error de mi vida.
Todos brindaron entre risas.
Sofía no pudo evitar bromear.
—Entonces... ¿cuándo tendremos una boda de verdad?
Alessandra se sonrojó.
—¡Sofía!
Todos comenzaron a reír.
Al terminar la cena, Adrián invitó a Alessandra a salir al jardín.
Las luces iluminaban el camino hasta el pequeño lago de la mansión.
De pronto, él se detuvo.
—Hay algo que quiero hacer bien esta vez.
Metió una mano en el bolsillo de su saco y sacó una pequeña caja de terciopelo azul.
Alessandra abrió los ojos con sorpresa.
Adrián se arrodilló frente a ella.
—La primera vez te pedí que fueras mi esposa por un contrato...
Cerró la caja unos segundos antes de volver a abrirla.
Dentro había un hermoso anillo.
—Esta vez te lo pregunto porque te amo.
Respiró profundamente.
—Alessandra Ferrer... ¿quieres casarte conmigo de verdad?
Las lágrimas comenzaron a correr por las mejillas de Alessandra.
Sin dejar de sonreír, respondió:
—Sí... Sí quiero.
Adrián colocó el anillo en su dedo y ambos se abrazaron con fuerza.
Desde la terraza, Sofía, Esteban y Gabriel, que habían observado todo en silencio, comenzaron a aplaudir.
La historia que había comenzado con una mentira estaba a punto de convertirse en el capítulo más feliz de sus vidas.
Continuará...
Editado: 08.07.2026