Nova Era

[̴02~

Siempre había sido un tipo de pocas palabras. O al menos no con las necesarias que alguien usara en el día a día. Mamá me había tenido que llevar con una psicopedagoga cuando era pequeño, y en lo que mi gemelo hablaba hasta por los codos sobre sus sueños y los libros que leía, yo no. Yo asentía o negaba, lo único que calmaba a las maestras, porque significaba que entendía. Pero no formulaba ni emitía ningún sonido de más que no me demandaran y me hicieran enojar. El único sentimiento que me había logrado abrir más la boca de lo que estaba acostumbrado.

Creciendo, quien estuvo del otro lado de esas palabras en general fue Jack Parker, o como dice mi certificado de nacimiento, mi padre. Ese título ya no iba con ese hombre y dudaba que alguna vez lo hubiese cargado con decencia. Entre que éramos dos polos opuestos, él demandaba una perfección que me ahogaba en expectativas a las cuales no llegaba, y mi yo adolescente estaba atravesando esa etapa rebelde en mí; peor fue cuando me enteré de lo que había descubierto. Y de lo que estaba dispuesto a sacrificar por algo que no valía la pena. Mi boca y yo fuimos aún más calladas cuando terminamos en la correccional, o bueno, eso había esperado él. No la cerré. Incluso si significaba castigos que sabían que venían de su lado y con su orden.

Mi silencio y habla desde ese momento lo había asociado a mis emociones; en general, si eran positivas, no tenía porqué hablar. Porque cuando hablaba, era porque estaba enojado, porque podía arruinar el momento. Con Jack Parker, hablar significaba expresarse, y en lo poco que la gente me comprendía y mi pobre entendimiento de mis propias emociones, yo no sabía hacerlo. Y no tenía por qué, porque en ese momento, no quería comprenderlas. No quería expresarme, no quería que me escucharan tampoco.

Porque escucharme no valía la pena. Eso era lo que realmente sentía.

Por años había creído que usar la voz era para dar una pelea, porque no era bueno con lo que decía, porque mi honestidad era más bruta y sin filtro de lo que alguien estaba acostumbrado. Y con una mueca como la mía tampoco suavizaba nada de lo que decía. Profesores me regañaban, mi hermano bufaba, y mi alrededor alzaba una ceja, como preguntándose qué me pasaba. Ni yo lo sabía, claro estaba.

Dar órdenes no era lo mismo, era repetir. Como dar un examen oral, un dictado, un discurso. Es un músculo mental en repetición donde no se espera más que el otro obedezca, más desde el contexto donde estábamos. Sue me había presionado para que la acompañara a entrenar en su campamento, porque era el único que tenía un poco menos de nivel que ella, y que eso daba seguridad. Odié escucharme y recordar la voz de Jack como un eco que me recordaba en lo parecido que sonaba a él. Me convencí de que estaba haciendo un bien, a contrario de él, y que por más que ladrara órdenes y presionara para que alguien de más que su cien por ciento, era porque estaba dándoles seguridad en ellos. Para ellos.

Pero la primera vez que mi corazón había desbordado lo suficiente para que mi honestidad estallara de otra manera y se deslizara con una nueva emoción que me había sorprendido hasta a mí, fue cuando, del otro lado, alguien me había querido escuchar. Alguien me había incitado, insistido y empujado a que mis palabras no fueran solo con ira, no fueran con el propósito de llevar la contra. Alguien que tomó mis palabras y las apropió de una manera que terminó de apropiarme a mí.

A mí.

Desde entonces, hablar se había vuelto natural otra vez. Con mi hermano, con la gente que nos rodeaba, con civiles. Con Taylin. Había encontrado ese pequeño espacio en mi mente donde aceptaba ser escuchado sin la expectativa de mi nombre, sin ser juzgado, sin que alguien me cuestionara solo para llevarme la contra. No tenía rencor con el cual expresarme y tampoco deseaba tenerlo. Tenía otras emociones que expresar y manos que me acariciaban para darme el lugar, el tiempo y el cariño. La aceptación.

Pero ahora no tenía nada que decir. Nada más que expresar. O nada que no fuera a decir y que la respuesta sea un silencio o una palmada en la espalda. Así que era mejor no decir nada, volver a esos años que había creído perdidos y simplemente decir lo justo y necesario. Y, por el momento, funcionaba.

Con mamá no, claro estaba.

—¿Noah?

Dejé de mirar por la ventana del departamento de mamá y giré para verla parada al lado de la mesa del comedor. Había hecho café y unas tostadas. Hacía días que me rogaba para que desayune con ella y había decidido tomar coraje e ir esa mañana. Me había arrepentido un poco en el segundo que había entrado y sus ojos se suavizaron cuando me besó la mejilla al saludarme. Había gente que no hacía falta que hablara, sus palabras se reflejaban en sus facciones. Ella era una.

Me senté con ella y tomé unos cuantos sorbos de café, amargo y caliente. Mordí la tostada, masticando con cuidado, y ella se quedó quieta. Esperando. Analizando. No la miré mucho, podía oler sus siguientes palabras, La respuesta fue automática:

—Estoy bien, ma.

—No pregunté nada.

—Estabas por hacerlo.

—¿Y si mi pregunta era otra cosa?

Mordí de vuelta la tostada.

—Entonces te ahorré una de tus preguntas.

Suspiró, no frustrada, acostumbrada. Me había criado con mi silencio, adaptado a que me comunicara de otra manera con ella en lo que iba creciendo, y había veces en las cuales no tenía ni que intentar decir algo. Ella sabía. Me leía, me entendía, y era, por eso, la peor persona con la cual desayunar y sentir que sus irises analizaban cada facción mía en lugar de preguntar por cortesía. Poder de madre, supuse.

Aun así, tomó de su café tranquila, esperando a que terminara de comer. Me sirvió otra tostada y cortó una manzana apenas terminé el último mordisco. Claire o Tom seguramente le habrían dicho que también insistiera en mi apetito. No había perdido peso ni masa muscular, las sanadoras se habían hecho cargo de mantenerme sano y completo. Físicamente al menos. Pero no podía seguir dependiendo de manos sanadoras y en el último chequeo, habían mencionado que debía comer más. Y volver a entrenar más seguido si quería seguir en las misiones.



#2344 en Ciencia ficción
#4724 en Joven Adulto

En el texto hay: romance, revolucion, habilidades

Editado: 16.04.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.