Nova Era

[̴03~

Mamá nos acompañó cuando cremamos el cuerpo. No quisimos que quedara nada de él de ninguna manera.

Éramos solo nosotros tres. Ni Tom ni yo mencionamos cómo Jack había muerto, por más que tuviera más palabras en la boca de las que me gustaría, y dejamos que nuestras manos sean sostenidas por las de mamá. Lloró. Estoy seguro de que no fue por su ex marido, claro estaba; sino lo que significaba para ella. El cierre de una etapa que la había perseguido desde nuestro nacimiento y que no tendría que tolerarlo más. O por ahí, muy en el fondo, por el hombre en el que alguna vez se enamoró y vio deteriorarse en la escoria en la que se había convertido. No podía culparla.

Tom cargó el cuerpo cubierto sobre la leña que mamá y yo acomodamos. Y tras tomar cierta distancia, una chispa surgió de mi chasquido y encendió la leña, agrandándose y consumiendo el bulto donde yacía Jack Parker. Sentí la mano de ella en mi espalda, tratándome de dar apoyo o su cariño maternal. Tom se inclinó sobre ella para darle un beso en la cabeza y ella le sonrió en una mueca tensa. Sólo quedábamos nosotros tres en esta familia. No era como si no lo hubiese sido así desde hacía años.

La vuelta a la ciudad fue en el mismo silencio. Mamá se apoyó más en Tom, como si supiera que él lo necesitaba más en ese momento. No era una anomalía en sí, parecía haberle leído la mente, pero en realidad era sólo sentir su rol y actuar sobre él. Mamá era mamá, y no hacía falta abrir la boca para que ella supiera algo.

Yo le di su espacio... por ahora. La última imagen que había quedado de nuestro padre siendo eliminado desde este mundo por uno de sus propios hijos no es algo habitual, siquiera en un contexto como el nuestro. Siquiera si yo hubiese pensado por años que quien terminara con la vida de Jack Parker iba a ser yo. Pero nunca Tom, y eso me apretaba más el pecho de lo normal hasta que pudiera hablarlo con él a solas.

Enzo y Julia nos esperaban en el límite de la ciudad. Me había olvidado por un momento que él nos había acompañado en un principio, se había mantenido callado después del encuentro con Jack y su ausencia pasó desapercibida. La líder, en cambio, miró el intercambio entre mi hermano y mi mamá, los dejó pasar frente a ella, y se giró a mí.

—Tengo entendido que... cierta persona no volverá a ser una molestia para tu familia y nuestra seguridad —decidió por decir, manteniéndose lo suficientemente cordial como para que no le escupiera fuego. Asentí ante sus palabras y ella suspiró—. Muy bien. Era lo mejor que podía pasar para esta situación.

A veces me preguntaba como esta mujer era madre de Claire. Un cactus tiene más tacto que ella. Tuvo un poco más de consideración y continuó su camino por donde había venido, dejándonos a Enzo y a mí solos. Estaba pensando en seguir los pasos de Julia y alejarme lo más que podía del humo que había dejado atrás, de la imagen de mi hermano arrancando el último trazo de vida de nuestro padre, cuando el carraspeo de Enzo me hizo detenerme.

—¿Tienes un minuto?

—Demasiados, claramente, y ninguno pensaba dedicártelo —fruncí las cejas al girarme—. ¿Necesitas decir algo más? ¿Algún comentario insolente como los que has dicho en las últimas dos horas?

Enzo rodó sus ojos.

—No iban dirigidos a ti ni a tu hermano.

—Tu sentido de la ubicación es un poco erróneo para ser un animal que marca territorio —escupí. Su anomalía hirvió en su pecho, un bufido cercano a un gruñido surgiendo de él, y me crucé de brazos—. ¿Qué quieres?

Había algo que había aprendido en los años en Costa Norte y era que Enzo Rossi no era alguien que hablara mucho. En general. O directamente que no fuera un gruñido. Había aprendido a tolerarlo, de ser que podía llamarlo así a tener que compartir un ambiente más veces de las que me gustaría. Y peor cuando dicha persona le encantaba entrometerse en el camino de mi novia y sacarla de quicio. Para mantener la paz y su vida, o la mía, intacta, nuestras conversaciones nunca habían salido del tema del momento o de lo que incluyera la seguridad de Costa Norte. Hasta ese momento, había funcionado y planeaba mantenerlo así.

Enzo respiró hondo, miró a nuestros alrededores como si buscara algo, o a alguien, y bufó.

—¿Últimamente has estado usando el gimnasio para entrenar en las madrugadas? —quiso saber—. ¿O en las noches?

Su pregunta me llevó a meses atrás, las primeras semanas solo en Costa Norte, cuando la cama se sentía muy grande, muy fría, y el silencio dentro de las cuatro paredes me daba más pesadillas que cerrar los ojos y encontrarme con sueños llenos de la única persona que no iba a tener más en mi vida. En ese entonces, me había hundido en un tipo de distracción que fuera física, que me agotara, que me derribara lo suficiente como para dejarme tonto y tan exhausto como para casi desmayarme y directamente no soñar. Eso había sido en un principio, hasta que la rutina mutó y simplemente mi horario se adaptó a entrenar muy temprano para liberarme el día y llenarlo de otras misiones. Siempre teniendo en cuenta que abría y debía cerrar el lugar una vez que salía. Cuestiones de seguridad, según la líder y Enzo.

Pero un pequeño secreto que había mantenido lejos de él parecía estar asomándose.

—De vez en cuando. A veces logro dormir, otras veces necesito fatigarme —contesté—. ¿Por qué quieres saberlo?

—Hoy la entrada estaba destrabada, la llave fuera de lugar —inclinó su cabeza—. Tu cabecita funciona muy bien como para un error tan tonto.

Ay, niño. Mordí mi labio inferior con cierta gracia, suspirando.

—No ha sido mi mejor día, claramente.

Parker.

—Tendré más cuidado la próxima vez. Un error no es definitivo, ¿no? —me animé hasta palmear tus hombros—. Gracias por el aviso, perdón por las molestias.

No dejé que continuara hablando, ya tenía más que suficiente en mi plato del día. Rocé mi hombro con el suyo al seguir de largo y dirigirme de vuelta hacia la ciudad. Mi cabeza estaba tan ocupada con todo lo que había pasado que no había notado que estaba parado cerca del acantilado del otro lado de la ciudad. Las lagunas en mi cabeza ya no me preocupaban, ya hasta un punto estaba acostumbrado con todo lo que vivía atravesando mi cabeza y me distraía de mis actividades cotidianas. El espacio me permitió respirar, mirando el océano frente a mí, la brisa de la marea dándome un tipo de caricia que relajó solo un poco la tensión de mi rostro. Froté mis ojos y suspiré, cansado de absolutamente todo.



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En el texto hay: romance, revolucion, habilidades

Editado: 16.04.2026

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