Nosotros

CAP.4

El amanecer llegó sin respuestas. Ni siquiera con un leve consuelo.
Solo trajo consigo ojos cansados y un frío que parecía penetrar los huesos.

Me encontraba de pie en el balcón de la habitación de Laia, perdido entre mis propios pensamientos y en el azul del cielo, que poco a poco se hacía más claro, más deslumbrante, como si el caos de la noche no hubiera sido nada importante para él. Lo que debía haber sido celebración y risas terminó convertido en una noche que dejó espacio suficiente para que la angustia y el dolor lo ocuparan todo.

Detrás de mí escuché un movimiento leve, casi imperceptible. No me giré de inmediato. No hizo falta. Sabía que era Laia despertando.

Antes de que pudiera voltear ya se había acercado Laia reposando sus brazos sobre la baranda.

- Sigues aquí, ¿No dormiste? – Dijo con una voz que parecía ronca de la noche anterior por todos los gritos llamando a su madre por cada calle.

- No podía dormir – Respondí sin mirarla.

- Lo sé, solo estuve acostada pensando, casi como soñando sin dormir ni descansar.

- Estuve pensando y no entiendo tu madre que puede tener para que la quieran si fuera un secuestro, aunque es algo casi confirmado, tu madre no podía desaparecer en un día tan especial. – Mencioné tratando de buscar respuesta a las tantas preguntas de mi mente.

El aire se volvió más denso, otra vez empezaba a doler la ausencia de Vivian.

- Solo sé que quiero que vuelva. – Me respondió con notable dolor en sus palabras.

No fui capaz de responderle un consuelo a su dolor, pero por algún motivo mi mente no dejaba de dar vueltas y sentirme como sospechoso de todo al no decir nada y tampoco poder hacerlo.

Solo la mire a los ojos, manteniendo la mirada por un rato que ya parecía exceso, aunque solo fueran cinco eternos segundos.

- Chicos, ¿ya llego mamá? – Entro Maddy cambiando la atmosfera a una más liviana, despertó con los ojos hinchados y cansados de la noche anterior.

Laia respondió antes de que yo lo hiciera, dirigiéndose hacia ella con suave abrazo.

- No, aún no ha regresado —respondió Laia, abrazándola, sabiendo que ella lo necesitaba; en realidad, las dos lo necesitaban.

Maddy no dijo nada más. Solo apoyó el rostro en el hombro de Laia, como si su esperanza se hiciera cada vez más pequeña. Luego me observó, esperando que dijera algo distinto, algo que contradijera a su hermana, que le ofreciera la respuesta que anhelaba escuchar. Pero solo habrían sido mentiras.

- ¿Tú qué crees, Alex? —preguntó Maddy, buscando una respuesta… o un consuelo.

Me sentí acorralado. Aunque no era una pregunta directa, cada segundo me empujaba más a decirlo. Aunque fuera solo una sospecha. Aunque fuera mi culpa jugando en mi contra. Aunque eso arrastrara mi secreto hasta el borde del precipicio.

Tardé tanto en responder que en sus rostros comenzó a asomarse la extrañeza.

-Yo creo que… pueden ser los Viremont.

Maddy y Laia me miraron con una emoción que no supe descifrar. Tal vez curiosidad. Tal vez una inquietante sensación de concordancia. Laia, en cambio, no esperaba que lo dijera; se le notó de inmediato en el cambio brusco de su expresión.

- ¿Los Viremont? —repitió Laia despacio—. ¿Por qué ellos?

Su tono no era acusatorio. Era cuidadoso. Demasiado.

Sentí cómo el aire se tensaba a mi alrededor. Maddy dejó de aferrarse a su hermana y dio un pequeño paso hacia mí, con el ceño ligeramente fruncido.

- Sé que odian a mi familia sin razón, que son estúpidos riquillos con poder, pero no lo había pensado y tienes razón-

Desvié la mirada hacia el balcón. Hacia la calle todavía silenciosa. Elegí mis palabras con una precisión que me resultó agotadora.

- No es algo seguro —dije—. Solo… encajan con demasiadas cosas.

- ¿Con qué cosas? —insistió Maddy.

Guardé silencio unos segundos. Los suficientes para que entendiera que no iba a decirlo todo.

- Con el momento —respondí—. Con la forma. Con lo rápido que pasó todo.

Maddy negó con la cabeza.

- Pero mi mamá no tiene nada que ver con esa gente —dijo—. Nada. Sé que nos siguen haciendo la vida imposible, pero porque con mi mamá.

- Lo sé —respondí de inmediato—. Precisamente por eso.

Laia apretó los labios. Cruzó los brazos, no como defensa, sino como si necesitara sostenerse.

- Alex —dijo—, si sabes algo más…

No terminé de dejarla hablar.

- No sé nada más —la interrumpí—. Y si lo supiera, no lo diría a la ligera.

Mis palabras quedaron suspendidas entre nosotros. Demasiado firmes. Demasiado definitivas.

Maddy bajó la mirada.

- Entonces… —murmuró— ¿qué hacemos?

Esa pregunta no era para ellas.
Era para mí.

- Ya dije que no es nada seguro, pero y si la tienen, podría ser.

- Pero que impotencia no poder hacer nada contra esos malditos – Dijo Maddy cargada de más fuerza de odio en sus palabras.

Nadie dijo nada más, pero sabía perfectamente lo que tenía que hacer…




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.