La relación de Costa Norte con los Benignos había quedado... delicada. Al menos esa era la manera en la que Julia la había descripto cada vez que el tema se tocaba.
Antes de que la Ciudadela cayera, el trato que se había hecho entre la Supernova y ellos había sido roto. No porque ella no quisiera cumplir su palabra, de hecho, había estado por hacerlo y sacrificando su vida por su palabra. Sino porque una prioridad se metió en el medio y la arrastró fuera del campo de batalla. Aún así, la Supernova apareció, poseída y controlada, pero destruyendo todo a su paso al estallar. Así, en parte, cumplió con la promesa que su forma humana había dado. También sacrificando su vida.
Muchos lo llamaron honor a lo que ella había hecho. Yo ya no sabía como categorizarlo, el recuerdo de la luz estallando, Taylin con ella, y todo a su alrededor barriéndose por el impulso: me dolía. Yo había sido empujado por la ráfaga, chocando con Claire, y ninguno de los dos pudo volver a pararse. No por débiles, no por estar heridos. Dejamos de funcionar.
No recuerdo quién me levantó, cómo llegué al vehículo de vuelta. Solo recuerdo los gritos eufóricos, la locura de cierta gente a mi alrededor. Los abrazos, los tiros al aire, la promesa de un tipo de libertad que no terminaba de entender si era para bien o para mal. ¿Qué me importaba a mí? Yo había perdido todo en ese mismo instante frente a mis ojos.
A diferencia de mí, Erik había obtenido todo. Había terminando con el autoritarismo del régimen militar. Se había terminado de vengar de la gente que por tanto tiempo nos había cazado, que había permitido que una catástrofe como la supernova pasara y protegerse sólo ellos. Habían sido unos tiranos y desesperados por tener un tipo de poder que no se relacionara a una anomalía. Erik había aprendido a saborear esa victoria de una manera que lo hizo cavar y preparar su propio lugar en la cima de los restos de la Ciudadela.
Desde aquel día, la Ciudadela tuvo un nuevo líder. Un nuevo régimen, si es que podía darle una categoría de verdad. En ese poder, Erik se había tomado la libertad de liderarlo a su gusto. Es decir; hacer lo que le plazca con toda persona o anómalo que haya quedado adentro. O, cómo él los había llamado en el primer discurso; 'testigos con la misma y cobardía'. Era en lo único que había concordado en todo lo que había dicho, o al menos lo único que había retenido en mi mente ese primer mes vacío.
Tuvo la inteligencia suficiente de no incluir a la Supernova en ninguno de sus discursos. Eso hubiera significado un problema gigante para él. Yo hubiese sido ese problema.
Después de que Tom me despertó esa madrugada, con solo dos horas de sueño encima, bajamos en silencio del departamento. Claire se había quedado durmiendo. Tom por poco no se tropezaba con los últimos escalones al llegar al lobby y yo palmeé su espalda para terminar de despertarlo un poco más. Por suerte se había preparado un termo con café.
Tristemente, estaba muy acostumbrado de ver Costa Norte en las madrugadas y con los ojos pesados. Incluso si eran las dos y media de la madrugada, por primera vez en los últimos meses, yo tenía ganas de dormir. Incluso si me atormentaba una pesadilla o sueño, estaba dispuesto a disfrutar al menos de una hora de sueño. Peor era para Tom, que tenía la fortuna de dormir por encima de ocho horas sin problemas y estaba con un gesto más odiado que yo.
—Todo para ver a este imbécil —refunfuñó, dándole un trago a su termo en lo que arrastrábamos nuestros pies hacia el comedor—. ¿Cuál es tal apuro? ¿No podía esperar hasta por lo menos saliera el sol?
Resoplé.
—¿De verdad piensas que alguien como Erik iba a tener consideración?
—Para vivir dando órdenes a sus seguidores, hubiese pensado que era bastante cómodo con sus horarios.
Tom despreciaba al tipo. Con todo su ser. Si hubiese podido, Costa Norte hubiese tenido una escultura con Erik dentro para que pudiera pudrirse ahí sin hacer nada. No lo culpaba, yo tampoco le tenía ningún tipo de respeto, pero para mi hermano era nivelado al mismo nivel que lo que había sido el General Gedeón. En sus ojos, toda la presión que Taylin se había puesto en sí misma, todo lo que la había despreciado cuando la verdad había salido a la luz. Y todo lo que había hecho, todo lo que había sacrificado por ellos a cambio de mi vida, parecía no haber importado. Mi gemelo se tomó a pecho eso, habiendo sido uno de los únicos cómplices que Taylin había tenido, y desde entonces no lo dejó pasar. ¿Quién era yo para culparlo?
No es cómo si lo hubiésemos vuelto a ver personalmente. Sus reuniones eran solo por llamada con cámara y ya. Desconocía que reacción podría llegar a tener si tenía a Erik frente a mí después de todo. No sabia como podría reaccionar y eso era en parte una respuesta peligrosa, porque también suponía que él también lo sabía. Un pie en Costa Norte era un peligro asegurado.
Para cuando llegamos al gimnasio, listos para subir a la escalera hacia el centro, nos detuvimos en el medio. La ronda se había armado en el centro, Troy sosteniendo una cámara en dirección hacia los demás, todos con cara de sueño y desprecio, y una proyección en la pared blanca del centro. Al pararme cerca de los demás, Doc a mi lado palmeó mi espalda y hombro. Desde hacía rato no lo veía y fruncí un poco las cejas al ver sus sienes un poco más canosas. A su lado, Jacob, Luna, Anna y Cassia miraban la pantalla también. Julia y Enzo se paraban cerca de Troy para ser ellos quienes respondían a los que aparecían en la cámara del otro lado del canal y proyectados en la pared.
Reconocí a Dan primero. Estaba acomodando el ángulo de la cámara de cierta manera para que después apareciera Erik. Seguía con el mismo marche, su pelo un poco mejor cuidado y su ropa también. Lujos de conseguir los recursos de la Ciudadela y repartirlos únicamente con sus seguidores. Nosotros no lo necesitábamos, estábamos más que bien, pero era otro punto en contra para su liderazgo desde mi punto de vista. Una vez que nos vio a todos en la pantalla, su ojo moviéndose por cada uno de nosotros, sonrió en una mueca.