Notas del amor

Notas del amor

Prólogo

El amor es raro. No avisa, no pide permiso, no entiende de lógica.

Para algunos llega con un golpe en la puerta. Para otros, se cuela como el humo, lento, hasta que los ojos lloran sin saber por qué.

Pero para Rebeca y Daniella, el amor llegó con un sonido.

No fue una declaración. Fue una nota sostenida en el aire. Fue una guitarra que sonaba desde la habitación de al lado. Fue una voz grave que se atrevió a cantar junto a una voz aguda, y darse cuenta de que juntas sonaban como si siempre hubieran debido estar así.

Una tenía la risa que todos recuerdan. La otra, la mirada que todos quieren descifrar.

Y ninguna de las dos sabía que, en realidad, se estaban buscando desde antes de conocerse.

Esta no es una historia de finales felices. Es una historia de dos chicas que descubrieron el amor en los silencios entre canción y canción, y a las que el mundo les arrancó ese amor antes de tiempo.

Y en el camino, tuvieron a alguien que las observaba desde el piano. Alguien que sabía de soledades. Alguien que, aunque fingía felicidad como quien finge un acorde que no sale bien, les enseñó sin querer lo que significaba dejar de fingir.

Pero esa es su historia. No esta.

Esta es la historia de Rebeca y Daniella.

Esta es la historia de cómo dos notas, por separado, ya son bonitas. Pero juntas… juntas eran perfectas.

Y de cómo las separaron.

Capítulo 1: El patio trasero

Todo empezó un martes cualquiera.

No un martes especial. No un martes con lluvia o con sol radiante. Un martes gris, de esos en los que nadie espera nada. El recreo había terminado hace diez minutos y los pasillos del colegio aún olían a pan de la cafetería. Olían a café barato y a bollos industriales. Olían a la rutina de siempre.

Rebeca había salido al patio trasero, ese que nadie usaba porque daba directamente a la pared del gimnasio y no había ni un solo árbol que diera sombra. Allí nadie iba. Por eso a ella le gustaba.

Pero no porque quisiera esconderse.

Rebeca no se escondía de nada. Rebeca brillaba.

Tenía el pelo lacio y negro que le llegaba hasta la cintura, unos ojos verdes que parecían brillar con luz propia, y una sonrisa enorme que iluminaba cualquier habitación en la que entrara. Su cuerpo era esbelto, atlético, fruto de años de correr y bailar sin vergüenza. Vestía con colores vivos, chamarras de mezclilla llenas de parches de bandas de rock, y siempre llevaba puesta alguna pulsera de esas que hacía ella misma con hilo y cuentas.

Rebeca era de esas personas que entran a un lugar y todos la miran. No porque su cuerpo fuera escandaloso —no lo era—, sino porque su energía era imposible de ignorar. Hablaba fuerte, reía más fuerte, y cuando sonreía, esa sonrisa radiante hacía que hasta el día más gris pareciera soleado.

Se sentó en el suelo, apoyó la espalda contra la pared fría y sacó su celular. La pared estaba desconchada. Pequeñas grietas recorrían el cemento como venas. Rebeca las conocía todas, pero no porque las hubiera miado muchas veces, sino porque le gustaba imaginarse historias sobre cómo se habían formado.

Puso sus audífonos. Sonó el riff de apertura de Back in Black.

Cerró los ojos y comenzó a cantar en voz baja, moviendo la cabeza al ritmo.

La música era lo único que la hacía sentir que el mundo tenía sentido. Las guitarras eléctricas vibrándole en los oídos. La batería retumbando en su pecho. La voz rasgada de Brian Johnson gritando como si la vida dependiera de ello.

Rebeca no necesitaba esconderse. Rebeca necesitaba que el mundo escuchara lo mismo que ella escuchaba.

Y entonces sintió una sombra.

No supo cómo. Pero algo cambió en la luz. Algo tapó el sol gris que se filtraba entre las nubes.

Abrió los ojos.

Una chica estaba frente a ella.

No era alta. Tenía el pelo castaño claro, casi rubio, con ondas suaves que le caían sobre los hombros. Sus ojos eran marrones, grandes, y en ese momento miraban el suelo como si les diera vergüenza existir. Llevaba una sudadera gris enorme, de esas que parecen tres tallas más grandes de lo necesario, y sus manos estaban metidas en los bolsillos delanteros, apretadas contra su estómago.

Su cuerpo era voluptuoso. Curvas que no había pedido. Senos que le habían crecido demasiado pronto. Caderas que se movían cuando caminaba aunque ella intentara caminar recta para que no se notaran. Un cuerpo que los hombres miraban con lujuria y las mujeres envidiaban con rencor, y que ella solo quería esconder. Enterrar. Hacerlo desaparecer.

Daniella.

Rebeca la conocía de vista. Era difícil no ver a esa chica, aunque ella hiciera todo lo posible por no ser vista. Su figura destacaba entre todas. Pero nunca habían hablado. Y Rebeca, por alguna razón, siempre había sentido curiosidad por ella. Por su silencio. Por su forma de caminar pegada a la pared. Por cómo se escondía detrás de su pelo como si pudiera desaparecer si se lo proponía lo suficiente.

—Hola —dijo Rebeca, quitándose un audífono con una sonrisa enorme.

Daniella dio un pequeño salto, como si no esperara que le hablaran.

—Yo… yo también escucho rock —dijo, y su voz salió más grave de lo que quería. Más seria. Casi un poco ronca. Era una voz bonita, pero temblorosa.

Rebeca arqueó una ceja. Su sonrisa se hizo aún más grande.

—¿En serio? —preguntó, incorporándose un poco—. ¿Qué bandas?

Daniella parpadeó. No esperaba que le preguntaran. Esperaba que la ignoraran. O que se burlaran. O que le dijeran algo como "y a mí qué". Esperaba lo de siempre. Lo de toda su vida. El rechazo. La indiferencia.

Pero Rebeca la miraba con curiosidad genuina. Con esa luz en los ojos que parecía decir "cuéntame más". Sin juicio. Sin burla.

—Rock… rock clásico —tartamudeó Daniella—. AC/DC, Led Zeppelin, Queen… también me gusta el rock más moderno. Paramore. The Warning…

—¿The Warning? —Rebeca se enderezó de golpe, los ojos brillando como si hubiera encontrado un tesoro—. ¡Las descubrí el mes pasado! La baterista es una bestia. Tiene una fuerza en los brazos que parece imposible. Y la guitarrista canta mientras toca riffs complejos. ¡Es increíble!



#3249 en Novela romántica

En el texto hay: colegial, amor lgbt

Editado: 07.04.2026

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