Nos vemos en 30 lunas

Capítulo 4

Gayl Kayser

Me observo en el espejo, ajustándome una vez más el terno. No es que no me guste cómo me queda, al contrario, me veo bien. Pero el nerviosismo me recorre como una corriente, haciéndome sentir fuera de lugar, como si este paso aún no lo entendiera del todo.

No es que no quiera casarme. Estoy emocionado. Lo que me inquieta es esa sensación de que algo profundo está por cambiar. Quizá sea el compromiso, la responsabilidad… o simplemente el vértigo que provocan los momentos que marcan un antes y un después.

Esta noche es especial: la gran cena que Denayt y yo planeamos para reunir a nuestras familias. En tres meses estaremos casados. Solo pensarlo me hace sonreír, pero también tragar saliva. La realidad pesa distinto cuando está tan cerca.

Un sonido suave me saca de mis pensamientos. Mi madre entra en la habitación, con la corbata entre las manos y una expresión serena. Siempre se ha fijado en los detalles, y aun ahora, sigue velando por mí como si no fuera a dar un paso tan grande.

—¿Todo bien? —pregunta, acercándose con naturalidad para colocarme la corbata.

Asiento con una sonrisa algo tensa, intentando relajarme.

—Solo nervioso… Es raro. Me siento feliz, pero al mismo tiempo, hay algo dentro de mí que no deja de agitarse.

Ella no necesita palabras para entenderlo. Lo ha hecho toda la vida. Conoce mis silencios tanto como mis gestos.

—Es natural —responde con dulzura, mientras ajusta el nudo—. Los grandes pasos siempre traen nervios. Pero si algo me da tranquilidad es saber que lo haces por amor, porque amas a Denayt, y ella te ama a ti. Eso es lo que verdaderamente importa.

Sus palabras me envuelven como una manta cálida. La emoción, los temores… todo se coloca en su lugar.

—Lo sé. A veces siento que no estoy a la altura, o que algo se me escapa. Pero creo que esos temores también son parte del proceso, ¿no?

Mi madre sonríe sin necesidad de decir más. Me mira como solo una madre sabe mirar: con fe, con certeza.

—Exactamente. Lo importante es tener claro lo que deseas. Todo lo demás se acomoda con el tiempo. Ahora ve y disfruta. En tres meses estaremos celebrando tu boda, y este momento será solo un hermoso recuerdo.

Me abraza con una ternura silenciosa antes de acompañarme a la puerta. Agradezco su presencia sin palabras, sabiendo que me acaba de devolver la calma que tanto necesitaba.

Al llegar a la casa de la familia de Denayt, el ambiente vibra con energía. Voces, risas, aromas conocidos… Todo me resulta acogedor. Su familia siempre ha sido cálida conmigo. Me siento parte de algo mayor, como si una nueva raíz hubiera comenzado a crecer en otro suelo.

Mi primo Ethan aparece al fondo, saludándome con una sonrisa pícaramente cómplice. Me hace señas para acercarme y, apenas llego a su lado, me recibe con una palmada en la espalda.

—Relájate —comenta con tono liviano—. Este es tu futuro, y ya está aquí.

No se necesita más. Esa frase se me queda clavada en el pecho. Tiene razón. Este es solo el inicio.
Mientras converso con él, una figura conocida se acerca. La tía Kate, siempre elegante, con una copa en mano y su andar seguro. Hay brillo en su mirada, ese tipo de brillo que solo tienen quienes nos han visto crecer.

—Mi querido Gayl —saluda con calidez, posando una mano sobre mi hombro—. ¿Cómo estás llevando todo esto?

Asiento levemente, pero ella no necesita más para percibir lo que hay debajo.

—Tranquilo —añade—. Los inicios siempre traen inquietud, pero cuando hay amor, el resto se acomoda. Tú y Denayt tienen algo especial. Se nota. Están hechos para caminar juntos.

Su abrazo me reconforta más de lo que esperaba. La sabiduría que emana de su experiencia matrimonial me envuelve. Con ella, todo siempre parece más simple.

Un tintineo de copas me obliga a mirar hacia el frente. Mi padre se ha puesto de pie, copa en alto. Su rostro serio no oculta el orgullo que se le escapa por los ojos.

—Por el futuro de Gayl y Denayt. Por su amor, y por todo lo que está por venir.

Las copas se alzan, los aplausos estallan. Y mientras los sonidos llenan la habitación, mi atención busca una sola figura.

Denayt.

Ahí está. Su cabello cobrizo brilla con la luz de la lámpara que cae sobre ella como un foco natural. Los mechones enmarcan su rostro con una delicadeza imposible de imitar. Aunque su familia la rodea, sus ojos buscan los míos.

Cuando nuestras miradas se cruzan, todo se detiene por segunda vez.

—Por nosotros —murmuro, alzando mi copa en su dirección.

Ella asiente, suave, sin palabras. Su sonrisa basta. Me ancla. Me confirma. Todo estará bien.

La noche sigue con risas, abrazos y promesas implícitas. Y aunque el nudo en mi estómago no desaparece del todo, hay algo más fuerte que el miedo: la certeza de que estoy rodeado por quienes me aman. Que estoy eligiendo esto con el corazón en la mano.
Estoy listo. Listo para amarla. Listo para comenzar.




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