Un mes después...
La noticia del compromiso de Adrián y Alessandra llenó las revistas y los programas de televisión.
Pero esta vez no había rumores ni contratos.
Solo una historia de amor que había conquistado a todos.
La boda sería íntima, rodeada únicamente de sus familiares y amigos más cercanos.
Los preparativos
La mansión Montenegro estaba llena de flores, decoraciones y cajas con invitaciones.
Sofía caminaba de un lado a otro, emocionada.
—¡Todo tiene que salir perfecto!
Alessandra soltó una risa.
—Creo que estás más nerviosa que yo.
—¡Claro! Es la primera boda de mi hermano.
En ese momento llegó Gabriel.
—Tengo un regalo para ustedes.
Les entregó una carpeta.
Adrián la abrió.
Era el contrato de matrimonio.
El mismo que había cambiado sus vidas.
Gabriel sonrió.
—Legalmente ya no tiene ningún valor.
Adrián miró a Alessandra.
—¿Qué hacemos con él?
Ella tomó el documento entre sus manos.
—Creo que merece un buen final.
Salieron al jardín.
Encendieron una pequeña fogata.
Juntos dejaron caer el contrato entre las llamas.
Poco a poco, el papel se convirtió en cenizas.
Adrián sonrió.
—Ahora sí... todo quedó en el pasado.
El gran día
El jardín de la mansión había sido transformado en un hermoso escenario lleno de rosas blancas y luces.
Los invitados comenzaron a ocupar sus lugares.
Adrián esperaba frente al altar con evidente nerviosismo.
Daniel se acercó sonriendo.
—Nunca pensé que te vería tan nervioso.
—Yo tampoco.
La música comenzó a sonar.
Todos se pusieron de pie.
Alessandra apareció al final del camino con un elegante vestido blanco.
Tomada del brazo de su hermano Leonardo, caminó lentamente hacia el altar.
Cuando Adrián la vio, sintió que el tiempo se detenía.
—Está preciosa... —susurró.
Alessandra llegó frente a él.
Ambos sonrieron.
Los votos
El juez les pidió que dijeran unas palabras.
Adrián comenzó.
—La primera vez que aceptaste casarte conmigo fue por necesidad.
Hizo una pausa.
—Hoy me doy cuenta de que el mayor regalo de mi vida fue conocerte.
Alessandra no pudo contener las lágrimas.
—Yo creía que el amor no podía surgir de una mentira... Pero tú me enseñaste que las decisiones del corazón siempre encuentran el camino correcto.
El juez sonrió.
—Entonces... ¿Aceptan convertirse en esposos por voluntad propia?
—Sí, acepto —respondieron al mismo tiempo.
—Los declaro oficialmente marido y mujer. Puede besar a la novia.
Adrián tomó con delicadeza el rostro de Alessandra.
Esta vez no había cámaras, contratos ni obligaciones.
Solo amor.
Se besaron mientras todos los invitados estallaban en aplausos.
Sofía lloraba de felicidad.
Esteban sonreía orgulloso.
Gabriel aplaudía satisfecho.
La historia que comenzó con un contrato terminaba con una promesa sincera.
Y, por primera vez, Adrián y Alessandra supieron que su "para siempre" acababa de empezar.
Fin
Editado: 08.07.2026