Notas de un amor olvidado

Capítulo 12 - La Mariposa en el Escenario

Aiden Blackwood

El aire en el pueblo era fresco, la tarde caía lentamente y el sol comenzaba a esconderse detrás de las montañas. Theo y yo caminábamos por las calles empedradas, cada uno perdido en sus pensamientos, pero algo en mi interior me decía que hoy algo importante iba a suceder. No sabía qué, pero mi intuición me decía que algo estaba por encajar en el rompecabezas que aún no lograba entender.

—Aiden, ¿qué piensas? —preguntó Theo, sacándome de mi ensueño.

—No lo sé, Theo. Algo no está bien. —respondí, mirando a las personas pasar mientras caminábamos. —Pero sé que esto tiene que ver con ella. Con la chica de mis sueños. Sé que debo encontrarla.

De repente, algo captó mi atención. Un gran anuncio digital parpadeaba frente a una tienda cercana, con luces brillantes y un video que mostraba una escena de ballet. Mis ojos se agrandaron y mi corazón dio un vuelco.

—Theo, mira. Es ella. Es ella, mi Mariposa. —dije, señalando el anuncio.

Theo se detuvo en seco, mirando el video. Era una mujer, moviéndose con la gracia de un ángel, su cuerpo fluía como si estuviera flotando en el aire. La imagen era de alguien familiar, pero el rostro no era claro, parecía distorsionado. Sin embargo, la elegancia con la que danzaba y la conexión que sentía me hizo reconocerla inmediatamente.

—No puede ser… —dijo Theo, mirando fijamente la pantalla. —Aiden, esa es Odette Laurent. Mi hermana es fan de ella. Siempre habla de sus presentaciones.

La información me dejó en shock. Mi corazón latía con fuerza, como si todo en mi vida hubiera llevado hasta este momento. ¡Ella estaba viva! Mi Mariposa no solo existía, sino que estaba en el mismo pueblo. Mi mente comenzaba a girar a mil por hora.

—¡Tenemos que ir! —exclamé, sin pensarlo. —Tenemos que ir al teatro ahora mismo.

Theo, aunque aún procesando lo que estaba pasando, me miró con una sonrisa de incredulidad.

—¿En serio vas a ir? No tienes idea de qué hacer o decir.

—Lo sé, pero tengo que intentarlo. Tengo que verla.

Sin pensarlo, comenzamos a caminar rápidamente hacia el teatro. Las luces del lugar ya brillaban en el horizonte, y el bullicio de la gente que se agolpaba alrededor del lugar nos rodeaba. Había algo en el aire, una energía palpable que me hacía sentir que estaba cerca de algo importante. Mi corazón latía en sincronía con el ritmo frenético de mis pensamientos.

Cuando llegamos, la multitud ya se había formado frente al teatro. La entrada estaba llena de personas que se apresuraban a entrar, emocionadas por ver la presentación. Pero fue cuando miré más de cerca que vi algo que me heló la sangre. Cerca de los camerinos, había un grupo de personas hablando en voz baja, visiblemente alteradas.

—Theo, mira. El manager está allí. —le susurré, señalando a un hombre que caminaba de un lado a otro, claramente estresado.

Theo asintió y me miró.

—Aiden, esto es tu oportunidad. Tienes que hablar con él, decirle que eres un violinista.

—Pero… —respondí, dudando. —¿Y si no lo aceptan? ¿Y si no soy lo suficientemente bueno?

—No te preocupes. Vamos.

Nos acercamos sigilosamente, escabulléndonos entre la multitud hasta quedar cerca de donde el manager estaba. Theo no perdió tiempo. Se acercó al hombre, mientras yo me quedaba atrás, tratando de calmar los nervios que me invadían.

—Disculpa, señor. —dijo Theo, con un tono amigable pero firme. —Este es Aiden Blackwood, un violinista muy talentoso. Tal vez pueda ayudar con la presentación.

El manager, que parecía estar al borde de un ataque de nervios, nos miró con desconfianza.

—¿Un violinista? No tenemos tiempo para esto. El músico que iba a tocar no aparece. El espectáculo se retrasa y todo está fuera de control.

—Yo podría tocar. —dije, acercándome tímidamente. —Sé cómo funciona esto. He tocado en muchos escenarios. Puedo hacer que esto funcione.

El manager nos miró fijamente durante unos segundos, como si estuviera evaluando si podía confiar en mis palabras. Finalmente, soltó un suspiro resignado.

—¡De acuerdo! Suban al escenario ahora! Pero no me decepcionen.

—Gracias. —dije, casi sin aliento.

Nos dirigimos rápidamente hacia el escenario. Al subir, mi corazón latía con tanta fuerza que sentí que podría caer desmayado en cualquier momento. El ambiente era eléctrico, lleno de emoción, y el escenario brillaba con las luces del teatro. Me encontré frente al violín, las cuerdas brillando bajo la luz, esperando que algo en mi interior despertara.

De repente, recordé. Un flash de imágenes se apoderó de mi mente: la figura de ella, mi Mariposa, subiendo al escenario. Su cuerpo danzaba con gracia, y en ese instante, sin saber por qué, mis manos comenzaron a moverse.

Comencé a tocar, una melodía que parecía nacer de mi alma, algo familiar. Era una pieza que había compuesto para ella en otra vida. No sabía cómo la conocía, pero era como si el violín hablara por mí, como si estuviera tocando algo que ya sabía, algo que había sido mío.

Odette, desde el costado del escenario, se quedó en silencio por un momento. No entendía por qué, pero su cuerpo comenzó a moverse al ritmo de la música. Sin pensarlo, sus pies comenzaron a bailar, guiados por la melodía, como si una fuerza invisible la estuviera llevando.




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